Vrindavana Dasa Thakura
(extracto de la obra Chaitanya-bhagavata, Madhya 6)

Vrindavana Dasa Thakura, uno de los más importantes biógrafos de Chaitanya Mahaprabhu, describe el encuentro entre el avatara más actual del Señor Supremo y la persona que oró y ayunó para que Él adviniera.

Un día, el Señor Chaitanya, exhibiendo Su actitud como Señor Supremo, ordenó gentilmente a Ramai Pandita: “Ramai, ves a casa de Sri Advaita e infórmale sobre Mi aparición. Dile que la persona a quien adoró, por quién lloró y ayunó, acaba de aparecer. Dile que Su Señor ha venido a distribuir el conocimiento del servicio devocional amoroso, y por tanto debe reunirse conmigo inmediatamente. En secreto, cuéntale también sobre la llegada del Señor Nityananda. Cuéntale todo lo que has visto. Dile que venga de inmediato, que traiga a Su esposa y también toda la parafernalia para adorarme”.

Feliz porque el Señor le habiera confiado esa misión, Ramai, el hermano menor de Srivasa, se dirigió rumbo a la casa de Advaitacharya Prabhu absorto en la repetición mental del nombre del Señor Hari. Tomado de bienaventuranza, Ramai Pandita partió sin ni siquiera saber el camino. Llevando consigo el tesoro de las instrucciones del Señor Chaitanya, acabó llegando a la casa de Sri Advaita gracias a la disposición divina.

Cuando estuvo frente a Advaitacharya, Ramai Pandita se postró ofreciendo sus reverencias. Sin embargo, estaba tomado por tanta bienaventuranza que no consiguió decir ni una palabra. Debido al poder de Su servicio devocional puro, Sri Advaita ya sabía todo. Él pensó: “Llegó la instrucción del Señor”. Ante la mudez de Ramai Pandita, Advaitacharya sonrió y dijo: “Se que te instruyeron que me lleves a Navadvipa”. Con sus manos juntas, Ramai Pandita finalmente consiguió hablar: “Como ya sabes todo, por favor, ven conmigo inmediatamente”.

El Señor Advaita se encontraba en un estado mental de completa bienaventuranza, trascendental a todas las sensaciones del cuerpo. ¿Quién podría medir la complejidad de la naturaleza transcendental de Advaitacharya Prabhu? Él sabe todo y, al mismo tiempo, a veces habla como si fuera un ignorante. Él preguntó a Ramai Pandita: “¿En qué escritura se menciona que la Suprema Personalidad de Dios descenderá entre los seres humanos en la tierra de Nadiya? ¿En qué escritura aparece que el Señor Supremo Hari vendrá a liberar a las almas caídas? Oh, Ramai, tu hermano mayor, Srivasa Pandita, conoce Mi padrón de devoción, renuncia y autorrealización”.

Ramai Pandita, conociendo muy bien la naturaleza elevada de Sri Advaita, en vez de responderle, sonrió para sus adentros. La naturaleza del Señor Advaita y de Sus pasatiempos es incomprensible. Sin embargo, aunque los impíos jamás puedan entender a Sri Advaita y Sus actividades, los devotos santos pueden entenderlo fácilmente.

Advaitacharya Prabhu preguntó de nuevo: “Dime por qué has venido de forma tan repentina a Mi casa, oh, Ramai Pandita”. Cuando Ramai vio que Sri Advaita se había calmado un poco, le entregó el mensaje del Señor Chaitanya entre lágrimas: “La Suprema Personalidad de Dios, por el que derramaste tantas lágrimas, por el que realizaste tantas adoraciones y votos de ayuno, ha aparecido para distribuir el amor por Dios. Esa Personalidad Suprema ordenó que te reúnas con Él inmediatamente”, continuó Ramai Pandita, “y pidió que traigas a Tu esposa y toda la parafernalia apropiada para adorarlo en Su forma de seis brazos. El Señor Nityananda también ha aparecido. Nityananda Prabhu es la segunda forma del Señor Caitanya, Su vida y alma. Ya que Tú sabes todo, ¿cuál es la necesidad de que yo hable? Si soy lo suficientemente afortunado, podré veros a todos juntos en un mismo lugar”.

