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Chaitanya Charana Dasa

La ciencia está demostrando claramente que la vida humana no se destina al disfrute material, sino que cuando se dedica a metas espirituales, logra una harmonía mayor.

Imagine que un granjero gana un Mercedes Benz de regalo. El único vehículo que ha conocido en su vida es el tractor, y la única función que conoce en los vehículos es arar. Entonces, engancha un arado en la parte trasera del Mercedes y comienza a manejar en sus tierras. Como es de esperar, no solo fracasa en su intento de arar, si no que el auto comienza a presentar varios problemas. Él se siente totalmente frustrado; consigo mismo, su auto y su granja.

«Qué ridículo», diríamos nosotros al ver a una persona usando un Mercedes para arar. No obstante, esa podría ser la historia de nuestra vida. Las Escrituras védicas –y las Escrituras de todas las grandes religiones del mundo– dicen que el objetivo de la vida humana es adquirir realizaciones espirituales, y no placeres materiales. Las Escrituras védicas explican más profundamente que el cuerpo humano es un vehículo precioso que obtiene el alma después de transmigrar por 8.4 millones de especies. En todos los cuerpos subhumanos, el alma solo tiene acceso a placeres materiales, para satisfacer las demandas del cuerpo como comer, dormir, aparearse y defenderse. Cuesta trabajo conseguir cualquier placer material. E incluso cuando se consigue no es satisfactorio, porque el cuerpo tiene una capacidad limitada para disfrutar. Ese placer insignificante se ve interrumpido por enfermedades, vejez y, finalmente, la muerte.

Solo en el cuerpo humano el alma está lo bastante evolucionada para tener acceso a una fuente de placer superior: amor por Dios. Las Escrituras védicas explican que el amor por Dios capacita al alma a alcanzar la felicidad eterna en el mundo espiritual, su residencia original. El alma debería usar el cuerpo humano específicamente para alcanzar tal amor por Dios.

Podemos comparar los cuerpos subhumanos, que ofrecen placeres corpóreos fugaces, con un tractor, que sirve para arar la tierra. Y podemos comparar el cuerpo humano, que puede ofrecer felicidad interminable al alma, con un Mercedes, que sirve para pasear con estilo. Usar el cuerpo humano para placeres sensoriales no es muy diferente que usar un auto deportivo para arar.

Como vemos a la mayor parte de la gente a nuestro alrededor con metas materiales –sexo, riqueza, lujo, prestigio, poder, fama– consideramos que esas metas son el motivo verdadero de la vida. Pero el hecho de que la mayoría vaya por un camino, no significa que estén en lo correcto.

Los hechos hablan por sí mismos

Si se usa un Mercedes para arar, se logran tres cosas: se desperdicia la tierra, el auto se rompe y el conductor se frustra. Del mismo modo, veamos qué ha descubierto la ciencia cuando se usa el cuerpo apenas para obtener placer sensual. O de forma más específica, ¿qué ocurre con el medio ambiente (el terreno), el cuerpo humano (el auto) y con nosotros mismos (el conductor)?

El medio ambiente: El biólogo E.O. Wilson, así como varios otros científicos, estudió la compleja interdependencia entre las diversas especies en la biosfera. Él afirma que cada especie contribuye de alguna forma para el ecosistema del planeta. Por ejemplo, si la vegetación disminuye, se afecta a los herbívoros, y entonces a los carnívoros. Sin embargo, descubrió que hay una especie que no contribuye al ecosistema: la especie humana. Si la especie humana se extinguiera, prácticamente no afectaría a ninguna otra especie o al ecosistema. De hecho, la extinción del hombre resolvería la mayor parte de los problemas ecológicos. La especie humana es –aunque esto se puede discutir– la más inteligente del planeta. Normalmente, cuanto más inteligente es un estudiante, mejor es su contribución. Entonces, ¿por qué la especie humana no contribuye de forma positiva, sino negativa? ¿Será que nuestra contribución debe ser en un nivel superior al físico?

El cuerpo humano: ¿Cómo afectan al cuerpo las actividades destinadas principalmente a disfrutar? Fumar provoca problemas respiratorios, beber provoca problemas al hígado, comer junk food y comida que no es vegetariana arruina el sistema digestivo, y el sexo ilícito –que es el placer carnal que se incentiva de manera más exagerada– provoca SIDA, una epidemia para la que no hay solución. Los medios de comunicación, la sociedad y la educación actuales nos adoctrinan para que creamos que el placer material es la meta de la vida. ¿No estamos terriblemente confundidos al utilizar el cuerpo humano en actividades para las que no se destina?

Nosotros mismos: ¿Y de qué manera nos afecta a nosotros mismos? Los científicos están muy lejos del conocimiento acerca del yo. Pero una cosa es cierta: cuando la sociedad moderna descuida o rechaza el desarrollo espiritual, el yo se enreda en más problemas. Nuestros crecientes problemas psicológicos lo demuestran.

La OMS, Organización Mundial de la Salud, declaró que las enfermedades psicológicas –estrés, depresión, vicios, problemas psicosomáticos– serán el mayor problema de salud del siglo actual. Y lo que es peor, las estadísticas de la revista Who, muestran que más de un millón de personas al año se suicidan, un número superior al de muertes anuales por crímenes y guerras combinados. Y ese solo es el número de suicidios que se reportan.

