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A.C. Bhaktivedanta Swami 
(Adaptación de Drutakarma das de la obra Srimad-Bhagavatam)

Protegidos por el Señor Krishna, todos los habitantes de la aldea (hombres, mujeres, niños y animales) entraron bajo la gran colina y permanecieron allí durante una semana entera. Estaban completamente sorprendidos al ver a Krishna sosteniendo la colina de Govardhana con el dedo meñique de Su mano izquierda.

Un día, en la aldea de Vrindavana, Krishna vio a Su padre Nanda Maharaja y a los demás pastores preparando un gran sacrificio. “Mi querido padre”, dijo Krishna, “¿para quién es este sacrificio? ¿Qué es todo esto? Por favor, explícame de qué se trata”.

Krishna es la Suprema Personalidad de Dios, así que en realidad ya sabía que el sacrificio estaba destinado a Indra, el Señor de los cielos. Pero como estaba representando el papel de hijo de Nanda, fue a preguntarle a Su padre así como lo haría un niño curioso. Nanda permaneció en silencio y continuó con sus tareas. “Krishna es demasiado joven para entender estos rituales complicados”, musitó. Estando bajo el efecto de la energía divina de Krishna, Nanda pensó que la omnisciente Personalidad de Dios era apenas un niño pequeño.

Pero Krishna insistió con Sus preguntas. “Mi querido padre”, protestó, “no es muy bueno que tengas secretos con los miembros de tu propia familia. Puedes esconder secretos a otra gente que desea que te enfermes, pero no deberías tener secretos conmigo. Por favor, dime para quién es este sacrificio”.

Nanda le respondió: “Mi querido niño, este sacrificio es para Indra, el señor de los cielos. Indra controla las nubes y nos da la lluvia. Sin la lluvia no podemos cultivar buenos granos, frutas y verduras, y tampoco tenemos buenos pastos para nuestras vacas. Así que estamos celebrando este sacrificio para mostrarle nuestra gratitud”.

En realidad, los semidioses como Indra sólo son siervos de Krishna, el Señor Supremo. El Bhagavad-gita dice claramente que los beneficios que otorgan los semidioses en realidad provienen de Krishna, y que en lugar de adorar a esas personalidades, debemos adorar a Krishna, la Suprema Personalidad de Dios. Para poder enseñar una lección a Nanda y los habitantes de Vrindavana, Krishna dijo: “Mi querido padre, no estoy de acuerdo en que ofrezcáis este sacrificio a Indra. Él debe suministrar agua en todos lados, tanto si lo adoráis como si no. Es su deber. No le ofrezcamos nada a Indra, padre. En lugar de ello, hagamos un gran sacrificio para honrar a la colina de Govardhana”.

La colina de Govardhana ocupaba un lugar muy especial en el corazón de los residentes de Vrindavana, a los que no les importaba mucho lo que ocurría más allá de su aldea forestal. Las gopis (pastorcillas de vacas) elogiaban la colina de Govardhana de la siguiente manera: “La colina de Govardhana es la más afortunada, porque Krishna y Balarama siempre caminan por sus laderas y llevan allí a sus vacas. Por lo tanto, Govardhana siempre disfruta de los pies de loto de Krishna. Sintiéndose agradecida y bienaventurada, la colina de Govardhana produce frutas agradables y agua fresca para Krishna y los pastorcillos, y pasto nuevo para las vacas. Por eso podemos entender que Krishna encuentre esta montaña tan placentera”.

Comprendiendo el amor entrañable de Krishna hacia la colina de Govardhana, Nanda replicó: “De acuerdo, mi querido niño, ya que así lo deseas, celebraremosotro sacrificio para la colina de Govardhana. Pero ahora déjame terminar estesacrificio para Indra”.

“Oh, no, padre”, dijo el niño Krishna. “¡Por favor, espera! ¡Realizar otro sacrificio para Govardhana nos llevará mucho tiempo! Tan sólo usa las cosas que ibas a ofrecer a Indra y ofréceselas a la colina de Govardhana”.

Krishna insistió educada y gentilmente, y finalmente, Nanda Maharaja accedió. “De acuerdo. Tan sólo dinos qué debemos hacer”. Entonces, Nanda y los otros pastores de buen corazón hicieron todo lo que Krishna les dijo. Primero cocinaron todo tipo de platos deliciosos, con gran abundancia. Había arroz de primera clase y sopa de legumbres picante (dhal). Hicieron pakoras picantes sumergiendo trozos de verdura en una mezcla de especies y friéndolas en mantequilla clarificada. También prepararon puris (discos de masa fritos e inflados), arroz dulce (una bebida espesa hecha con leche, arroz y azúcar), y muchos otros tipos de dulces de leche tradicionales hindús, como sandesha, rasagulla, y amritakeli.