Cuando escuchó este mensaje de Ramai Pandita, un intenso éxtasis poseyó a Advaitacharya, y le hizo llorar y elevar los brazos al cielo. De repente, para sorpresa de todos, Advaita Prabhu se desmayó de éxtasis. Pocos instantes después, recobró la conciencia externa; rugiendo en voz alta, repetía: “¡Lo traje! ¡Traje a Mi Señor! Dejó Su morada suprema en los planetas Vaikuntha y ahora está aquí; ha respondido a Mis oraciones”. Al terminar de pronunciar estas palabras, Advaita Prabhu se desplomó en el suelo en un intenso llanto.

Habiendo recibido la noticia de la llegada del Señor, la casta esposa de Advaitacharya Prabhu, Sri Sitadeva, la madre de todos los mundos, expresó su regocijo en llantos. Aunque el hijo de Sri Advaita, llamado Acyutananda, sólo fuera un niño pequeño, también lloraba de forma incesante. Acompañado por Su esposa e hijo, Advaita lloraba. Los criados y seguidores que los rodeaban también lloraban. No había ningún lugar en el que no se viera un llanto bienaventurado. La casa de Advaitacharya se llenó de amor por Krishna. Absorto en pensamientos acerca del Señor Supremo, Sri Advaita intentaba mantener Su compostura, pero le era imposible. Absorto en un trance extático, balanceaba lentamente Su cuerpo hacia delante y hacia atrás.

Advaita le preguntó a Ramai: “¿Qué te pidió el Señor que me dijeras?”. Ramai respondió: “Ven inmediatamente”. Advaitacharya dijo: “Ramai Pandita, por favor, escucha. Si Él actúa como Mi Señor, entonces tendré fe en Él. Si Él Me revela Sus poderes y opulencias ilimitadas y coloca Sus pies sobre Mi cabeza, entonces sabré que Él es el Señor de Mi corazón”.

Ramai respondió: “Oh, mi Señor, ¿qué puedo decirte? Si soy lo suficientemente afortunado, podré ver con mis propios ojos ese gran encuentro entre Ti y Sri Chaitanya Mahaprabhu. Tu deseo es el deseo del Señor. Por Tu causa, la Suprema Personalidad de Dios descendió a este mundo”.

Satisfecho con las palabras de Ramai, Advaitacharya comenzó a prepararse para el auspicioso viaje. “Vamos a preparar todo rápida y cuidadosamente para adorar al Señor”, dijo Advaita a Su esposa. “Cuando esté todo listo, nos iremos inmediatamente”. La devotada y casta esposa de Sri Advaita conocía completamente la verdad sobre los pasatiempos y la aparición del Señor Chaitanya. Con mucho cuidado, Sitadevi preparó inciensos, guirnaldas, aceites aromáticos y ropas para lavar. Llevando también leche, yogur, sara, crema, alcanfor y hojas y nueces de betel, Advaita y Su esposa partieron.

Advaita le prohibió a Ramai que contara nada: “Dile que no quise ir contigo, así veré la reacción de Mi Señor. Me esconderé en la casa de Nandacharya. Dile al Señor que no vine contigo, sólo eso”.

El Señor Chaitanya es la Superalma que reside en el corazón de todos; de esa forma, así que supo inmediatamente el plan de Sri Advaita. Sabiendo que Advaitacharya estaba llegando, Chaitanya Mahaprabhu se dirigió a la casa de Srivasa Pandita, donde se reunieron todos los devotos.

Al ver al Señor en un estado de ánimo contemplativo, todos se mantuvieron aprehensivos y callados. De repente, el Señor de todos los treinta millones de semidioses se levantó rugiendo como un león y fue hasta el trono del Señor Vishnu, en el altar, y se sentó en él. “¡Nara llegó! ¡Nara llegó!”, comenzó a gritar súbitamente. “Nara quiere probar si realmente soy el Gran Señor Supremo, la Superalma en el corazón de todos”.

