ira

Archana-siddhi Devi Dasi

Una terapeuta reflexiona en las enseñanzas del Señor Krishna para ayudar a un niño a controlar su enojo.

A medida que entro en la sala del hospital, siento el fuerte aroma de antiséptico. Chris está sentado en la cama, absorto en apretar rápidamente los botones con sus pulgares.

“¿Nintendo?”, le pregunto con aire desenfadado, interrumpiendo su concentración.

“Playstation”, responde, sin dejar de apretar los botones de forma desenfrenada.

Me siento en una silla cerca de su cama, observando su estrategia para hacer explotar cosas.

Después de unos minutos, Chris lanza el videojuego al suelo.

“Odio ese juego”, gruñe, profiriendo algunas malas palabras.

Instintivamente respondo: “Hummm, parece que estás bastante irritado”.

Mi afirmación obvia sonó ridícula para ambos. Chris me ignoró. Cubrió su cabeza con la sábana de la cama y murmuró consigo mismo.

Me sentí incómoda y no supe qué decir para sacarlo de ahí. Chris es un chico de 11 años con el que vengo trabajando en terapia de salud mental desde el año pasado. Tiene un historial de episodios de furia y explosiones. Recientemente, le dio una patada tan fuerte a una pared de ladrillo, que se rompió el fémur de la pierna derecha. Ahora estaba internado en el hospital con la pierna llena de clavos.

Intenté conectarme con él de nuevo.

“La ira es un sentimiento poderoso. Parece que necesitamos buscar nuevas formas para que la controles, en lugar de que ella te controle a ti”.

Después de algunos minutos en silencio, decidí intentarlo de otra forma.

“Te he traído unas galletas”, le dije, reuniendo todo el entusiasmo que pude.

Él se sacó de encima la sábana y me preguntó: “¿Qué tipo de galletas?”.

Aliviada tras recibir una respuesta, respondí: “De mantequilla de cacahuete”.

Él extendió la mano y le di las galletas. Tanto él como las galletas desaparecieron debajo de la sábana. El sonido que hacía al masticarlas llenó la sala estéril.

Perdiendo el control

Desde que Chris y yo comenzamos a trabajar su ira, él aprendió a identificar las cosas que la disparaban. El hecho de que lo molestaran en la escuela le hizo sentirse furioso, y por eso acabó pateando la pared de ladrillo. Él también aprendió a reconocer que, cuando pierde el control, sus puños y dientes se contraen y se siente agitado. Él desarrolló una serie de caminos positivos para tratar con la ira: caminar, conversar consigo mismo sobre cosas positivas, correr, visualizar un lugar pacífico. A pesar de ese arsenal de habilidades para hacer frente a la ira, todavía no consigue controlarla en las situaciones de la vida real.

Como estudio el Bhagavad-gita desde hace mucho tiempo, el problema de Chris me recordó al verso en el que Krishna dice a Su amigo y discípulo Arjuna que la ira viene de la lujuria. Las personas generalmente piensan que la “lujuria” se refiere apenas al deseo sexual. Sin embargo, la definición de lujuria del Señor Krishna abarca cualquier deseo no divino de gratificar los sentidos.

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Los sentidos que no son regulados son como caballos salvajes.

El Señor Krishna también explica que aunque los sentidos necesiten cierta cantidad de satisfacción, a menos que se los regule, acaban siendo como caballos salvajes, y fuerzan a la persona a obedecer su voluntad. Ansiosos por los objetos de su satisfacción, los sentidos asumen el control de la mente y de la inteligencia, y cuando las demandas imposibles no son satisfechas, aparece la frustración y la ira. Krishna continua diciendo que de esa ira nace la ilusión, y de la ilusión, nace la confusión de la memoria. Y cuando la memoria se confunde, la inteligencia humana se pierde, provocando el infierno del comportamiento irracional.

La ira en Littleton

La sociedad moderna está repleta de personas atormentadas por los vicios sensoriales. Cuando estas personas no consiguen satisfacer sus impulsos se frustran, y de esa forma la ira asume el control. Como resultado, somos testigos de actos violentos sin precedentes en toda la sociedad. Incluso las escuelas suburbanas de clase media han sido víctimas de una avalancha de muertes, provocadas por los niños de la propia comunidad.

El 20 de abril de 1999, dos estudiantes del Colegio Columbine, en la próspera ciudad de Littleton, Colorado, abrieron fuego contra sus compañeros, matando a once y causando varios heridos. Para rematar la masacre, los chicos se dispararon en la cabeza.

Así como mi cliente Chris, los chicos de Littleton sufrían el rechazo de sus compañeros. Uno de ellos había atendido una clase para controlar la ira. No obstante, en vez de buscar la forma de ser aceptados, eligieron tomar represalias. Se identificaban con un grupo que incitaba el odio, y de esa forma, planearon un esquema diabólico para atormentar a aquellos que los habían herido.

Este es un ejemplo moderno de las palabras inmortales del Gita: un deseo frustrado de adoración y distinción evoluciona emocionalmente de la lujuria a la ira, y entonces a la ilusión, para alcanzar finalmente la locura.

El siguiente nivel de estudios después del Bhagavad-gita es el Srimad-Bhagavatam. El Bhagavatam narra diversas explicaciones de cómo la ira roba la inteligencia, incluso de grandes personalidades. Por ejemplo, cierta vez, un poderoso yogillamado Durvasa Muni, se acercó al palacio de Ambarisa Maharaja, un rey santo y devoto elevado del Señor. Ambarisha organizó una recepción con comida suntuosa para Durvasa. Como era costumbre, antes de aceptar su comida, Durvasa fue a bañarse al río. Mientras se bañaba, el místico Durvasa entró en un trance yóguico y permaneció en el agua durante bastante tiempo.