Después de preparar este banquete, los pastorcillos decoraron a sus vacas con ropas de seda, adornaron sus cuernos con oro, y las alimentaron con pasto fresco. Entonces, los pastorcillos se vistieron con elegancia, y ayudaron a las pastorcillas a subir a los carros que habían decorado alegremente. Manteniendo a las vacas al frente, todos circunvalaron la colina de Govardhana y cantaron canciones para complacer a Krishna. Finalmente, los brahmanas de la aldea entonaron himnos védicos y ofrecieron el festín de comida a la colina de Govardhana.

Repentinamente, para el asombro de todos, Krishna se expandió en una forma colosal y transcendental. Krishna (que también permaneció en la forma de niño) y todos los residentes de Vrindavana se postraron en el suelo, y comenzaron a ofrecer oraciones. La figura gigante de Krishna habló con una voz fuerte: “Soy la colina de Govardhana”. La gigantesca forma comenzó a comer las preparaciones con gran satisfacción.

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Krishna en la forma de la colina de Govardhana, acepta las ofrendas de los habitantes de Vrindavana.

Todos pudieron entender claramente que el Señor Krishna y la colina de Govardhana eran la misma Persona. Hasta el día de hoy, muchos peregrinos toman piedras y guijarros de la colina de Govardhana y las adoran de la misma forma en que los brahmanas adoran a la Deidad de Krishna en los templos.

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Deidad de una piedra de la colina de Govardhana, o Govardhana-sila.

Por respeto a la colina de Govardhana, los devotos de Krishna ni siquiera ponen un pie en Sus laderas sagradas. Tal es su devoción que, en su lugar, caminan las veinte millas que rodean Su base.

Más tarde, Krishna ordenó a los pastorcillos que adoraran a la colina de Govardhana cada año. Y hasta el día de hoy, cada mes de octubre o noviembre, los habitantes de Vrindavana se concentran alrededor de la colina de Govardhana y realizan este festival. Conducen sus vacas alrededor de la montaña y ofrecen un gran banquete. Los templos de ISKCON de todo el mundo también celebran el festival de la colina de Govardhana.

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Festival en honor a la colina de Govardhana en ISKCON Bangalore, India.

Cuando el rey Indra vio a Krishna impidiendo el sacrificio que iba dirigido a él, se enfadó mucho. “Los pastorcillos se arrepentirán”, dijo. “¡Les voy a enseñar a no desafiar a los semidioses! Sólo porque ese niño, Krishna, les ha dicho que adoren a la colina de Govardhana, han detenido mi sacrificio. Este niño habla demasiado. Sólo es un chiquillo, ¿qué sabe acerca de la situación cósmica? Lo castigaré por ser tan impertinente”.

Indra convocó a sus nubes más poderosas, incluyendo la mortal samvartaka, que generalmente sólo aparece cuando llega el momento de la devastación del mundo. Indra ordenó a las nubes: “¡Id a Vrindavana e inundad la aldea! ¡Destruid Vrindavana! Ahogad a cada pastorcillo y a cada vaca. No temáis, os seguiré volando con mi elefante. Atacaré Vrindavana con las tormentas más furiosas. Vamos a castigar a esos residentes insolentes”.

Las oscuras y amenazadoras nubes aparecieron sobre Vrindavana y comenzaron a descargar chorros de agua y trozos de hielo. Los rayos estallaban. Los truenos rugían. El viento aullaba y chillaba, haciendo que las gotas de lluvia parecieran flechas afiladas.  Las inundaciones  cubrieron los campos y pastizales de Vrindavana. Los hombres y los animales se estremecían y temblaban, y las vacas inclinaron sus cabezas y cubrieron a sus terneros con sus cuerpos.

Sintiéndose completamente desamparados, los residentes de Vrindavana fueron a buscar el refugio de los pies de loto de Krishna. Ellos oraron: “Oh, Krishna, Tú eres Todo-poderoso y eres muy amable con Tus devotos. Por favor, protégenos de la ira de Indra”.