Sri Nityananda Prabhu comprendía todos los humores del Señor Chaitanya, por eso, rápidamente agarró una sombrilla y la sostuvo encima de la cabeza de Su Señor. Gadadhara Pandita, sensible también a las actitudes del Señor, le ofreció alcanfor y nueces de betel. Todos sirvieron al Señor muy apropiadamente. Algunas veces recitaban versos en glorificación, y otros ofrecían diversos servicios. Y de repente, Ramai llegó.

Una vez delante del Señor, Ramai fue incapaz de hablar nuevamente. Entonces, Chaitanya Mahaprabhu dijo: “Nara te envió para ponerme a prueba”. El Señor balanceó levemente la cabeza y dijo: “Nara llegó. Aunque Nara me conozca perfectamente, siempre quiere ponerme a prueba. Mientras supuestamente se esconde de Mi en casa de Nandanacharya, te envió aquí para ponerme a prueba. Ves rápidamente y tráelo. Entonces, hablaré con Él con Mi propia boca”.

Ramai Pandita regresó muy contento y le contó todo a Advaitacharya Prabhu. Al escuchar las palabras de Ramai, Advaita se ahogó en placer trascendental. Como Él pretendía que, con Su plan, todo el planeta tuviera la oportunidad de saber que el Señor Chaitanya es la Superalma en el corazón de todos y la Suprema Personalidad de Dios, Sri Advaitacharya consideró que Su plan había sido exitoso. De esa forma, se dirigió rumbo al encuentro con Sri Chaitanya.

Una vez delante del Señor, pero a una distancia considerable, Advaitacharya y Su esposa ofrecieron repetidas reverencias mientras recitaban himnos en Su alabanza. Entonces se acercaron y contemplaron los maravillosos pies de loto del Señor, los pies que hacen que todos se vuelvan valientes. Al poder ver la más bella de todas las personalidades, Sri Advaitacharya se sintió completamente satisfecho y convencido.

La belleza de millones y millones de cupidos parece insignificante comparada con la bellísima forma refulgente y dorada del Señor Chaitanya. Su semblante alegre y gozoso relucía como millones de lunas llenas. Mirando hacia abajo, el Señor mostraba gran misericordia con Advaitacharya. Pilares de oro no serían una amenaza para los graciosos y espléndidamente poderosos brazos del Señor, que estaban decorados con joyas magníficas. La marca Srivatsa y la imponente joya Kaustubha decoraban el pecho del Señor. Advaitacharya contemplaba la guirnaldavaijayanti del Señor y también los pendientes en forma de tiburón que, en Sus orejas, se balanceaban hacia delante y hacia atrás. Las glorias y el esplendor refulgente del Señor Chaitanya apagan a miles de soles.

El todo-misericordioso Señor Vishvambhara posó Su mirada sobre Advaitacharya y dijo: “Descendí a este mundo por Tu voto y por todas las innumerables veces que me adoraste. Yo estaba durmiendo en el océano de leche, pero cuando te escuché llamándome, Mi sueño se interrumpió. Sin poder soportar ver el sufrimiento de las almas condicionadas, Me trajiste aquí para que libere a cada una. Toda la multitud de semidioses, sabios, devotos y asociados que ves a Mi alrededor nacieron en este mundo en Mi compañía. Los vaishnavas que estás viendo han venido en virtud de Tus oraciones. Gracias a Ti, todos podrán ver los grandes devotos que son objeto de meditación incluso para el Señor Brahma”.

Escuchando esas palabras maravillosas directamente de los labios del Señor Chaitanya, Advaita y Su esposa levantaron Sus brazos y manos y comenzaron a llorar. “Hoy, Mi vida se volvió próspera y exitosa”, dijo Advaita. “Hoy, todos Mis sueños y deseos se realizaron. Hoy, Mi nacimiento y Mis actividades obtuvieron un propósito, porque hoy pude ver Tus pies de loto. Aunque los Vedas canten tus glorias, jamás te vieron en persona. Sin embargo, hoy apareces delante de un hombre como Yo. Oh, Señor, soy incapaz de hacer nada; todo se lleva a cabo únicamente por Tu misericordia. Si con Tu misericordia no liberas  todas las entidades vivas, no seré Yo quien pueda hacerlo”. Mientras hablaba, brotaban lágrimas de amor espiritual de Sus ojos. “Ahora adórame”, dijo el Señor Chaitanya.

