mahabharata

Traducido del sánscrito por Hridayananda Dasa Goswami

Los Pandavas oyen la historia del nacimiento de su futura esposa.

El sabio Vaisampayana narra la historia de los Pandavas a su bisnieto el rey Janamejaya. A continuación, vemos a los Pandavas que viven en Ekachakra, disfrazados de brahmanas, escuchar de labios de un brahmana viajero, la historia del nacimiento de Draupadi y su hermano Dhristadyumna.

El rey Janamejaya dijo:

―Los Pandavas eran verdaderos tigres entre los hombres. Oh, brahmana, después de acabar con Baka, el raksasa, ¿qué hicieron?

Sri Vaisampayana dijo:

―Bhima, después de acabar con Baka, junto con los demás Pandavas, continuaron residiendo en el mismo lugar, estudiando la Verdad Absoluta en casa del sabio brahmana. Pasados unos días, otro brahmana, de estrictos votos religiosos, pasó por la casa y solicitó cobijo. El brahmana anfitrión, primero entre los suyos, puesto que había hecho el voto de acoger a cuantos invitados le enviara Dios, honró cumplidamente al sabio visitante y le ofreció acogida.

Los nobles Pandavas y Kunti adoraron al santo caminante y tomaron asiento para escucharle cuando empezó a narrar diferentes relatos. Habló de muchos países, describiendo sus santos lugares, las hazañas de sus reyes y los diferentes atractivos de sus capitales.

A punto de terminar su recuento, el sabio mencionó que en el país llamado Panchala, la hermosa princesa Draupadi iba a celebrar una extraordinaria svayamvara, una ceremonia en la cual la princesa escoge a su marido de entre los príncipes más capacitados. También describió el singular nacimiento de Dhristadyumna y Sikhandi, y mencionó como Draupadi, la hija del rey Drupada, nació como resultado de un gran sacrificio, sin pasar por el vientre de su madre.

Los Pandavas, aquellos nobles varones, al oír estas asombrosas noticias, apremiaron al sabio a que relatara los pormenores de los hechos.

―¿Cómo se produjeron sucesos tan sorprendentes, como el que el hijo de Drupada, Dhristadyumna, brotara de las llamas del sacrificio y su hermana Draupadi apareciera en medio del altar del sacrificio? ¿Cómo aprendió Drhistadyumna el manejo de las armas del gran arquero Drona? ¿Y cómo fue posible que dos buenos amigos, como Drona y Drupada, se convirtieran en enemigos? ¿Qué provocó el rompimiento de su amistad?

Mi querido rey, cuando los elevados Pandavas apremiaron al sabio para que hablara, este empezó a explicar todo lo concerniente al nacimiento de Draupadi.

La rivalidad entre Drona y Drupada

El brahmana dijo:

―Cerca de los orígenes del Ganges (allí donde el sagrado río inicia su recorrido terrestre) vivía un poderoso santo y asceta llamado Bharadvaja, muy sabio y cumplidor de sus votos religiosos. En una ocasión, habiéndose acercado al Ganges para bañarse, observó a una casta apsara cuyo nombre era Ghritachi, una bailarina de los planetas celestiales, que se había acercado al lugar para bañarse. En ese preciso instante, mientras estaba de pie a la orilla del río, se levantó una ráfaga de viento que le arrebató el vestido.

El sabio, al contemplarla sin ninguna indumentaria, no pudo refrenar su deseo. Aunque había practicado cuidadosamente el celibato desde su infancia, su mente quedó en ese instante prendida de la semidiosa. Así de excitado, se esparció su semen. El sabio recogió su semilla en una vasija y de la misma nació Drona, hijo del sabio. Mientras era pequeño aprendió los Vedas y todas sus ramas.

Bharadvaja tenía un amigo llamado Prisata, un rey que tenía un hijo cuyo nombre era Drupada. El joven Drupada solía acudir al retiro del sabio y el enérgico príncipe estudiaba y jugaba con Drona. Poco tiempo después falleció y Drupada fue coronado rey.

Drona se enteró que el Señor Parasurama, retirado en el bosque, deseaba entregar toda su fortuna a los brahmanas. Por ello Drona, el hijo de Bharadvaja, se acercó a él y le dijo:

―Oh, noble dos veces nacido, yo soy Drona y has de saber que he venido en busca de dinero.

