A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada

La historia de Damodara (Krishna), siendo amarrado por el amor puro de Su madre, y contada por el fundador del Movimiento Hare Krishna.

Un día, al ver que todas las sirvientas estaban ocupadas en otras tareas domésticas, madre Yasoda se puso a batir el yogur ella misma. Mientras lo hacía, recordaba las actividades infantiles de Krishna, y disfrutaba cantando acerca de todas esas actividades con canciones que ella misma componía.

Vestida con un sari de color amarillo azafrán, con un cinturón en torno a sus redondas caderas, madre Yasoda tiraba de la cuerda de batir realizando un considerable esfuerzo, que hacía que Sus ajorcas y pendientes se moviesen y sonasen al compás de las sacudidas de su cuerpo. Debido al intenso amorque sentía por su hijo, sus senos estaban húmedos de leche. Su rostro, de hermosísimas cejas, estaba empapado de sudor, y de sus cabellos se desprendían flores malati. Mientras madre Yasoda batía la mantequilla, el Señor Krishna, que deseaba beber la leche de su pecho, Se presentó ante ella y, para aumentar su placer trascendental, Se tomó del palo de batir dispuesto a no dejarla continuar.

Madre Yasoda abrazó a Krishna, dejó que Se sentase en su regazo y, llena de amor y cariño, se entregó a la contemplación del rostro del Señor. Su cariño era tan intenso que de sus senos comenzó a fluir la leche. Sin embargo, cuando vio que la leche que hervía en la cocina estaba a punto de salirse de la cacerola, dejó inmediatamente a su hijo y acudió a atender el fuego, aunque el niño no había satisfecho plenamente Su deseo de beber la leche de Su madre. Muy enfadado y mordiéndose los rojizos labios con los dientes, Krishna, con lágrimas falsas en los ojos, rompió la vasija de yogur con una piedra. Acto seguido, Se escondió en una habitación y, donde nadie Le veía, Se puso a comer la mantequilla recién batida.

Madre Yasoda, después de retirar del fuego la leche caliente, volvió al lugar en que batía la mantequilla. Al ver que la vasija de yogur estaba rota y que Krishna no estaba allí, dedujo que aquello tenía que ser obra de Krishna. Krishna, en ese momento, estaba sentado sobre un mortero de madera vuelto del revés. Sobre el mortero de moler especias, Krishna repartía yogur, mantequilla y otros productos lácteos entre los monos a Su entera satisfacción.

Como había robado, no dejaba de mirar a Su alrededor lleno de ansiedad, sospechando que Su madre podría castigarle. Madre Yasoda, al verle, se Le acercó por detrás con gran sigilo. Cuando vio que Su madre se Le acercaba con un palo en la mano, el Señor Sri Krishna Se bajó rápidamente del mortero y salió huyendo como si tuviese mucho miedo. Los yogis, que tratan de atrapar la forma de Paramatma por medio de la meditación, y que realizan grandes austeridades y penitencias para entrar en la refulgencia del Señor, no logran llegar a Él. Pero madre Yasoda, pensando que esa misma Personalidad de Dios, Krishna, era su hijo, salió corriendo tras Él dispuesta a atraparle.

Mientras perseguía a Krishna, madre Yasoda se vio naturalmente forzada a disminuir su velocidad, con su fina cintura abrumada por el peso de sus senos. Corría tanto para alcanzar a Krishna, que se le soltaron los cabellos, y las flores que adornaban su peinado dejaron una estela a su paso. No obstante, consiguió atrapar a su hijo Krishna.

Viéndose atrapado por madre Yasoda, Krishna sintió muchísimo temor y reconoció la insolencia cometida. Ella, al mirarle, vio que estaba llorando y que, al frotarse los ojos con las manos, el cosmético negro que realzaba Sus ojos se mezclaba con las lágrimas y se extendía por toda Su cara. Madre Yasoda, tomando a su hermoso hijo de la mano, Le dio una suave reprimenda. Sin saber quién era Krishna ni hasta dónde llegaba Su poder, madre Yasoda estaba siempre cautivada de un intenso amor por su hijo. Debido a su cariño maternal por Krishna, nunca se preocupó siquiera de saber quién era Él. Por eso, cuando vio que su hijo tenía muchísimo miedo, soltó el palo y se propuso atarle para que no cometiese nuevas travesuras.