El rey Ambarisha estaba observando un ayuno religioso, y el momento adecuado para romper el ayuno se acercaba. Si el rey aceptara su comida antes de alimentar a Durvasa, ofendería al santo, por lo tanto decidió beber un poco de agua, una actitud que rompe y no rompe el ayuno simultáneamente.

Mediante sus habilidades yóguicas, Durvasa descubrió esa infracción. Considerando que el rey había cometido un acto irrespetuoso, Durvasa se sintió insultado, y para vengarse, se presentó ante Ambarisha y le habló con mucha ira. Él invocó a un demonio feroz, creado para destruir al rey.

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Muy furioso, Durvasa invoca un demonio para matar al rey.

Sin embargo, el Señor Krishna protegió a Su devoto Ambarisha y lanzó una poderosa arma en forma de disco a Durvasa. Después de huir para salvar su vida, Durvasa cayó en la cuenta de que su orgullo y su avidez por ser adorado y reconocido le habían provocado una ira innecesaria. Tras entender las ramificaciones de su ira, Durvasa Muni se postró ante los pies de Maharaja Ambarisha y recibió su perdón.

La ira como un síntoma

Hay algunos ejemplos excepcionales donde la ira es espiritualmente apropiada, provocada por las injusticias contra el Señor y Sus devotos. Pero en general la ira es una emoción negativa que se manifiesta cuando los intentos de disfrutar sensorialmente del mundo material se ven frustrados. Esta ira debe ser detenida y controlada. Puede ser de ayuda enseñar habilidades para controlar la ira a las personas. A veces, Chris se acuerda de usarlas y puede superar con éxito una situación.

Sin embargo, así como la fiebre es un síntoma de que el cuerpo está enfermo, la ira es un síntoma de deseos materiales continuos. De la misma forma en que si apenas tratamos la fiebre, la enfermedad no desaparece, si tratamos la ira sin entender que es un síntoma de deseos egoístas y lujuriosos, no conseguiremos extinguir el comportamiento indeseado. Para conquistar la ira, primero debemos preguntarnos cómo podemos conquistar los deseos egoístas.

El Srimad-Bhagavatam describe muchas personas que conquistaran los deseos egoístas y la ira no les afectaba. Entre ellas, la más importante es Prahlada Maharaja. Con cinco años, Prahlada, un devoto autorrealizado, no estaba interesado en ganancias mundanas, al contrario que su padre ateo y hedonista, Hiranyakashipu. En un momento determinado, el ateo Hiranyakashipu comenzó a considerar a su hijo como un enemigo, y quiso matarlo.

Aunque fuera asediado de diversas formas por su padre, Prahlada nunca se enfureció con él. Por lo tanto, el Señor apareció como Nrisimhadeva y mató a Hiranyakashipu. Después, le ofreció una bendición a Prahlada, que como se sentía satisfecho en su amor por Dios, sólo pidió que su terrible padre fuera liberado de sus pecados.

Parece imposible no sentir ninguna emoción negativa contra una persona que intenta matarnos. Pero un alma pura ve las cosas de forma diferente. Los devotos puros de Dios saben que son seres espirituales, distintos del cuerpo material, y ven a los demás de la misma forma. Ellos entienden que el karma obliga a todos a actuar de acuerdo con la naturaleza condicionada particular. Ellos tienen una fe total en que el Señor está dirigiendo todo, y que Él los protegerá. Las almas autorrealizadas, como Prahlada, siempre están satisfechas, y por eso no necesitan abusar de nadie ni de nada.

Aunque la descripción de un alma pura pueda parecer algo extraño, sin duda alguna es nuestra verdadera naturaleza. El oro puede estar cubierto por mucha tierra, pero después de limpiarlo, brilla intensamente. Similarmente, las personas que limpian sus deseos materiales, exhiben nuevamente su pureza original. Es posible lograr esta purificación si ocupamos los sentidos impetuosos al servicio del Señor. Si no usamos los sentidos al servicio de Dios, nuestros intentos de controlarlos serán frustrados y derrotados.

Ayudando a Chris

Me doy cuenta de que Chris puede ser exitoso si se dirige a Dios, Krishna. Chris puede ir en una dirección que eleve su conciencia, o en otra que lo degrade. Él puede permitir que su ira lo consuma y seguir a los adolescentes asesinos de Columbine. O él puede seguir los pasos de Prahlada y Ambarisha.

En este exacto momento, no consigo imaginarme a Chris sentado, cantando elmantra  Hare Krishna en su japa. Sin embargo, podemos comenzar con una oración.

Cuando Chris salió finalmente de debajo de la sábana, le sugerí una nueva técnica: orar a Dios para que lo ayude con su ira. Juntos formulamos la siguiente oración: “Mi querido Señor, por favor, ayúdame a controlar mi ira. Ayúdame a ser calmo y pacífico, incluso cuando me provoquen”.

Chris repitió la oración varias veces en voz alta y asintió en señal de aprobación.

“Tal vez me ayude”, dijo con una confianza renovada.

“Estoy seguro de que lo hará”, respondí, levantándome.

Él asintió con entusiasmo.

“Ven pronto”, me dijo, “¡y trae más galletas!”.

Anoté mentalmente el pedido de traer más galletas ofrecidas a Krishna, para que Chris pueda purificarse. No me gustaría que se enfadara conmigo.

 

Arcana-siddhi Devi Dasi fue iniciada con Srila Prabhupada en 1976. Vive con su esposo e hijo en Baltimore, Maryland, donde trabaja como terapeuta familiar.

 

 

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