mahabharata

Traducido del sánscrito por Hridayananda Dasa Goswami

Bhima, oculto disfrazado de brahmana, tiene la oportunidad de utilizar su extraordinaria fuerza.

El sabio Vaisampayana narra la historia de los Pandavas a su bisnieto el rey Janamejaya. A continuación, vemos a los Pandavas que se han disfrazado de brahmanas y viven en la casa de una familia de brahmanas. Kunti, la madre de los Pandavas, escuchó hablar a la familia sobre un gran apuro: uno de ellos ha de llevar comida a un rakshasa, un antropófago, y perder la vida. Kunti se ofrece para resolver la situación.

Kunti Devi dijo al brahmana:

―No debes deprimirte en absoluto por este peligro, pues existen medios para librarse del rakshasa. Tú eres padre de un hijo pequeño y una virgen santa. No creo que ustedes, los niños, ni tu esposa, deban ir. Yo tengo cinco hijos, oh brahmana, y uno de ellos se hará cargo de llevar las ofrendas en su nombre ante el pecador rakshasa.

El brahmana respondió:

―Aunque deseo vivir, en absoluto haré lo que sugieres. Si un brahmana es mi invitado, no puedo aprovecharme de su vida en mi propio interés. Incluso entre las más bajas e irreligiosas mujeres no existe la norma de que una mujer haya de sacrificarse ella o alguno de sus hijos en beneficio de un brahmana. Yo debo saber qué es lo mejor para mí, y entre asesinar a un brahmana y sacrificarme yo mismo, lo mejor es que yo acabe con mi vida.

―La muerte de un brahmana es el más grande de todos los pecados. Nada hay que lo expíe, aunque se cometa sin desearlo, así que es mejor que yo me quite la vida. Yo no deseo ser matado, buena mujer, pero si son otros los que me matan no incurriré en pecado alguno. Ahora bien, si intencionadamente provocara la muerte de un brahmana, no veo que haya expiación posible para tal desvergonzado acto de crueldad. De igual modo, sacrificar a una persona que ha acudido a mi hogar en busca de amparo, provocar la muerte de alguien que me pide caridad, lo consideraría la crueldad suprema. Antiguamente, las grandes almas que comprendían los deberes religiosos llevados a cabo en momentos difíciles, dijeron que nadie debe cometer un acto abominable o un acto de crueldad. Es mejor que yo perezca con mi esposa, pues jamás permitiré la muerte de un brahmana bajo ninguna circunstancia.

Kunti Devi dijo:

Brahmana erudito, mi mente no se apartará de mi convicción de que los sabios como tú deben ser protegidos. Y no es que no ame a mis hijos. Aunque tuviera cien los amaría cariñosamente a todos y cada uno. Lo cierto es que el rakshasa no tiene la fuerza necesaria para matar a mi hijo.

―Mi hijo conoce a la perfección el arte de los mantras. Es poderoso y capaz de arder como el fuego. Estoy convencido de que llevará la comida al rakshasa y se liberará. Hemos visto como muchos potentes y gigantescos rakshasas han peleado contra mi heroico hijo, y cada uno de ellos sucumbió.

―Pero esto, oh brahmana, no ha de mencionarse a nadie suceda lo que suceda, pues mucha gente desearía enterarse, y por curiosidad podrían molestar a mis hijos. Y sin el consentimiento de su guru, aunque mi hijo deseara impartir el conocimiento a otra persona, la ciencia no tendría efecto. Esa es la opinión de los sabios.

Ante estas palabras de Kunti el brahmana y su esposa jubilosamente aceptaron su propuesta, que les pareció como el néctar de la resurrección de los dioses. A continuación, Kunti y el brahmana fueron a hablar con Bhima explicándole que debía encargarse de llevar a cabo la proeza. Él accedió y dijo: «Que así sea».

Las protestas de Yudhisthira

Oh Bharata, después de que Bhima diera su palabra, diciendo: «¡Lo haré!», los Pandavas regresaron al hogar, trayendo las viandas que habían reunido.

Yudhisthira, hijo de Pandu, conocía muy bien a su hermano y pudo deducir de su aspecto que algo estaba ocurriendo. Reuniéndose en privado con su madre, Yudhisthira le preguntó:

―¿Qué está Bhima a punto de llevar a cabo, con sus inmensos poderes? ¿Tiene permiso para hacer alguna cosa en esta ciudad?

Kunti Devi dijo:

―Sí. Siguiendo mis órdenes, Bhima, el que calcina a su enemigo, realizará una tarea mayúscula con el fin de ayudar al brahmana y liberar la ciudad.

