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Sukadeva Gosvami
Extractos de los capítulos 4 y 5 del noveno canto del Srimad-Bhagavatam

 El disco del Señor Supremo protegió al devoto Ambarisa Maharaja cuando Durvasa Muni lo puso en peligro pero, ¿quién protegerá a Durvasa Muni del disco mortal?

Maharaja Ambarisa, la más afortunada personalidad, obtuvo el gobierno del mundo entero, que está compuesto de siete islas; su prosperidad y su opulencia en la Tierra fueron inagotables e ilimitadas. Aunque esa posición rara vez se alcanza, Maharaja Ambarisa no le dio la menor importancia, pues sabía perfectamente que toda aquella opulencia era material y que, como las cosas imaginadas en los sueños, acabaría destruida. El rey sabía que esa opulencia, en manos de un no devoto, se convierte en la causa de su progresivo hundimiento en la modalidad de la oscuridad de la naturaleza material.

Maharaja Ambarisa era un gran devoto de la Suprema Personalidad de Dios, Vasudeva, y de las personas santas que son devotos del Señor. Debido a esa devoción, consideraba el universo entero tan insignificante como un simple guijarro.

Maharaja Ambarisa ocupó siempre la mente en meditar en los pies de loto de Krishna, las palabras en cantar las glorias del Señor, las manos en limpiar el templo del Señor, y los oídos en escuchar palabras de Krishna o acerca de Krishna. Los ojos, los ocupó en ver a la Deidad de Krishna, los templos de Krishna y los lugares en que vivió Krishna, como Mathura y Vrindavana; el tacto lo ocupó en tocar el cuerpo de los devotos del Señor, el olfato en oler la fragancia de las hojas de tulasi ofrecidas al Señor, y la lengua en saborear el prasada del Señor. Maharaja Ambarisa ocupaba las piernas en caminar hasta los lugares sagrados y los templos del Señor, la cabeza en postrarse ante el Señor, y todos Sus deseos en servir al Señor, las veinticuatro horas del día. En verdad, nunca deseó nada para complacer sus propios sentidos. Ocupó todos sus sentidos en servicio devocional, en diversas ocupaciones relacionadas con el Señor. Ésa es la forma de aumentar el apego por el Señor y estar completamente libre de todo deseo material.

Mientras cumplía con sus deberes prescritos como rey, Maharaja Ambarisa siempre ofreció los resultados de sus actividades como rey a la Suprema Personalidad de Dios, Krishna, que es el disfrutador de todo y está más allá de la percepción de los sentidos materiales. Siguiendo los consejos de brahmanas que eran fieles devotos del Señor, gobernó el planeta Tierra sin dificultad.

Los súbditos del estado de Maharaja Ambarisa se acostumbraron a cantar y escuchar las gloriosas actividades de la Personalidad de Dios. Así, nunca aspiraron a elevarse a los planetas celestiales, que hasta a los semidioses les son muy queridos.

Aquellos que rebosan de la felicidad trascendental de ofrecer servicio a la Suprema Personalidad de Dios no sienten interés ni siquiera por los logros de los grandes místicos, pues esos logros no aumentan la bienaventuranza trascendental del devoto puro que siempre piensa en Krishna en lo más profundo de su corazón.

De esta forma, el rey de este planeta, Maharaja Ambarisa, se ocupó en el servicio devocional del Señor, y, en ese esfuerzo, se sometió a rigurosas austeridades. Satisfaciendo siempre a la Suprema Personalidad de Dios mediante las actividades propias de su posición constitucional, poco a poco fue abandonando todos los deseos materiales.

Muy complacido con la devoción pura de Maharaja Ambarisa, la Suprema Personalidad de Dios dio al rey Su disco, que causa temor a los enemigos y siempre protege al devoto de enemigos y adversidades.

El voto de Ekadashi

Para adorar al Señor Krishna, Maharaja Ambarisa y su reina, que era tan cualificada como él, observaron el voto de ekadasi y dvadasi durante un año. En el mes de Kartika, después de seguir ese voto durante un año, Maharaja Ambarisa observó ayuno durante tres noches y, después de bañarse en el Yamuna, adoró a la Suprema Personalidad de Dios, Hari, en Madhuvana.

Siguiendo los principios regulativos de mahabhiseka, Maharaja Ambarisa celebró la ceremonia de baño de la Deidad del Señor Krishna con todos los útiles necesarios; después, vistió a la Deidad con hermosos vestidos, adornos, collares de flores fragantes y otros artículos con que se adora al Señor. Con atención y devoción, adoró a Krishna y a todos los brahmanas, que eran muy afortunados y estaban libres de deseos materiales.

