Sadaputa Dasa

Ideas sobre el mundo: védicas frente occidentales.

A finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve, los estudiosos y científicos europeos comenzaron a tomar contacto con la cultura de la India. Muchos quedaron impresionados por la antigüedad de la civilización védica y la profundidad espiritual y material del conocimiento contenido en los textos védicos. Sin embargo, otros intelectuales europeos se sintieron aterrados por estos temas. Por ejemplo, en 1825 el estudioso británico John Bentley escribió acerca de su conflicto con el científico John Playfair, quien admiraba la cultura india:

«Mediante su (de Playfair) intento de hacer prevalecer la antigüedad de los libros hindús contra los hechos absolutos, él, en consecuencia, apoya todos esos horrendos abusos que podemos encontrar en ellos, bajo la aparente aprobación de su antigüedad. … Es más, su propósito aún va más lejos; pues, mediante los mismos argumentos trata de trastornar el relato mosaico (de Moisés), y socavar los cimientos fundamentales de nuestra religión: pues si hemos de creer en la antigüedad de los libros hindús, como él anhela que hagamos, todos los relatos mosaicos no serían más que una fábula, o ficción».

Para Bentley, devoto cristiano, el hecho era simple. La narración mosaica de la Biblia dice que la tierra se creó hacia el año 4004 antes de Cristo, lo que contradice completamente las Escrituras védicas. Por consiguiente, o las Escrituras védicas o la Biblia son falsas.

Bentley y otros orientalistas pioneros como Sir William Jones y Max Müller se esforzaron, aunque sin ningún éxito, para convencer a la gente de que los textos védicos no eran otra cosa que fábulas y ficciones. Iniciaron una escuela de pensamiento que se halla sólidamente establecida en las universidades modernas, tanto en los países del occidente como en la misma India. Una de las enseñanzas de esa escuela es que toda la literatura védica, del Rig Veda hasta los Puranas, no es otra cosa que una maquinación fraudulenta escrita en época reciente.

Durante los primeros días de la indología, algunos escritores como Bentley expresaban abiertamente su opinión de que los autores védicos eran impostores, engañadores y tontos supersticiosos. Los estudiosos de hoy en día, habitualmente, expresan la misma conclusión, aunque empleando un lenguaje más moderado, lo que a veces da la impresión de que se hallan favorablemente dispuestos hacia la cultura védica. Sin embargo, la conclusión es la misma. Por ejemplo, Clifford Hospital enseña en la Universidad de la Reina, en Kingston, Canadá, y ha sido director del Departamento de Teología desde 1983. En una entrevista reciente, dirigida por el estudioso vaishnava Steven Rosen, discute sobre la fecha de compilación del Srimad-Bhagavatam:

Steven Rosen: ¿Y este (el Srimad-Bhagavatam) es anterior a Vopadeva?

Dr. Hospital: Oh, sí. Desde luego. Haciendo un aparte, lo que es interesante sobre su trabajo (el de J. A. B. van Buitenens y Friedholm Hardy) es que llevan a cabo un análisis detallado sobre la relación entre ciertas partes del Bhagavatam y la tradición Alvar del sur de la India. Creo que ambos dan un testimonio muy bueno de lo que muchos ya sospechaban desde hace tiempo: que la mayoría de las ideas del Bhagavatam proceden de la tradición del sur de la India.

Lo importante en esta afirmación es que si la mayoría de las ideas del Bhagavatam proceden de la tradición Alvar del sur de la India, entonces resultaría que el Bhagavatam no fue compuesto hace cinco mil años por Vyasadeva. Puesto que el texto del Bhagavatam dice que fue compilado por Vyasadeva, el comentario del Dr. Hospital es equivalente a decir que el verdadero autor del Bhagavatam es un fraude. Pero el Dr. Hospital lo dice empleando palabras agradables, sin utilizar un lenguaje brusco.

Todos los orientalistas, historiadores y arqueólogos de las universidades modernas están de acuerdo en afirmar que no hubo civilización alguna en la depresión del Ganges hace cinco mil años. Afirmar la existencia de esa civilización se considera totalmente indefendible. Eso significa que ningún estudioso moderno puede decir que los pasatiempos de Krishna narrados en el Bhagavatam y en el Mahabharata ocurrieron en realidad. Según las conclusiones aceptadas de los estudiosos, la civilización en la que tuvieron lugar esos pasatiempos sencillamente no existió. Las historias de esa civilización son mitología y fueron inventadas de manera gradual a partir de una versión primera del Mahabharata hacia el siglo III antes de Cristo, que culminaría en el Bhagavatam, hacia el siglo IX de la era cristiana.