Las enfermedades psicológicas y los suicidios tienen muchas causas. Sin embargo, el origen más común para ambos es la frustración de no conseguir obtener una meta establecida, sea cual sea. Cuando esa frustración alcanza un nivel elevado de sufrimiento y ansiedad, la persona siente su existencia con gran agonía, y el suicidio parece ser la única solución. ¿Qué está pasando si nosotros, los humanos modernos, los más inteligentes entre todas las especies, somos la única especie cuyos miembros se suicidan en cantidades tan alarmantes? Who llama al suicidio de «un trágico problema de salud social», y afirma que no aún no hay ninguna cura. Tal vez las metas que la sociedad nos plantea no son compatibles con nosotros, e invocan la frustración que nos lleva a problemas psicológicos, siendo el suicidio el único fin.

¿Si no lo ves no lo crees?

¿Cómo se puede canalizar la energía humana para que la elevación espiritual afecte al ecosistema, la salud humana y el yo? Veamos lo que dice la ciencia.

Ecología: La mayor parte de los problemas ecológicos surgieron del materialismo y el consumismo que acompañan el declive de la espiritualidad y su auto-restricción inherente. Por consiguiente, la siguiente cita de Alan Durning, del instituto World Watch, representa lo que muchos científicos consideran como la única esperanza para salvar al medio ambiente: «En una biosfera frágil, el destino último de la humanidad depende de la posibilidad de que cultivemos un sentido profundo de auto-restricción, y se debería difundir ampliamente mediante una ética que limite el consumismo e incentive la búsqueda por el enriquecimiento no material». Todas las formas de enriquecimiento no material –oración, yoga, meditación, cantar los santos nombres– señalan claramente una dimensión espiritual de la vida. Y esta dimensión espiritual se explica de forma más completa en las Escrituras védicas. De hecho, el Vedanta-sutra comienza con una invocación clara y directa: athato brahma jijnasa. «Ahora, por consiguiente [ahora que tienes un cuerpo humano], dedícate a investigar temas espirituales» (Vedanta-sutra 1.1).

Salud humana: La epidemia actual de natalidad descontrolada muestra que los mandamientos de las Escrituras relacionados a la auto-restricción –sobriedad (no consumir drogas) y castidad (no practicar sexo ilícito), por ejemplo– ayudan a la salud pública. Herbert Benson, de la Escuela de Medicina Harvard, citando su extensa investigación sobre los beneficios físicos y mentales de la vida espiritual, afirma que el cuerpo y la mente humanos están «conectados a Dios». También en Reader’s Digest (enero de 2001), se publicó una investigación que afirma que las personas que creen en Dios viven como media 11 años más que los que no creen.

El yo: ¿Y en cuanto al yo? La ciencia ha hecho un descubrimiento valioso: la espiritualidad es ciertamente una ayuda para el yo. Numerosas investigaciones han demostrado que las prácticas espirituales hacen que las personas se alejen de hábitos y comportamientos destructivos. Patrick Glynn, de la Universidad George Washington, escribió en su libro Dios: La evidencia que las investigaciones muestran que aquellos que no frecuentan grupos de oración, son cuatro veces más propensos a cometer suicidio que aquellos que lo hacen.

Y no solo eso. Se descubrió que cuando una persona para de frecuentar esas reuniones, es el mejor indicador de que esta persona se suicidará, incluso más exacto que el desempleo. Estos descubrimientos indican que la espiritualidad brinda paz interior, libera a las personas del insaciable e incontrolable deseo de placeres externos que las conducen a vicios y, posteriormente, al suicidio. Estos hallazgos inspiraron a algunos pensadores modernos a concluir lo que los Vedas concluyen: que la espiritualidad no forma parte de nuestra vida, sino que es la esencia de nuestra vida. Stephen Covey, el famoso autor de la serie Siete hábitos, elucida: «No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales teniendo una experiencia humana».

¿Qué estamos esperando?

La ciencia está demostrando claramente que cuando se emplea la vida humana para disfrutar materialmente, esta se torna ecológica, física y espiritualmente discordante, desastrosa. La ciencia también está indicando con mucho énfasis que cuando nos esforzamos en buscar la felicidad espiritual, beneficiamos al planeta y nuestro cuerpo. Las Escrituras védicas nos ofrecen un equilibrado programa de regulación material y crecimiento espiritual para que alcancemos el potencial más alto de la vida humana. El Bhagavad-gita (6.17) afirma que cuando somos regulados en cuanto a comer, dormir, trabajar y divertirnos, y lo acompañamos con prácticas espirituales, se construye el camino para la liberación de todas las miserias materiales. La práctica espiritual más simple y poderosa para la era moderna actual es cantar el maha-mantra Hare Krishna. Cuanto lo cantemos, podemos alcanzar un estado de felicidad que nos satisfará plenamente, y no nos perturbaremos con las situaciones materiales, ni siquiera con las más caóticas (Bhagavad-gita 6.22).

Es hora de parar de usar el Mercedes para arar. Es hora de colocar nuestro vehículo humano en marcha y cantar Hare Krishna. Y así podremos acelerar el camino del servicio devocional, de regreso a nuestra morada que hemos olvidado, junto a Krishna: de vuelta al hogar, de vuelta al Supremo.

 

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