A continuación, Maharaja Ambarisa satisfizo a todos los que visitaron su casa, y en especial a los brahmanas. Como caridad, dio sesenta karors de vacas, que llevaban los cuernos chapados en oro y las pezuñas cubiertas con plata. Todas las vacas llevaban mantos decorativos y tenían las ubres llenas de leche. Eran de naturaleza mansa, jóvenes y bonitas, y venían acompañadas de sus terneros. Después de dar las vacas, el rey dio de comer suntuosamente a todos los brahmanas y, cuando estuvieron plenamente satisfechos, con su permiso se dispuso a observar el final del ekadasi rompiendo su ayuno. Sin embargo, justo en ese momento hizo su aparición una visita inesperada: el muy poderoso místico Durvasa Muni.

La ira de Durvasa Muni

El rey Ambarisa se levantó para recibir a Durvasa Muni, y le ofreció un asiento y artículos de adoración. A continuación, sentándose a sus pies, el rey rogó al gran sabio que comiese. Durvasa Muni aceptó complacido la invitación de Maharaja Ambarisa, pero antes fue al río Yamuna para realizar las ceremonias rituales prescritas. Una vez allí, se sumergió en las aguas del auspicioso Yamuna y meditó en el Brahman impersonal. Mientras tanto, sólo quedaba un muhurta del día dedvadasi para romper el ayuno, de modo que era absolutamente necesario romperlo sin más demora. En esa peligrosa situación, el rey consultó con brahmanaseruditos.

El rey dijo: “Ciertamente, quebrantar las leyes del respeto debido a los brahmanases una gran ofensa. Por otra parte, si se deja pasar el dvadasi sin romper el ayuno, el voto observado es imperfecto. Así pues, ¡oh, brahmanas!, si lo consideráis auspicioso y no os parece irreligioso, beberé un poco de agua para romper mi ayuno”. El rey tomó esta decisión después de consultar la opinión de losbrahmanas, quienes estimaron que beber agua puede considerarse comer, pero también puede considerarse no comer.

Después de beber un poco de agua, el rey Ambarisa, meditando en la Suprema Personalidad de Dios dentro de su corazón, esperó el regreso del gran místico Durvasa Muni.

Tras cumplir con las ceremonias rituales del mediodía, Durvasa regresó del Yamuna. El rey le recibió bien, con grandes muestras de respeto, pero, con su poder místico, Durvasa Muni se dio cuenta de que el rey Ambarisa había bebido agua sin su permiso. Aún hambriento, con el cuerpo temblando, el gesto torvo y el ceño fruncido, Durvasa Muni dirigió palabras cargadas de ira al rey Ambarisa, que permanecía ante él con las manos juntas: “¡Ay!, ¡mirad cómo se porta este hombre cruel!, ¡No es devoto del Señor Visnu! Orgulloso de su opulencia material y de su posición, se cree Dios. No hay más que ver cómo ha faltado a las leyes de la religión”.

Al decir esto, con la cara roja de ira, Durvasa Muni se arrancó un mechón de pelos de la cabeza y, para castigar a Maharaja Ambarisa, creó un demonio que parecía el fuego de la devastación.

La ofensa contra Ambarisa Maharaja 4

Con un tridente en la mano, aquella criatura ardiente llegó ante Maharaja Ambarisa, haciendo temblar la superficie de la Tierra con sus pasos. Pero el rey, al verle, ni se alteró, ni cambió en lo más mínimo su posición. Como un fuego que, en el bosque, convierte rápidamente en cenizas a una serpiente furiosa, el cakraSudarsana, el disco de la Suprema Personalidad de Dios, cumplió la orden del Señor y redujo inmediatamente a cenizas al demonio creado. De ese modo, protegió al devoto del Señor.

Durvasa Muni huye del disco Sudarshana

Del mismo modo que las ardientes llamas de un incendio persiguen a una serpiente en el bosque, el disco de la Suprema Personalidad de Dios salió en persecución de Durvasa Muni.

La ofensa contra Ambarisa Maharaja 3

Éste, al ver el disco a sus espaldas, a punto de tocarle, corrió a toda velocidad hacia la montaña Sumeru para refugiarse en una cueva.

Durvasa Muni huyó por todas partes y en todas direcciones; buscó protección en el cielo, en la superficie de la Tierra, en las cuevas, en el mar, en los planetas de los gobernantes de los tres mundos, e incluso en los planetas celestiales, pero, allí donde iba, siempre veía tras él el insoportable fuego del cakra Sudarsana.

Con el corazón lleno de miedo, Durvasa Muni fue de un lugar a otro en busca de refugio, pero, al ver que no lo hallaba, finalmente fue a ver al Señor Brahma y le dijo: “¡Oh, mi señor!, ¡oh, Señor Brahma!, por favor, protégeme del ardiente cakraSudarsana enviado por la Suprema Personalidad de Dios”.