“No tengáis miedo”, dijo Krishna. “Todos vosotros sois Mis devotos puros y no tenéis otro refugio aparte de Mi. Yo os protegeré. Indra está tratando de demostrar su poder, pero yo me encargaré de él. En realidad, Indra es Mi devoto, pero de alguna forma se ha inflado de poder y se ha vuelto loco. Haré que pierda su falso prestigio y vuelva a sus cabales”.

Entonces, con una mano, el Señor Krishna alzó la colina de Govardhana, así como un niño ordinario levanta un hongo. “Mis queridos hermanos. Mi querido padre. Mis queridos amigos, ahora podéis refugiaros bajo el paraguas de la colina de Govardhana. No temáis. No permitiré que caiga de Mi mano”.

Confiando en el Señor Krishna, los habitantes de Vrindavana (hombres, mujeres, niños y animales) se refugiaron bajo la gran montaña. Permanecieron allí durante una semana entera, y no sintieron hambre, sed u otro tipo de molestia. Estaban muy sorprendidos al ver a Krishna sosteniendo la colina de Govardhana con el pequeño meñique de Su mano izquierda.

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Los habitantes y animales de la aldea de Vrindavana se refugian bajo la colina de Govardhana.

Cuando el rey Indra vio el poder místico de Krishna, se sintió estupefacto y desconcertado. Convocó a todas las nubes e hizo que el fuerte viento se detuviera. En poco tiempo, el cielo de Vrindavana se despejó completamente y el Sol volvió a brillar.

Krishna dijo: “Mis queridos pastorcillos, ahora podéis regresar a vuestras casas junto a vuestras esposas, hijos, vacas y pertenencias. El peligro ya ha pasado. La lluvia ha parado y las inundaciones están bajando”. Los pastorcillos cargaron sus carros y partieron lentamente con sus vacas y familias.  Después de que se fueran, Krishna colocó con cuidado la colina de Govardhana en su lugar, donde continúa hasta el día de hoy.

Todos los habitantes de Vrindavana se acercaron a Krishna y lo abrazaron con gran éxtasis. Las gopis, Madre Yasoda, Nanda y el hermano mayor de Krishna, Balarama, lo bendijeron una y otra vez. Los semidioses en el cielo hicieron sonar sus tambores, tocaron sus tamburas, soplaron sus caracolas y derramaron pétalos de flores.

Ahora que Krishna había salvado a los habitantes de Vrindavana, el rey Indra se presentó ante Él en un claro del bosque aislado. La corona dorada de Indra brillaba como el Sol, pero aun así se postró ante los pies de loto de Krishna. “Mi querido Señor”, dijo, “me arrepiento mucho de haber enviado las inundaciones y las tormentas a Vrindavana. Me enfadé porque detuviste el sacrificio que iban a ofrecerme los pastorcillos. Me dejé llevar por el falso orgullo y actué como un tonto ignorante. Pero ahora, por Tu gracia, puedo ver que eres el Señor Supremo. Te ruego que me perdones. Soy Tu eterno sirviente”.

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El rey de los cielos, Indra, se disculpa ante Krishna por haber inundado Vrindavana.

Krishna aceptó las disculpas sinceras y dijo: “Mi querido Indra, por favor, regresa a tu reino, pero recuerda siempre que nadie es superior a Mi”.

Antes de partir, el rey Indra y todos los demás semidioses bañaron a Krishna con la leche de las vacas del mundo espiritual, y con agua del Ganges de la trompa del elefante de Indra. Las esposas de los semidioses bailaron con mucha alegría, y complacieron al Señor derramando pétalos de flores desde el cielo. Krishna se sintió muy complacido con esta adoración, y por eso la tierra se llenó con dones naturales en abundancia. Las vacas, felices, inundaron la tierra con su leche. El agua de los ríos regó los árboles, que se llenaron de todo tipo de frutas deliciosas y flores aromáticas. Los árboles también comenzaron a derramar gotas de miel, y brotaron muchas hierbas medicinales y joyas valiosas en las montañas y colinas. Todo esto ocurrió debido a la presencia de Krishna, y los animales inferiores, que generalmente son envidiosos, ya no tenían más envidia.

Por fin, el rey Indra y los demás semidioses pidieron permiso a Krishna y volvieron al reino celestial a través del espacio cósmico.

 

 

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4 comentarios

  1. Hare Krishna…!!! Hermoso pasatiempo del Señor…!!! Gracias…!!!

  2. Todas la Glorias a Sri Krsna y Radha

  3. Cada vez más aumenta mí placer trascendental oir,leer más y recordar las glorias de mí Amado Señor. Hare Krishna

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