El Señor Parasurama le respondió:

―Lo único que me queda es mi cuerpo y mis armas. Por lo tanto, brahmana, puedes elegir entre los dos.

Drona le respondió:

―Señor, lo mejor es que me entregues todas tus armas y los medios para utilizarlas y esconderlas.

El Señor Parasurama, nacido de la dinastía Bhrigu, accedió a su deseo y le ofreció todas sus armas a Drona. Drona estaba llenó de júbilo, pues había recibido de manos de Parasurama la más codiciada de todas las armas: el brahmastra. Desde esos instantes superó a todos los mortales en armamento.

El hijo de Bharadvaja, con sus fuertes nuevos poderes, era un tigre entre los hombres. Yendo hasta el rey Drupada le dijo:

―Soy tu viejo amigo.

El rey Drupada respondió:

―Un hombre inculto no puede ser amigo de un sabio, ni un hombre sin cuadriga amigo de un luchador, ni alguien que no es rey amigo de un rey. ¿Para qué necesitamos un amigo del pasado?

Drona busca la venganza

El inteligente Drona prometió en ese mismo instante y lugar conquistar el reino de Drupada, el reino de Panchala. Drona se dirigió a Hastinapura, la capital de los caudillos Kuru. El antecesor Bhisma reunió a sus nietos y se los presentó al sabio Drona para que fueran sus discípulos. Bhisma también le entregó toda clase de riquezas.

El experto Drona, dispuesto a que Drupada sufriera por su afrenta, reunió a todos sus discípulos y les dijo:

―Cuando los alumnos han aprendido el uso de todas las armas, tienen una deuda con su maestro, que ha de ser satisfecha. Hay algo que deseo profundamente desde lo más íntimo de mi corazón. Ustedes, mis inocentes niños, deben prometerme que una vez que hayan aprendido sus armas me concederán este deseo.

Más adelante, cuando los Pandavas dominaron sus armas gracias a la práctica atenta, de nuevo Drona les mencionó la deuda al maestro y dijo:

―El hijo de Prisata es un monarca de nombre Drupada, que vive en la ciudad de Chatravati. Deben arrebatarle su reino y ofrecérmelo a mí.

Los cinco hijos de Pandu derrotaron a Drupada, lo arrestaron y lo trajeron, junto a sus ministros, ante Drona.

Sri Drona dijo:

―Una vez más, oh rey de hombre, solicito tu amistad. Alguien que no es rey es indigno de ser amigo de un rey. Por eso me he esforzado por conquistar tu reino de modo que pudiéramos así ser amigos. Tú serás el rey de la tierra que queda al sur del río Bhagirathi y yo el rey de la que queda al norte.

Este gran insulto, aunque se dijo en menos de un minuto, jamás abandonó el corazón de Drupada, y provocó su tristeza y enflaquecimiento.

El rey Drupada sirve a los sabios

El rey Drupada se convirtió en un hombre desilusionado y viajó hasta las moradas de muchos brahmanas buscando al mejor de entre los dos veces nacidos que conociera a la perfección la ciencia védica del modo de actuar. Tenía fe en que si conseguía un hijo poderoso, ese hijo defendería a su padre y calmaría el sufrimiento que entristecía su mente.

Drupada pensaba constantemente: «No tengo ningún hijo sobresaliente». Mientras nacían sus hijos el desanimado padre decía:

―¡Qué vergüenza de descendencia!

Siempre estaba suspirando, pues ansiaba devolverle el daño a Drona. Se torturaba ante su situación, pero por más que lo intentaba no veía el modo de contrarrestar con sus fuerzas bélicas las hazañas, el conocimiento, el poder y la disciplina de Drona.

Una vez, mientras vagaba por las riberas del Ganges, cerca de donde fluye el río Yamuna, se aproximó a una morada de brahmanas santificada. Cada uno de los brahmanas de aquel lugar estaba plenamente preparado, fiel a sus votos religiosos y altamente afortunado. Drupada, hijo de Prisata, observó en particular a dos magníficos hermanos, Yaja y Upayaja. Estos dos hermanos, nacidos de la familia de Kasyapa, sobresalían en sus estudios de los Vedas. Aquellos dos brahmanas, los primeros de entre todos los sabios del lugar, parecían adecuados para los fines de Drupada. Confiando en que ellos podían salvarle de la situación en la que se encontraba, los sirvió ágilmente, satisfaciendo todos sus deseos.