El Señor Brahma dijo: Al final de un dvi-parardha, cuando el Señor da fin a Sus pasatiempos, el Señor Visnu, con un simple gesto de Sus cejas, destruye el universo entero, y con él, nuestras propias moradas. Grandes personalidades como yo y el Señor Shiva, así como Daksa, Bhrigu y los demás grandes santos, junto con los gobernantes de las entidades vivientes, de la sociedad humana y de los semidioses, nos sometemos a esa Suprema Personalidad de Dios, el Señor Visnu, postrando nuestras cabezas, y cumplimos Sus órdenes para beneficio de todas las entidades vivientes.

Ante la negativa del Señor Brahma, Durvasa, muy atormentado por el ardiente fuego del cakra Sudarsana, trató de refugiarse en el Señor Shiva que siempre reside en su planeta, Kailasa. El Señor Shiva dijo: “Mi querido hijo, yo, el Señor Brahma y los demás semidioses, que damos vueltas por el universo falsamente convencidos de nuestra grandeza, no disponemos de ningún poder para competir con la Suprema Personalidad de Dios, pues el Señor, con una simple indicación, trae a la existencia y aniquila infinidad de universos, con todos sus habitantes. Para resolver tu problema, debes acudir a esa Suprema Personalidad de Dios, pues tampoco nosotros podemos resistir el cakra Sudarsana. Ve al Señor Visnu. Él, sin duda, será lo bastante bondadoso como para concederte toda buena fortuna”.

Durvasa Muni acude al Señor Supremo

Tras este desengaño, pues hasta el Señor Shiva le negó refugio, Durvasa Muni fue a Vaikuntha-dhama, donde la Suprema Personalidad de Dios, Narayana, reside con Su consorte, la diosa de la fortuna.

La ofensa contra Ambarisa Maharaja 2

Abrasado por el calor del cakra Sudarsana, Durvasa Muni, el gran místico, se postró a los pies de loto de Narayana. Con el cuerpo tembloroso, dijo: “¡Oh, Señor ilimitado e infalible, protector del universo entero!, Tú eres el único objeto que los devotos pueden desear. Mi Señor, soy un gran ofensor. Por favor, protégeme. ¡Oh, mi Señor!, ¡oh, controlador supremo!, sin conocimiento de Tu ilimitado poderío, he ofendido a Tu muy querido devoto. Ten la inmensa bondad de salvarme de la reacción de esta ofensa. Tú puedes hacerlo todo, pues, incluso si una persona merece el infierno, Tú puedes liberarla por el simple hecho de despertar en su corazón el santo nombre de Tu Señoría”.

La Suprema Personalidad de Dios dijo al brahmana: “Yo dependo por completo de Mis devotos. En verdad, no tengo la menor independencia. Como ellos están libres de todo deseo material, Yo simplemente Me sitúo en lo más profundo de sus corazones. Pero, ¿qué puedo decir de Mi devoto, si hasta los devotos de Mi devoto Me son muy queridos? ¡Oh, el mejor de los brahmanas!, sin esas personas santas, para quienes soy el único destino, Yo no deseo disfrutar de Mi felicidad trascendental ni de Mi opulencia suprema. Los devotos puros abandonan su hogar, esposa, hijos, familiares, riquezas y hasta su misma vida sólo por servirme, sin ningún deseo de progreso material ni en esta vida ni en la siguiente. ¿Cómo podría yo abandonar nunca a esos devotos? Como mujeres castas que llegan a controlar a sus nobles maridos con el servicio que les ofrecen, los devotos puros, que son ecuánimes con todos y están completamente apegados a Mí en lo más profundo del corazón, llegan a dominarme por completo”.

“¡Oh, brahmana!, permite que ahora te dé un consejo para tu propia protección. Escúchame, por favor. Al ofender a Maharaja Ambarisa, has actuado con envidia de ti mismo. Por eso, debes ir a verle inmediatamente, sin perder ni un instante. Los supuestos poderes que se tengan, si se emplean contra un devoto, acaban, sin duda, por dañar a quien los utiliza. El perjudicado no es el objeto, sino el sujeto. Ciertamente, la austeridad y la erudición son auspiciosas para los brahmanas, pero, en manos de una persona de mal carácter, esa austeridad y esa erudición son muy peligrosas. Por eso, ¡oh, el mejor de los brahmanas!, debes acudir inmediatamente al rey Ambarisa, el hijo de Maharaja Nabhaga. Te deseo toda buena fortuna. Si puedes satisfacer a Maharaja Ambarisa, encontrarás la paz”.