La Suprema Personalidad de Dios no tiene ni principio ni final, exterior ni interior, parte delantera o trasera. En otras palabras, Él es omnipresente. Puesto que no Se halla bajo la influencia del elemento tiempo, para Él no hay diferencia entre el pasado, el presente y el futuro; Él existe en Su propia forma trascendental en todas las fases del tiempo. Como es absoluto y está más allá de toda relatividad, está libre de las distinciones entre causa y efecto, aunque es la causa y el efecto de todo. Esa persona no manifestada, que está más allá de la percepción de los sentidos, había descendido ahora en la forma de un niño humano, y madre Yasoda, considerándole su propio hijo, un niño corriente, Le ató al mortero de madera con una cuerda.

Cuando trató de atar a su travieso hijo, madre Yasoda vio que la cuerda se quedaba corta por el ancho de dos dedos. Entonces trajo otra cuerda para unirla a la anterior. Pero a la nueva cuerda le faltaba también el ancho de dos dedos. Cuando le añadió otro cabo, seguía siendo dos dedos demasiado corta. Por más cuerdas que añadía, no conseguía nada; no había manera de completar aquella separación. Madre Yasoda acabó uniendo todas las cuerdas que encontró en casa, pero, aun así, no consiguió atar a Krishna. Las amigas de madre Yasoda, las gopis mayores del vecindario, sonreían y disfrutaban muy divertidas. Madre Yasoda, pese a sus intensos esfuerzos, también sonreía. Todas ellas estaban completamente asombradas.

Con el intenso esfuerzo que realizaba, madre Yasoda tenía todo el cuerpo empapado en sudor, y las flores y la peineta se le desprendían de los cabellos. Al ver la fatiga de Su madre, el niño Krishna fue misericordioso con ella y consintió en ser atado.

Todo este universo, con sus grandes y excelsos semidioses, como el Señor Siva, el Señor Brahma y el Señor Indra, se halla bajo el control de la Suprema Personalidad de Dios. El Señor Supremo, sin embargo, posee un atributo trascendental: Se deja controlar por Sus devotos. Ésa era la cualidad que Krishna manifestaba ahora en ese pasatiempo. Ni el Señor Brahma, ni el Señor Siva, ni la mismísima diosa de la fortuna, que es la compañera inseparable del Señor Supremo, pueden obtener de la Suprema Personalidad de Dios, el liberador del mundo material, la misericordia que recibió madre Yasoda. La Suprema Personalidad de Dios, Krishna, el hijo de madre Yasoda, está al alcance de los devotos que se ocupan en servicio amoroso espontáneo, pero los especuladores mentales, quienes se esfuerzan arduamente por la autorrealización mediante rigurosas austeridades y penitencias, o quienes identifican el cuerpo con el ser, no pueden llegar a Él tan fácilmente.

Mientras madre Yasoda se absorbía en las tareas del hogar, el Señor Supremo, Krishna, observó los árboles gemelos yamala-arjuna, que en un milenio anterior habían sido los semidioses hijos de Kuvera. En su vida anterior, aquellos dos hijos, Nalakuvara y Manigriva, habían gozado de una opulencia y fortuna extraordinarias. Sin embargo, debido al orgullo y el prestigio falso, no guardaban la menor consideración hacia nadie, de modo que Narada Muni les maldijo a que se volviesen árboles.

La liberación de Nalakuvara y Manigriva

Nalakuvara y Manigriva eran grandes devotos del Señor Siva, pero la opulencia material les volvió muy descarados e insensatos. Un día se encontraban en un lago disfrutando con muchachas desnudas, y se paseaban de un lado a otro como dos perfectos desvergonzados, cuando de pronto pasó por allí Narada Muni. Tan embriagados estaban con sus riquezas y con su prestigio falso que, a pesar de ver a Narada Muni ante ellos, ni hicieron ademán de cubrirse el cuerpo, ni sintieron la menor vergüenza de su desnudez. En otras palabras, la opulencia y el prestigio falso les habían hecho perder todo sentido de la decencia.