Drupada, después de confirmar la fuerza y conocimiento de ambos, se acercó al más joven de los hermanos, Upayaja, particularmente firme en sus votos, y de manera confidencial le ofreció todo lo que pudiera desear. El rey, ofreciendo sus servicios personales, dirigiéndose a él en un tono placentero y consiguiendo todo lo que deseaba, le honró en la forma tradicional.

A continuación Drupada le dijo a Upayaja:

―Querido brahmana, debe existir algún medio para que yo obtenga un hijo que acabe con Drona. Upayaja, hazlo por mí y te ofreceré diez millones de vacas, o cualquier otra cosa que desees. Oh, brahmana ilustre, no tengo ninguna duda sobre mis deseos, te daré todo lo que quieras si me ayudas.

El sabio replicó:

―No tengo intención de celebrar ningún rito especial.

Drupada, para lograr su gracia, continuó ofreciéndole sus servicios personales.

Después de transcurrido un año, en el momento más adecuado, el elevado brahmana Upayaja le dijo a Drupada con voz encantadora:

―Mi hermano mayor, mientras caminaba por el bosque cerca de una cascada, cogió una fruta que había caído en aquel lugar, pero no advirtió las impurezas del suelo. Yo iba tras él y observé la incorrecta conducta de mi hermano. Se comió un fruto impuro sin más averiguación. El fruto estaba lleno de impurezas pero no las vio. Cuando alguien es incapaz de observar la limpieza de una situación, ¿cómo será capaz de verla en otra?

―Cuando vivíamos en la casa de nuestro guru y estudiábamos los Vedas, mi hermano solía comerse siempre los restos de los donativos de los demás, alabando la calidad de los alimentos una y otra vez sin el menor signo de repulsión. Después de analizar cuidadosamente el tema he llegado a la conclusión de que a mi hermano no le importaría trabajar a cambio de un pago. Por consiguiente, llégate a él. Oh rey, y él te ayudará a llevar a cabo tu sacrificio.

El sabio rey, después de escuchar esta palabras de boca de Upayaja, que no le gustaron lo más mínimo, no expresó sus sentimientos.

Después de pensar de nuevo sobre el asunto, fue a adorar al venerable santo Yaja y le dijo:

―Mi señor, ocúpame en los ritos del sacrificio y te haré entrega de ochenta mil vacas. He sufrido mucho debido a mi conflicto con Drona, y es hora de que traigas un poco de felicidad a mi vida. Él es el mayor de los eruditos védicos, y nadie domina mejor que él la mortífera arma brahmastra. Por lo tanto, cuando nos peleamos como amigos, me derrotó con toda facilidad. No hay guerrero ni general sobre la tierra que pueda compararse al sabio hijo de Bharadvaja, que en la actualidad es el maestro de armas del imperio Kuru.

―Su enorme arco, cuya longitud es igual a tres brazas, es único. Cuando Drona libera su impenetrable red de flechas, consigue arrebatar los cuerpos de sus enemigos. Tiene una mente brillante y es un arquero extraordinario. Con sus poderes brahmínicos sin duda alguna que logra acabar con la fuerza de cualquier guerrero. Parece dispuesto a acabar con la casta real, como si se tratara del mismo Parasurama. No hay hombre en la tierra que pueda soportar el temible poder de sus armas.

―De igual modo que el fuego alimentado con la mantequilla de los ritos, él muestra su poder de brahmana. En el frente de batalla, el primero de entre los brahmanas arrasa la clase guerrera. El creador ha ordenado que entre los brahmanas y los reyes, el poder del brahmana es superior. Por lo tanto, con la mera fuerza de un rey, me siento minúsculo. Y por ello recurro al poder de los brahmanas acudiendo a ti, señor, que eres superior a Drona, pues eres un gran erudito de la ciencia védica. He de lograr un hijo invencible que pueda derrotar a Drona en la batalla. Haz esa obra por mi, Yaja, y te ofreceré diez millones de vacas.

Yaja se mostró de acuerdo y dijo:

―Que así sea. ―Y empezó a preparar el sacrificio.

El sacrificio produce hijos

Aunque Upayaja se mostraba inseguro, Yaja le atosigó para que colaborara, diciendo:

―Hazlo por tu hermano mayor.