Al recibir esa instrucción del Señor, Sri Advaitacandra comenzó a adorar los pies de loto de Chaitanya Mahaprabhu. En primer lugar, Advaitacharya Prabhu lavó los pies del Señor Chaitanya con aguas aromatizadas. En segundo lugar, untó los pies de Su Omnipotencia con aceites esenciales. Poniendo tulasi-manjaris en la pasta de sándalo, Advaita Prabhu aplicó la pasta, junto con arghya, sobre los pies de Sri Chaitanya. Mientras emanaban corrientes de lágrimas de Sus ojos, Advaitacharya ofreció cinco upacharas: fragancia, flor, incienso, lamparita y alimento. Después de haber ofrecido la lamparito de cinco llamas, comenzó a ofrecer oraciones mientras todos exclamaban “¡Jaya! ¡Jaya!”.

Advaita continuó adorando al Señor de acuerdo con los mandatos de las escrituras, ofreciendo dieciséis artículos diferentes, así como guirnaldas de flores, ropas y ornamentos. Él adoró al Señor viendo a través de los ojos de las escrituras. Entonces, una vez que ofreció todo, glorificó al Señor con el verso namo brahmanya-devaya go-brahmana-hitaya cha, jagad dhitaya krishnaya govindaya namo namah. Mientras pronunciaba ese verso, Advaita ofreció Sus humildes y respetuosas reverencias al Señor. Él recitó muchas oraciones de diversas escrituras. La inteligencia de Sri Advaita era capaz de derrotar a millones de Brihaspatis. Él conocía perfectamente la posición trascendental y absoluta del Señor Chaitanya Mahaprabhu.

Mientras glorificaba los pies de loto de Sri Chaitanya, Advaita se ahogaba en Su propio río de lágrima. Postrándose en el suelo como una vara, Advaitacharya buscaba el abrigo de los gloriosos pies trascendentales del Señor. Entonces, la Suprema Personalidad de Dios y residente del corazón de todas las entidades vivas, el Señor Sri Gauracandra, levantó Sus pies de loto y los posó sobre la cabeza de Advaitacharya Prabhu. En el momento en que el Señor Chaitanya relajó Sus pies, estalló una tumultuosa y colectiva exclamación de “¡Jaya! ¡Jaya!”. Ante esa escena, todos se agitaron y comenzaron a gritar tumultuosamente: “¡Hari! ¡Hari!”. Los devotos perdieron el control sobre sí mismos; algunos rodaban por el suelo; algunos se golpeaban sus propios brazos; otros se abrazaban y algunos apenas lloraban. Todos los deseos de Advaitacharya y Su esposa fueron satisfechos. Con los pies del Señor sobre Sus cabezas, obtuvieron todo lo que querían.

Entonces, el Señor Caitanya instruyó a Sri Advaita: “¡Oh, Nara! ¡Canta Mis santos nombres y danza!”. Obedeciendo la orden del Señor Chaitanya, Advaita Prabhu, manifestando diferentes actitudes devocionales, comenzó a danzar frente a Chaitanya Mahaprabhu acompañado por un melodioso kirtana de los devotos. Por momentos bailaba con mucho entusiasmo; en cambio, por momentos danzaba graciosamente, con movimientos muy delicados. A veces, sintiéndose muy humilde, Advaita danzaba con una paja entre los dientes. A veces corría en círculos; otras veces, girando de un salto, caía al suelo y rodaba de un lado para el otro. Por momentos suspiraba muy profundamente, y por momentos perdía la conciencia en medio de Su éxtasis. Al ritmo del kirtana, Él se sentía completamente incapaz de detenerse; de esa forma danzaba en gran éxtasis. Finalmente, Sri Advaitacandra se sentó con la actitud de un siervo humilde. Nadie pudo comprender todos esos pasatiempos trascendentales.