Los orientalistas, a menudo, dicen que los antiguos indios se contentaban con las fábulas y no tenían interés alguno en poner por escrito la historia. Sin embargo, algunos estudiosos tradicionales védicos están en completo desacuerdo con estas ideas. Por ejemplo, el Pandit Kota Vankatachela ha escrito un libro que ofrece la secuencia completa de reyes de Magadha desde la época del Mahabharata hasta la invasión musulmana de la India dirigida por Mohamed Ghori en 1193. Se basa en los Puranas y otros textos sánscritos relacionados con ellos para ofrecer las fechas de los reinados de esos reyes. En la página 18 hay un cuadro donde aparecen esos reyes y las fechas de sus reinados, desde Jarasandha hasta la dinastía de Chandragupta Maurya.

Según el texto de Vankatachela, la historia escrita de la India se extiende desde la época medieval hasta el momento en que se produjo la batalla de Kuruksetra. Pero sus fechas están en desacuerdo con las aceptadas conclusiones de los estudiosos. Por ejemplo, observen las fechas del reinado del Chandragupta Maurya (1534-1500 antes de Cristo). Según los orientalistas, Chandragupta Maurya fue contemporáneo de Alejandro Magno, que invadió la India en 326 antes de Cristo. Rechazan la lista de reyes de Vankatachela y la tachan de ficticia.

¿Cuál es la verdad? Hallar la verdad con una certeza razonable requiere un amplio estudio. Los orientalistas han escrito cientos de libros y artículos mostrando sus opiniones, y habrían de ser cuidadosamente estudiados. En la mayoría de los textos sánscritos se encuentra información histórica, incluidos los Puranas principales y los secundarios, los comentarios a los Puranas y todas las obras relacionadas con ellos. También deberían estudiarse otras fuentes (documentos de los templos, jyotisa sastras, documentos de calendarios, obras de los panditas tradicionales como, por ejemplo, Vankatachela) y, por último, encontrar la evidencia arqueológica, así como documentos de otras civilizaciones antiguas.

Una de las estrategias principales de los primeros orientalistas fue el empleo de la ciencia como arma que demostrara lo absurdo de las Escrituras védicas. Observaron que romper la fe de la gente en las enseñanzas filosóficas y metafísicas de las Escrituras no es fácil, pues se refieren a temas más allá del alcance de los sentidos. Pero si demostraban que las Escrituras ofrecían una narración inexperta de los fenómenos naturales observables, ello haría que la gente perdiera su fe en todas sus enseñanzas. Bentley señaló este aspecto en relación con la ciencia de la astronomía:

«Es mediante la investigación de la verdad, y la puesta en evidencia de los mandatos brahmánicos, que únicamente puede lograrse gracias a la astronomía, que los esfuerzos de todos aquellos que, de manera loable, tratan de presentar la verdadera religión y moralidad (cristianismo) entre los hindús podrán alcanzar su real y benéfico efecto. En tanto los mandatos y falsedades contenidas en los libros hindús, obras de sus sabios antiguos y que la gente se ve forzada a creer, no se muestren abiertamente, poco progreso se hará; pero hagamos que se descorra el velo, denunciemos las exigencias y mandatos mediante una investigación veraz y racional, y la nube del error desaparecerá por sí sola; y entonces no sólo estarán más dispuestos, sino que ansiarán recibir la palabra de la verdad».

Los orientalistas, desde la época de Bentley, se han esforzado lo suyo para demostrar que la astronomía védica consiste en una serie de ideas ignorantes originadas en la India, e ideas científicas tergiversadas tomadas de los griegos y babilonios. Podemos adelantar que tal afirmación es incorrecta, sin embargo sería necesaria mucha investigación. Se ha dado un paso con la publicación del libro Vedic Cosmography and Astronomy (Astronomía y cosmografía védica).

Como se ha comprobado, la estrategia de emplear la ciencia para desacreditar las Escrituras védicas les ha resultado como un tiro por la culata. También se han servido de la ciencia para desacreditar el cristianismo. Como resultado, la mayoría de los orientalistas actuales tienen la tendencia a mantener una postura secular, y rechazan la literatura védica calificándola de falsa, no porque esté en desacuerdo con el cristianismo, sino porque no está de acuerdo con los principios fundamentales de la ciencia moderna. Asimismo, los indios con una cultura universitaria, en lugar de disponerse a recibir la «palabra de Dios» cristiana, asumen las ideas mecanicistas de la ciencia moderna. El impacto del pensamiento científico moderno en el entendimiento popular de los textos védicos se demuestra en las citas siguientes del Dr. H. Daniel Smith, profesor de religión en la Universidad de Siracusa. Hablando sobre el Ramayana dice:

Dr. Smith: Bueno, para empezar desde lo más elemental, tiene que ver con la manera en que se traduce el término avatara, de manera más específica, en qué sentido, si es que en alguno, fue histórico el avatara de Rama. Si lo fuera, ¿cuándo? y ¿dónde?

