Traducido del sánscrito por Hridayananda Dasa Goswami

Arjuna, desafiado por un enojado Gandharva, muestra rápidamente sus habilidades en la lucha.

El sabio Vaisampayana narra la historia de los Pandavas a su bisnieto el rey Janamejaya. A continuación, vemos a los Pandavas que viven en Ekachakra disfrazados de brahmanas; acaban de escuchar la historia del nacimiento de Draupadi de los Panchalas. Los Pandavas deciden dirigirse al país de Panchala.

Los Pandavas, después de oír acerca del nacimiento de la hermosa Draupadi, o Krisnaa, sintieron como si un dardo hubiera atravesado sus corazones. Todos ellos, poderosos guerreros, perdieron su compostura habitual y parecieron olvidarse de ellos mismos.

La siempre veraz Kunti, viendo a sus hijos confusos y casi inconscientes, dijo en privado a su hijo Yudhisthira:

―Durante un tiempo hemos vivido en la casa de este brahmana, disfrutando de esta bonita ciudad y recogiendo limosnas. Oh, subyugador del enemigo, hemos visto una y otra vez estos paradisíacos bosques y arboledas. Aunque los volvamos a ver no nos darán más placer, oh, joven Kuru. Ni podemos seguir pidiendo limosna como antes. Creo que sería buena idea visitar el país de los Panchalas, si estás de acuerdo.

―Nunca hemos visto ese lugar, hijo, y será una experiencia agradable. Oh, poderoso, se dice que los Panchalas son gente generosa que ofrece limosnas con generosidad. Y hemos oído decir que el rey Drupada es muy generoso con los brahmanas. No creo que sea conveniente quedarnos en el mismo lugar mucho tiempo. Así que, hijo mío, si estás de acuerdo, vámonos a ese lugar.

Yudhisthira Maharaja dijo:

―Cualquier cosa que pienses ha de hacerse, acepto lo que sea mejor para nosotros. Pero no sé si mis hermanos pequeños desearán viajar.

Kunti habló a continuación con Bhimasena, Arjuna y los gemelos sobre el viaje y todos estuvieron de acuerdo. Luego, después de pedir permiso a su anfitrión, Kunti y sus hijos partieron hacia la encantadora capital de la gran alma Drupada.

Encuentro con Vyasadeva

Mientras aquellas grandes almas, los Pandavas, vivían disfrazados, Vyasadeva, hijo de Satyavati, fue a visitarles. Viendo que había venido, aquellos fieros príncipes se levantaron de sus asientos y le ofrecieron sus reverencias postrándose. Recibiéndole respetuosamente, estuvieron de pie ante él con las manos unidas.

El santo, viéndose honrado por los Pandavas, se sintió satisfecho. Después de saludarles les pidió que se sentaran, y les habló de su profundo amor por la familia de Pandu.

―¿Viven siguiendo la ley de Dios, siguiendo cuidadosamente los libros santos? Oh, poderosos príncipes, ¿honran sin falta a los santos brahmanas y a todos aquellos dignos de estima?

Luego, el santo Vyasa, encarnación de Dios, les habló sobre su vida religiosa y sus planes inmediatos. Y después de narrar historias y narraciones fascinantes, les dijo:

―En una ocasión, en un bosque donde moraban los ascetas, vivía un sabio santo cuya hija estaba adornada con todas las buenas cualidades. Era encantadora, de estrecha cintura, curvas caderas y tiernas cejas. Pero a causa de sus actividades en una vida previa, sufrió algunos reveses de la fortuna y no pudo encontrar marido. Estaba triste y empezó a llevar a cabo penitencias. Debido a sus mortificaciones complació al Señor Shiva.

―Shiva, satisfecho con ella, le dijo a la asceta: «Querida niña humilde, yo otorgo bendiciones. Elige una bendición, pues te deseo todo lo mejor». La muchacha estaba ansiosa de satisfacer su deseo, y una y otra vez le dijo al señor: «Deseo un marido que tenga las mejores cualidades».

―El elocuente Señor Shiva replicó: «Mi dulce niña, tendrás cinco maridos». Y la muchacha respondió: «Por favor, dame solo uno». Y el Señor Shiva le habló de nuevo suavemente: «Cinco veces me has dicho que querías un esposo. Así que tan pronto dejes este cuerpo y tengas el próximo, será como has pedido».

―Esa misma muchacha ha nacido en la familia del rey Drupada, y es tan hermosa como una diosa. Su nombre es Krisnaa. Esta inmaculada doncella, del linaje del rey Prisata, es destinada por la Providencia a ser la esposa de los cinco Pandavas. Por eso, poderosos príncipes, entren en la ciudad de Panchala, pues cuando ganen esa muchacha, serán muy felices sin ninguna duda.

Después de hablar, el afortunado abuelo de los Pandavas, aquel gran asceta, se despidió de Kunti y de sus hijos, y partió.

El desafío del gandharva

Los Pandavas, fuertes como toros, protegiendo cuidadosamente a su madre y llevándola siempre ante ellos, se dirigieron hacia el norte por las suaves carreteras recomendadas. Los poderosos hijos de Pandu viajaron día y noche hasta llegar al lugar sagrado de Soma-sravayana, a orillas del Ganges. Cuando se puso el sol, el admirable Arjuna se adelantó con una antorcha en la mano para iluminar el camino.

Llegaron hasta un vado desierto del Ganges donde un celoso rey Gandharva (ser celestial) había acudido a jugar en las aguas con sus mujeres. A medida que los Pandavas se acercaban al borde del agua, el gandharva escuchó sus pisadas, lo que llenó de ira a su poderoso ser.