Ésa es la naturaleza de los bienes materiales: tan pronto como adquirimos grandes riquezas, prestigio, posición y opulencia, nos creemos por encima de toda norma de buena educación, y ya no respetamos a nadie, así se trate del mismísimo Narada Muni. El castigo adecuado para esas personas confundidas (ahankara-vimudhatma), especialmente amigas de burlarse de los devotos, es sufrir de nuevo las miserias de la pobreza. Las reglas y regulaciones de los Vedas nos enseñan a dominar ese sentido falso de prestigio mediante la práctica de yama, niyama y demás procesos (tapasa brahmacaryena samena ca damena ca). Es muy fácil convencer a un pobre de que el prestigio de las posiciones de opulencia en este mundo es algo temporal, pero convencer a un rico, no es tan fácil. Por esa razón, el ejemplo de Narada Muni, que maldijo a aquellas dos personas, Nalakuvara y Manigriva, condenándolas a convertirse en árboles inconscientes e insensibles, es muy ilustrativo. Era el castigo adecuado.

Sin embargo, como Krishna siempre es misericordioso, a pesar de ser maldecidos, Nalakuvara y Manigriva tuvieron la gran fortuna de ver cara a cara a la Suprema Personalidad de Dios. Por lo tanto, el castigo impuesto por los vaisnavas no es un verdadero castigo, sino otra forma de misericordia. Por la maldición del devarsi, Nalakuvara y Manigriva se convirtieron en dos árboles gemelos arjuna en el patio de madre Yasoda y Nanda Maharaja, en espera de la oportunidad de ver a Krishna directamente.

El Señor Krishna, por el deseo de Su devoto, arrancó los árboles yamala-arjuna, y Nalakuvara y Manigriva, al ser liberados por Krishna después de cien años de losdevas, vieron revivir su antigua conciencia y ofrecieron a Krishna oraciones propias de los semidioses. Tras recibir aquella oportunidad de ver a Krishna directamente, comprendieron la gran misericordia de Narada Muni y, reconociendo la gran deuda contraída con él, le expresaron su agradecimiento. Luego, después de presentar sus respetos a la Suprema Personalidad de Dios, Krishna, caminando alrededor de Él, partieron hacia sus respectivas moradas.

Cuando los árboles yamala-arjuna cayeron, todos los pastores del vecindario escucharon el terrible sonido y corrieron al lugar, temerosos de que hubiera sido un rayo. Cuando vieron los árboles yamala-arjuna derribadosen el suelo, se sintieron confusos, porque, aunque podían constatar el hecho de que los árboles habían caído, no podían dar con la causa. Krishna seguía atado al ulukhala, el mortero que arrastraba tras de Sí. Pero, ¿cómo iba a haber derribado Él los árboles? ¿Quién lo había hecho? ¿Dónde estaba la causa de aquel suceso?

Reflexionando en todas esas cosas asombrosas, los pastores estaban dudosos y confusos. Entonces todos los pastorcillos dijeron: “Fue Krishna quien lo hizo. Cuando pasó por entre los dos árboles, el mortero quedó atravesado. Krishna tiró del mortero, y los dos árboles cayeron. Después de eso, dos hombres muy hermosos salieron de los árboles. Lo hemos visto con nuestros propios ojos”.

Debido al intenso cariño paternal, Nanda y los pastores de vacas no podían creer que Krishna hubiera arrancado los árboles de aquella forma maravillosa. Así, les era imposible tener fe en las palabras de los niños. Algunos de ellos, sin embargo, dudaban: “Según las predicciones, Krishna es como Narayana. Bien podría haberlo hecho Él”. Al ver que su hijo estaba atado al mortero de madera y que lo arrastraba tras de Sí, Nanda Maharaja sonrió y liberó a Krishna de Sus ataduras.

Krishna manifestaba actividades maravillosas cada día y a cada instante para aumentar el cariño paternal de Nanda Maharaja y Yasoda, quienes, de ese modo, se sentían a la vez sorprendidos y alegres. El derribo de los yamala-arjunas fue uno de esos maravillosos pasatiempos.

 

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