Por último, Upayaja accedió a colaborar en el rito para la destrucción de Drona. El vigoroso asceta Upayaja le explicó a continuación al rey el procedimiento del sacrificio que produciría el hijo deseado.

―Oh rey ―dijo Upayaja―, tal como deseas, tu hijo será un poderoso guerrero de extraordinaria fiereza y poder.

El rey Drupada, dispuesto a tener un hijo que acabara con Drona, llevó a cabo todos los ritos del sacrificio con precisión. A punto de terminar el sacrificio, Yaja llamó a la divina esposa de Drupada.

―Acércate reina, nuera de Prisata, pues vas a tener mellizos.

La divina reina respondió:

―Oh, brahmana, no estoy preparada para tan santo acto. No me he limpiado la boca, y llevo en mis manos los sagrados óleos. Por favor, Yaja, espera como un favor especial a mi persona.

―Yo, tu sacerdote ―respondió Yaja―, he preparado ya las oblaciones destinadas al fuego, y Upayaja las ha bendecido con los mantras. ¿Cómo podría detener el cumplimiento del rito? Y en lo que a ti se refiere, puedes acercarte o quedarte donde estás, como prefieras.

Cuando Yaja habló lo anterior, hizo la ofrenda del sacrificio preparado de manera tan adecuada, que del fuego brotó un niño, brillante como los dioses. El niño relucía como el fuego y contemplarlo atemorizaba. Llevaba un gallardo yelmo y una armadura, así como una espada, un arco y unas flechas. Repetidamente lanzaba retumbantes gritos de guerrero. Montó sobre una cuadriga y arrancó hacia adelante. Todo el pueblo de Panchala demostró su aprobación con grandes gritos.

Desde los cielos un ser invisible declaró: «Ahora, ha nacido la gloria de Panchala, un hijo del rey que apartará todos los temores del pueblo y detendrá la pena del rey, ¡pues este niño ha nacido para acabar con Drona!».

Luego, del medio del altar del sacrificio surgió una hermosa y bendita doncella. Sus miembros eran muy atractivos, su pecho parecía un hermoso altar, y toda ella era encantadora. Su color y tez refulgían, porque era un ser inmortal que había tomado una forma humana como princesa de Panchala.

Ninguna otra mujer de la tierra podía compararse a su belleza suprema. La fragancia de su cuerpo, similar a la de la flor del loto azul, se extendía por el espacio. Se manifestó en un cuerpo exquisitamente desarrollado de curvas y primorosas caderas.

En cuanto apareció sonó una voz invisible: «Esta mujer, de entre todas la mejor, recibe el nombre de Krishna (por lo general se la llama Draupadi —hija de Drupada—, aunque se la conocía por Krishna debido a su hermosa tez oscura y a su devoción pura por Krishna), y está destinada a ser la ruina de muchos reyes. A su debido tiempo esta mujer de fino talle consumará la misión de los dioses. Por su causa se extenderá el temor entre los regentes de la tierra».

Al oír esto, todo el pueblo de Panchala rugió como si de leones se tratara. La copiosa tierra a duras penas pudo sostener su peso, tan pesados eran debido a la felicidad.

La reina, al ver a los mellizos nacidos del sacrificio, ansiosa de tener a sus hijos, se acercó a Yaja y dijo:

―Ellos dos no tienen que pensar en ninguna otra mujer como madre suya más que en mí.

―Que así sea. ―Dijo Yaja, pues deseaba complacer al rey.

Por medio de una meditación completa los sabios eruditos dieron nombre a los dos niños:

―Como este niño es atrevido y osado (dhrista), fieramente valeroso (dhrisnu), y debido a que sigue la ley sagrada y nació de la brillante luz (dyut), este hijo de Drupada se llamará Dhristadyumna.

―Como la muchacha siempre pronunciará el nombre de Krishna, y debido a que su tez es oscura (krishna), se llamará Krishna.

Así fue como, en medio de un gran rito de sacrificio, nacieron los mellizos del rey Drupada.

Aunque Dhristadyumna iba a matar a Drona, él, el poderoso hijo de Bharadvaja, trajo al príncipe de Panchala, Dhristadyumna, a su hogar, y le enseñó la ciencia militar. Drona era un hombre ilustre y generoso. Sabía que el destino tal como lo ordena el Señor es inevitable, y obró de manera que protegió su propia gloria.

 

Back To Godhead © 1995

 

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