Yudhisthira Maharaja (sabiendo cual era la tarea) dijo:

―¿A qué se debe ese impulsivo entusiasmo que te ha llevado a una decisión tan irreflexiva? Los santos no recomiendan que una madre sacrifique a su propio hijo. ¿Por qué deseas abandonar a tu hijo en favor del hijo de otra persona? Al sacrificar a tu hijo, has violado las normas morales de este mundo. Gracias a sus brazos todos nosotros dormimos pacíficamente por la noche y recuperaremos el reino que nos fue arrebatado por nuestros malvados primos. El coraje y fuerza de Bhima es tan inconmesurable, que Duryodhana y Sakuni, solamente por pensar en él, son incapaces de dormir tranquilamente en sus muchas mansiones. Gracias al poder de este poderoso héroe, nos salvamos de la casa de laca y de otros malvados. Él fue quien acabó con Purochana. Debido a que dependemos de sus fuerzas, confiamos en que acabaremos con los hijos de Dhritarastra y recuperaremos nuestro reinado, que por derecho nos pertenece, sobre esta abundante tierra. ¿En qué estabas pensando que te convenció a abandonarle? ¿Puede ser que tu inteligencia se viera cubierta por tantas dificultades, que perdiste la capacidad de distinguir?

Kunti Devi Dijo:

―Yudhisthira, no debes lamentarte por Bhima. Ni yo llegué a tal conclusión debido a un momento de debilidad. Aquí, en esta casa del brahmana, hemos vivido felizmente, hijo mío, y correctamente he llegado a la conclusión de que debemos darle algo a cambio. Después de todo al hombre se le conoce por su gratitud; los grandes hombres recuerdan lo que los demás han hecho por ellos.

―Después de ver la gran resistencia de Bhima demostrada en la casa de laca y en la muerte de Hidimba, en estos momentos tengo plena confianza en él. La gran fortaleza de los brazos de Bhima es igual a la fuerza de miles de elefantes, y gracias a esa fuerza todos ustedes, que son como elefantes, fueron sacados de Varanavata. No existe, ni existirá nadie con la fuerza de Bhima. ¿Por qué? Porque pudo enfrentarse en pelea contra Indra, el portador del rayo, el mejor de los dioses. Hace tiempo, cuando era un recién nacido, cayó de mi regazo por la ladera de una colina. Tan fuerte era su cuerpo que sus miembros destrozaron las piedras de la montaña.

―Con la inteligencia debida, pues, recordé la verdadera fuerza de Bhima y tomé la decisión de pagar nuestra deuda al brahmana. Esta decisión no es resultado ni de la codicia ni de la ignorancia, ni tiene como fundamento la ofuscación. Pensando adecuadamente he determinado nuestro deber. Hay que satisfacer dos objetivos: pagar nuestra estancia en esta casa, y realizar un acto de gran piedad. He escuchado de boca de las autoridades que el caballero que ayuda a un brahmana en un momento de necesidad alcanza los planetas donde moran los piadosos. El guerrero que salva a otro guerrero de la muerte alcanza una gloria sin límites en este mundo y en el siguiente. El guerrero que ayuda a un mercader en una batalla es seguro que lograra la fama entre los ciudadanos de todos los países. Y el rey que salva a un obrero que acude a él en busca de amparo nacerá en una familia rica honrada por el gobierno.

―Vyasadeva, la encarnación de Dios, ya ha explicado estas instrucciones, oh, hijo de Kaurava, y él es extremadamente sabio. Por consiguiente, este es el debido curso de acción.

Yudhisthira Maharaja dijo:

―Madre, tú obraste llena de compasión por un brahmana sufriente, y ahora me doy cuenta de que tu plan es adecuado y está bien concebido. Es seguro que Bhima acabará con el antropófago y regresará junto a nosotros. Pero debemos seriamente aconsejar y prohibir al brahmana de modo que los demás habitantes de la ciudad no nos descubran.

Bhima se enfrenta a Baka

Cuando hubo pasado la noche, el Pandava Bhimasena reunió los alimentos y se dirigió al lugar donde esperaba el antropófago. En las cercanías del bosque del rakshasa, el poderoso Pandava gritó su nombre, para que viniera a comer los alimentos. Después de oír los gritos de Bhima, el rakshasa apareció enfurecido en el lugar donde este se encontraba. El cuerpo de Baka era enorme, y según se aproximaba a gran velocidad hacía temblar la tierra. Frunció sus cejas, que se erizaron como tridentes y se mordió horriblemente los labios.

(Bhima, mientras esperaba al demonio, empezó a comer los alimentos). El rakshasa, al ver que Bhimasena estaba comiéndose lo que le estaba destinado abrió totalmente sus ojos y lleno de ira dijo:

―¿Quién es este hombre estúpido que ante mis propios ojos osa comerse los alimentos que me envían? ¡Debe estar ansioso por enfrentarse al señor de la muerte!

Oh, Bharata, Bhima, al escuchar estas palabras, no hizo otra cosa que reírse, ignoró violentamente al rakshasa, miró hacia otro lado y continuó comiendo. Entonces, el antropófago, con un grito capaz de detener el corazón, elevó sus brazos y se apresuró con ánimo de matar a Bhimasena. Pero el poderoso guerrero Pandava volvió a demostrar su desprecio al rakshasa, pues sin tan siquiera levantar la vista continuó comiendo.