Steven Rosen: Dicen que en Tetra-yuga.

Dr. Smith: Esa es la respuesta que se da. Y los más literales incluso aproximan una fecha, en julio de tal y cual año. Y eso está bien de cara al creyente, pero no es más que una de las muchas perspectivas posibles. Entienda, es esa confianza literal en la historicidad del hecho, del mismo modo que los cristianos confían de manera absoluta en la historicidad de Jesús, lo que supone el quid del asunto.

Steven Rosen: Desde luego.

Dr. Smith: Al igual que muchos cristianos afirman que Jesús existió en Jerusalén el año Uno, muchos hindús dicen, como afirma el Ramayana, que Rama existió, que vivió en Ayodhya, y cuando marchó se dirigió a Lanka, donde se enfrentó y derrotó a Ravana y obligó a rendirse a sus huestes. En fin, se trata de un vínculo muy apretado que el pueblo fuerza sobre sí. Mientras que, en el otro extremo, otra manera de tomarlo es considerarlo un mito. No me malinterprete: esa opinión no necesariamente significa que la narración sea ficticia; lo que significa es que el Ramayana cuenta una historia que no necesariamente ha de interpretarse de manera literal, y que no es más que una historia, que nos cuenta mucho sobre la naturaleza humana.

Steven Rosen: ¿Y algunos creyentes lo asumen así?

Dr. Smith: Desde luego. Bastantes hindús comparten esta perspectiva, no muchos pero hay unos cuantos que sí. Por ejemplo, ¿cómo lo asumen los licenciados de las universidades? Bueno, algunos regresan a sus infancias diciendo: «Oh Rama. Bendito Rama». Otros, sin embargo, tratan de pensar en ello en términos míticos, y tratan de descubrir referencias íntimas psicológicas en sus propias experiencias.

Observen el intento de amortiguar el golpe: Un mito no tiene por qué ser ficticio; no es otra cosa que una narración que no tiene por qué ser tomada literalmente, que nos dice algo sobre la naturaleza humana. Las razones que Smith aporta para afirmar que el Ramayana es un mito son significativas. Primero, tenemos el problema de afirmar que Rama vivió en Ayodhya durante Tetra-yuga. Lo cual niega la teoría darwiniana de la evolución la cual afirma que por esa época, hace más de 864.000 años, no existían seres humanos tal como los conocemos.

Una investigación cuidadosa, sin embargo, puede mostrar evidencias contrarias a las ideas científicas asumidas que están de acuerdo con la presentación védica. Drutakarma Dasa y yo mismo hemos terminado un libro de unas 900 páginas, que llevará por título Arqueología prohibida, que ofrece amplia evidencia demostrando que vivían seres humanos del tipo moderno desde hace millones de años.

Otro problema que adelanta el Dr. Smith es que si tomamos el Ramayana de manera literal, entonces no nos queda otro remedio que aceptar la existencia de seres como los raksasas, dotados de poderes místicos de consideración. Smith se refiere al Ramayana como una Disneylandia de fantasías, un mundo al que la gente educada universitaria difícilmente puede tomar en serio. Este mismo problema se hace extensivo a toda la literatura védica, que ofrece una visión de la realidad que asume la existencia de poderes místicos, seres con cuerpos sutiles, transmigración de las almas, y avataras de la Suprema Personalidad de Dios.

Esta es también un área donde los hallazgos de una cuidadosa búsqueda confirman la visión védica del mundo. Mucha de la evidencia en el campo de lo paranormal confirma la existencia de seres sutiles y de poderes místicos. La ciencia oficial tiene la tendencia de rechazar esta evidencia pues viola todas las teorías asumidas. Las redes teóricas, sin embargo, son variables, y muchos científicos eminentes han estudiado de manera seria los fenómenos paranormales. Todos los hallazgos del campo paranormal concuerdan con la versión védica. Ofrecen un apoyo empírico a la realidad de la presentación védica, y la literatura védica ofrece un armazón científico racional para la compresión de los fenómenos paranormales.

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