Advaitacharya Prabhu corrió al lado del Señor Chaitanya. Lanzando una mirada a Nityananda, Advaita frunció las cejas, haciendo que Nityananda comenzara a reír. Riendo también, Sri Advaita respondió: “Oh, Nitai, es maravilloso que hayas venido. Durante mucho tiempo no tuve noticias sobre Ti. ¡Ahora voy a atarte! De esa forma no podrás irte a ningún lugar”. Por momentos, Advaita hablaba como um soberano, y por momentos como una persona embriagada. El Señor Nityananda sólo podía reírse de la conducta de Advaitacharya. Aunque hubieran aparecido en dos formas diferentes, en los pasatiempos del Señor Krishna Ellos son la misma persona.

Bajo la orden de Sri Chaitanya, Advaita había parado de bailar y ahora estaba sentado obedeciendo perfectamente. Con la guirnalda que decoraba Su propio pecho, el Señor enguirnaldó a Advaitacharya. Entonces, sonriendo, el Señor dijo: “Pídeme lo que quieras, Advaitacharya”. Ante estas palabras, Advaita apenas permaneció en silencio, sin responder nada. “¡Pide! ¡Pide!”, insistía continuamente el Señor.

“¿Qué más puedo pedirte?”, respondió Advaita. “Ya obtuve lo que deseaba. Como pude bailar delante de ti, todos los deseos de Mi corazón fuerons satisfechos. Oh, Señor, ¿qué más podría desear ahora que Te he visto con Mis propios ojos? Tú sabes lo que deseo y también lo que no deseo. Con Tus ojos trascendentales conoces todo”.

Inclinando levemente Su cabeza hacia un lado, el Señor Vishvambhara [Chaitanya] dijo: “Tú eres la causa de Mi aparición. Propagaré el canto del santo nombre de casa en casa para que todo el universo cante Mis glorias y baile. El servicio devocional amoroso, que  Brahma, Shiva, Narada y todos los sabios y semidioses buscan a través de austeridades, será gratuito y distribuido de forma indiscriminada. Te lo prometo”.

Entonces, el Señor Advaita dijo: “Si distribuyes el servicio devocional, entonces, por favor, distribúyelo también entre las clases inferiores. Que los grandes pecadores, intoxicados por el conocimiento material, riquezas, nobleza familiar, austeridades y cosas similares, y que en consecuencia no respetan a Tus devotos ni al proceso del servicio devocional a Ti, ardan en el infierno. ¡Que todos los demás, incluso los chandalas, canten Tus santos nombres y dancen en éxtasis!”. Apreciando las palabras de Advaitacharya, el Señor Chaitanya rugió muy alto: “Acepto todo lo que has dicho. Todas Tus palabras son ciertas”.

Todos son testigos de la veracidad de las palabras de Sri Advaita, pues el Señor derramó Su misericordia incluso sobre las almas más caídas e ignorantes. Mientras los chandalas y otras clases inferiores danzaban y cantaban las glorias y nombres del Señor; los bhatthas, mishras y cakravartis no hacían otra cosa si no criticar al Señor Chairanya y burlarse de Él. Puede que estos intelectuales estudien las escrituras con mucha atención y se afeiten la cabeza, pero en realidad su inteligencia está muerta. Blasfemando al Señor Nityananda, están condenándose al infierno. Por la misericordia de Sri Advaitacharya Prabhu, todo el universo recibió el amor puro por el Señor Krishna.

Las discusiones esotéricas entre el Señor Chaitanya y el Señor Advaita son conocidas por Sarasvati-devi, la madre de los mundos. Apareciendo sobre la lengua de los devotos puros del Señor, Sarasvati canta los interminables pasatiempos y glorias del Señor Chaitanya. Ofrezco mis reverencias a los pies de loto de todos los vaishnavas para que todos mis pecados y ofensas puedan extirparse.

Así fue como Advaitacharya y Su esposa satisficieron todos sus deseos.

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