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A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada
(Extractos del séptimo capítulo de la obra ‘Krishna, la Suprema Personalidad de Dios’)

Cierta ocasión, una gran tormenta de polvo azotó Vrindavana y todo quedó sumido en una densa oscuridad. Madre Yasoda no podía encontrar a su bebé Krishna, pero lo que nadie imaginaba es que Éste había sido raptado por Trinavarta, uno de los sirvientes de Krishna que apareció en la forma de un torbellino.

Un día, mientras madre Yasoda acariciaba a su hijo en su regazo, sintió que el niño pesaba mucho, y, no pudiendo cargarlo, lo puso a disgusto en el suelo. Después de un rato, se entregó a los quehaceres domésticos. Entonces, Trinavarta, uno de los sirvientes de Kamsa, apareció en la forma de un torbellino, y conforme a las instrucciones de Kamsa, levantó a Krishna en sus hombros y provocó una gran tormenta de polvo que azotó todo Vrindavana, creando un gran estruendo en todas las direcciones. A causa de esto, todo el mundo quedó con los ojos cubiertos. En pocos momentos, toda la zona de Vrindavana se oscureció tan densamente, que era imposible verse uno mismo o ver a alguien más. Madre Yasoda no pudo ver a su hijo durante aquella catástrofe, pues Éste había sido hurtado por el torbellino. Yasoda comenzó a llorar lastimosamente, y cayó al suelo tal como una vaca que ha perdido a su ternero.

Al ver a madre Yasoda llorar tan lastimosamente, todas las pastorcillas vinieron de inmediato y comenzaron a buscar al niño, pero no pudieron encontrarlo y ello les causó gran desilusión.

El demonio Trinavarta, quien había tomado a Krishna en sus hombros, subió a lo alto el cielo. Mas el niño se hizo tan pesado, que Trinavarta súbitamente no pudo continuar y tuvo que detener sus actividades de torbellino. De inmediato, todo se volvió apacible. El Bebé Krishna se hizo más y más pesado, y obligó al demonio a descender. El Señor lo asió por la nuca y Trinavarta sintió el peso del Señor como el de una gigantesca montaña; él trató de zafarse de Sus garras, pero fue incapaz de hacerlo, y sus ojos se salieron de sus cuencas. Gritando fieramente, Trinavarta cayó al suelo de Vrindavana, y allí murió. El demonio cayó como Tripurasura, el cual fue atravesado por las flechas del Señor Shiva. Al chocar contra las rocas, sus miembros quedaron destrozados, y su cuerpo se volvió visible a todos los habitantes de Vrindavana.

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Cuando las gopis vieron al demonio muerto y a Krishna que jugaba alegremente sobre su cuerpo, levantaron inmediatamente al Señor con gran afecto. Las mujeres y los pastores de vacas, hombres y mujeres, se pusieron muy felices al recuperar a su amado niño Krishna, y comenzaron entonces a hablar acerca de cuán maravilloso era que el demonio se había llevado al niño con el fin de devorarlo, pero no pudo hacerlo; en lugar de eso, él cayó muerto. Algunos de ellos aprobaron la situación, diciendo: Lo ocurrido está bien, porque los seres demasiado pecaminosos mueren a causa de sus reacciones pecaminosas, y nuestro niño Krishna es piadoso. En consecuencia, Él está a salvo de toda clase de situaciones terribles. Y también nosotros debimos realizar grandes sacrificios en nuestras vidas anteriores, adorando a la Suprema Personalidad de Dios, dando como caridad grandes riquezas y obrando filantrópicamente para el bienestar general de los hombres. Estas actividades piadosas han salvado de todo peligro la vida del niño.

Las gopis allí reunidas comentaron entre ellas: ¿A qué clase de austeridades y penitencias nos sometimos en nuestras vidas anteriores? Debimos haber adorado a la Suprema Personalidad de Dios, ofrecido diferentes clases de sacrificio, hecho caridades y ejecutado muchas actividades para el Bienestar público, excavando pozos y sembrando árboles banianos. Como resultado de esas actividades piadosas hemos recuperado a nuestro niño, aunque Él debería de haber muerto. Ahora, Krishna ha regresado para darle vida a Sus parientes.

 

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