El Sudarshana perdona a Durvasa Muni

Nada más recibir este consejo del Señor Visnu, Durvasa Muni, que sufría la implacable persecución del cakra Sudarsana, acudió inmediatamente a Maharaja Ambarisa. Muy afligido, el muni se postró ante el rey y abrazó sus pies de loto.

Cuando Durvasa tocó sus pies de loto, Maharaja Ambarisa sintió mucha vergüenza, y, como era muy misericordioso, su pesar fue aún mayor cuando vio que Durvasa trataba de ofrecerle oraciones. Por lo tanto, empezó de inmediato a ofrecer oraciones a la gran arma de la Suprema Personalidad de Dios.

La ofensa contra Ambarisa Maharaja 1

Maharaja Ambarisa dijo: “¡Oh, cakra Sudarsana!, tú eres el fuego, eres el muy poderoso Sol y eres la Luna, el señor de todos los astros luminosos. Tú eres el agua, la tierra y el cielo, eres el aire, eres los cinco objetos de los sentidos, y eres también los sentidos. ¡Oh, predilecto de Acyuta, la Suprema Personalidad de Dios!, tú tienes miles de radios. ¡Oh, amo del mundo material, destructor de todas las armas, visión original de la Personalidad de Dios!, yo te ofrezco respetuosas reverencias. Ten la bondad de brindar refugio y buena fortuna a este brahmana”.

Cuando el rey ofreció oraciones al cakra Sudarsana y al Señor Visnu, el cakra se calmó y dejó de quemar al brahmana Durvasa Muni. Al verse libre del fuego delcakra Sudarsana, Durvasa Muni, el muy poderoso místico, se sintió completamente satisfecho, de modo que comenzó a alabar las cualidades de Maharaja Ambarisa y le ofreció las más elevadas bendiciones.

Durvasa Muni dijo: “Mi querido rey, hoy he podido comprobar la grandeza de los devotos de la Suprema Personalidad de Dios, pues, a pesar de haberte ofendido, tú has orado por mi buena fortuna. Nada hay que no puedan hacer, y nada hay que no puedan abandonar aquellos que han alcanzado a la Suprema Personalidad de Dios, el amo de los devotos puros. Lo imposible no existe para los sirvientes del Señor. Sólo de escuchar Su santo nombre, nos purificamos. ¡Oh, rey!, has pasado por alto mis ofensas y me has perdonado la vida. Eres tan misericordioso que ahora tengo una gran deuda contigo”.

Esperando el regreso de Durvasa Muni, el rey aún no había comido. Así pues, cuando el sabio regresó, el rey se postró a sus pies de loto, complaciéndole en todo, y le dio de comer suntuosamente. El rey recibió respetuosamente a Durvasa Muni, quien, después de comer toda clase de sabrosos alimentos, se sentía tan satisfecho que, con mucho afecto, pidió al rey que comiese también, diciéndole: “Por favor, toma tu almuerzo”. Durvasa Muni dijo: “Mi querido rey, estoy muy complacido contigo. Al principio te consideré un ser humano corriente y acepté tu hospitalidad, pero, más tarde, con mi propia inteligencia he podido darme cuenta de que tú eres el devoto más excelso del Señor. De esa forma, por el simple hecho de verte, tocar tus pies y hablar contigo, me siento complacido y estoy en deuda contigo”.

Así, completamente satisfecho, el gran yogi místico Durvasa pidió permiso al rey y se marchó, glorificándole sin cesar. Siguiendo las rutas del cielo, llegó a Brahmaloka, donde no hay agnósticos ni áridos especuladores filosóficos.

El muni había salido del hogar de Maharaja Ambarisa, y, en espera de su regreso, el rey siguió ayunando durante todo un año, manteniéndose exclusivamente de agua.

Al cabo de un año, cuando Durvasa Muni regresó, el rey Ambarisa le sirvió suntuosamente toda clase de alimentos puros, y no comió mientras no le hubo servido. Cuando el rey vio que el brahmana Durvasa se había liberado del gran peligro de ser quemado, se dio cuenta de que, por la gracia del Señor, también él era poderoso, pero no se dio la menor importancia, pues todo lo había hecho el Señor.

Fue así cómo, gracias al servicio devocional, Maharaja Ambarisa, que estaba dotado de muchas cualidades trascendentales, cobró plena conciencia del Brahman, de Paramatma y de la Suprema Personalidad de Dios, y ofreció un servicio devocional perfecto. Debido a su devoción, el planeta más elevado del mundo material no le parecía mejor que los planetas infernales.

Y todo el que recite esta narración, o simplemente piense en el relato de las actividades de Maharaja Ambarisa, se volverá un devoto puro del Señor, sin duda alguna.

 

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