Loco de indignación, el rakshasa se situó detrás del hijo de Kunti y le golpeó la espalda con ambos puños. Bhima, duramente golpeado por el poderoso demonio, no se digno ni siquiera a mirarle y continuó su comida.

A su debido momento, Bhima acabó de comer. Después de lavarse las manos y la boca con agua, el mejor de entre los hombres se levantó y con todo su enorme poder disfrutó ante la ocasión de pelear.

Iracundo, el poderoso rakshasa arrancó un árbol y de nuevo se dirigió contra Bhima, tratando de golpearle con su arma. El poderoso Bhima, viendo que el árbol se dirigía hacia él, simplemente lo cogió con la mano izquierda y se rió fuertemente, oh Bharata.

A continuación, el demonio arrancó muchas clases de árboles y los arrojó contra Bhima que se los fue devolviendo. Una terrorífica pelea de árboles se produjo entre el rakshasa y el Pandava, oh rey, de modo que destrozaron todos los árboles del bosque.

Baka, pronunciando con orgullo su propio nombre, se dirigió contra Bhima y le atrapó entre sus brazos. Bhimasena cogió entonces al rakshasa con sus propios brazos. Mientras el demonio se debatía entre el poderoso abrazo de Bhima, este lo arrastró y el rakshasa lo arrastró a él. Así fue como el rakshasa se sintió dominado por una intensa fatiga. Debido al gran poder de los dos guerreros, la misma tierra tembló. Luchando por todo el bosque pulverizaron los gigantescos árboles.

Vrikodara, Bhima, viendo claramente que el rakshasa se había quedado sin fuerzas, lo arrojó contra el suelo y lo golpeó con sus puños. A continuación, Bhima puso su rodilla sobre la espalda del demonio, mientras le tenía cogido por el cuello con la mano derecha y por la cintura con la izquierda. Mientras el demonio gemía y se debatía angustiado, Bhima le partió en dos. Al partirlo de ese modo la boca del demonio se inundó de sangre.

Los leales seguidores del rakshasa, horrorizados por los gritos, salieron de sus guaridas, oh rey, acompañados de sus sirvientes. El poderoso Bhima los tranquilizó, pues estaban prácticamente agonizando de terror. El mejor de entre los luchadores les hizo acordar un tratado:

―Ustedes, rakshasas, nunca volverán a atacar violentamente a los seres humanos. Aquellos que obren con violencia, morirán del mismo modo que Baka.

Oh Bharata, cuando los rakshasas oyeron estas palabras replicaron: «¡Que así sea!». Y aceptaron los términos del tratado. Desde aquella fecha, los rakshasas de aquel país se volvieron pacíficos y era posible verlos coexistir pacíficamente con los moradores de aquella región.

Bhima cogió el cuerpo del antropófago, lo arrojó ante las puertas de la ciudad y desapareció sin ser visto. Una vez muerto el demonio, Bhima regresó a la casa del brahmana y le contó al rey Yudhisthira todo lo ocurrido.

Al amanecer, cuando la gente salió por las puertas de la ciudad, pudo ver al rakshasa que yacía muerto sobre el suelo, partido en dos y con sangre todavía manando de su cuerpo, que parecía la cima de una montaña. Ante la aterradora escena, regresaron a la ciudad de Ekachakra e informaron de las nuevas.

Entonces, oh rey, los hombres de la ciudad vinieron a miles junto a sus esposas, familiares e hijos para ver al muerto Baka. Todos estaban atónitos ante tan sobrehumano hecho, levantaron sus plegarias y adoraron a sus deidades. Los ciudadanos calcularon quién tenía ese día el turno de alimentar al rakshasa. Así se acercaron a la casa del brahmana y le preguntaron qué había ocurrido.

El brahmana, aunque atosigado por las preguntas, protegió a los Pandavas. El mejor de entre los sabios respondió a la multitud:

―Cuando me fue ordenado que alimentara al demonio, lloré junto a mis familiares, y un poderoso brahmana de conocimiento perfecto de los mantras me encontró en aquel lastimoso estado. Primero me preguntó cuál era la causa de mis sufrimientos y luego sobre el infortunio de nuestra ciudad. Riendo para reconfortarme, aquel noble brahmana me dijo: «¡Yo le llevaré la comida al malvado Baka! No temas por mi destino». Tomó los alimentos y se dirigió al bosque de Baka. Está claro que fue ese santo quien realizó este acto para bien de todo el mundo.

Los brahmanas y los príncipes ksatriyas mostraron su asombro. En compañía de los mercaderes y obreros celebraron un festival en honor de los brahmanas (pues brahmana era quien les había salvado). Pronto, multitudes de todo el país se acercaron a la ciudad para ver tan gran maravilla. Los hijos de Pritha continuaron morando en el mismo lugar.

 

Back To Godhead © 1995

 

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