Viendo ante él a los valientes Pandavas con su madre, el gandharva cogió su terrorífico arco y dijo:

―Cuando llega el atardecer y el cielo se viste de rojo, solamente los primeros ochenta momentos les pertenecen. Después de que oscurece, el tiempo les pertenece a los yaksas, gandharvas y raksasas para que vayan a donde quieran. Si los seres humanos, en su egoísta confusión, siguen caminando durante esas horas, nosotros y los raksasas nos encargamos de tan estúpidas criaturas y acabamos con ellas. Por lo tanto, los estudiosos de la ciencia védica condenan a todos los hombres, aunque se trate de reyes y ejércitos, que se acercan a estas aguas por la noche.

―¡Deténganse donde están! ¡No se acerquen! ¿Por qué no me reconocen, ustedes que se han acercado a las aguas del Ganges? Sepan que soy el gandharva Angaraparna y que vivo de mi poder. Soy orgulloso y celoso, y el gran amigo del gran Kuvera. El bosque a las orillas del Ganges, que también se llama Angaraparna, es mío, y el poblado llamado Vaka donde vivo es también mío. Ni un cuerpo muerto puede entrar, ni dioses ni seres humanos, ni bestias con cuernos. ¿Cómo se atreven ustedes, humanos, a venir aquí?

Arjuna respondió:

―¡Necio! De noche, de día o entre medias, ¿quién osa afirmar ser dueño del océano, de los Himalayas o de este río sagrado? Estamos a punto en lo que a poder se refiere, y osamos acercarnos a ti ahora en el momento menos oportuno, porque es cierto que solamente los débiles e impotentes te obedecerán en tus horas de crueldad.

―El Ganges fluye libremente desde los picos dorados de los Himalayas. Transformándose en siete ramales esa avenida de agua llega hasta el mar. Es una vía fluvial sagrada, gandharva, y tú no puedes obstruirla ni apartar a nadie de ella, pues sus puras aguas llevan al reino de Dios. ¿Cómo te atreves a pensar en cerrar este río y obrar contra la ley eterna? ¿Cómo podríamos dejar de bañarnos en las puras aguas tanto como deseamos? Sus aguas no pueden ser obstruidas por tus meras palabras.

Al oír esas palabras, Angaraparna se puso furioso. Blandiendo el arco, lanzó flechas incendiarias que silbaban como serpientes venenosas. Pero Arjuna, haciendo girar la antorcha como si se tratara de un escudo, desvió todas las flechas.

―Esas tácticas no son efectivas contra aquellos que saben de armas. Sino que tales intentos revientan como burbujas y espuma sobre un aguerrido luchador. Reconozco que todos los gandharvas son superiores a los seres humanos. Por lo tanto, emplearé armas divinas, gandharva, no trucos mágicos. Brihaspati, el guru del Señor Indra, hace un tiempo entregó esta ígnea arma de los dioses llamada Agneya a Bharadvaja, que se la enseñó a Agnivesya, que se la dio a mi guru. Y él, Drona, el mejor de entre los brahmanas, me la entregó a mí.

Después de pronunciar estas palabras, el furioso Pandava, Arjuna, lanzó su arma Agneya contra el gandharva, reduciendo a cenizas su cuadriga. El poderoso gandharva asombrado ante el calor del arma y sin su cuadriga, tembló y cayó al suelo. Arjuna le cogió por los cabellos que estaban adornados con trenzas y lo arrastró hasta donde estaban sus hermanos.

El gandharva estaba inconsciente debido al efecto del arma. Su esposa, Kumbhisani, desesperada por salvar su vida, se entregó a Yudhisthira y le suplicó misericordia.

La dama gandharva dijo:

―Oh señor, mi nombre es Kumbhisani. Soy una gandharva y te suplico un refugio. Por favor, te lo suplico, Maharaja, perdona a mi esposo y libéralo.

Maharaja Yudhisthira respondió:

―¿Quién mataría a un enemigo derrotado en la batalla y privado de su gloria, especialmente si se trata del esposo de una buena mujer que ya no se resiste? Arjuna, exterminador del enemigo, libérale.

―Tómalo hermano ―respondió Arjuna―. ¡Vete gandharva! No tengas miedo. Yudhisthira, el rey de los Kurus, te garantiza la inmunidad de todo castigo.

LOS REGALOS DEL GANDHARVA

El gandharva dijo:

―Admito mi derrota. Dejo mi nombre Angaraparna, pues ya no puedo estar orgulloso de mi fuerza o nombre en una asamblea pública. Con todo mi orgullo traté de luchar contra un hombre joven y más poderoso que posee armas divinas. Pero incluso en mi derrota he conseguido un favor excelente, pues he tenido la oportunidad de conocerlos.

―Mediante el fuego de tu arma, mi fabulosa cuadriga ha quedado reducida a cenizas. A mí me llamaban Citra-ratha, «el que posee una cuadriga maravillosa», ahora tendrá el nombre de Dagdha-ratha, «el de la cuadriga quemada».

―Cualquier conocimiento que tengo de la ciencia militar, lo adquirí gracias a mis austeridades previas. Ahora se los entregaré a la gran alma que me ha devuelto la vida. Cuando un guerrero salva la vida de un enemigo a quien ha derrotado y le ofrece refugio, ¿qué maravillosos regalos no merecerá?

―Primero te entregaré la ciencia llamada Caksusi, que Manu le dio a Soma, quien se la dio a Viscvavasu, quien me la dio a mí. Aunque la dio un guru, si esta ciencia cae en las manos de un cobarde, automáticamente se desvanece.

―Te he dicho el linaje de esta ciencia. Ahora, te describiré su poder, así que escucha cuidadosamente.

―Cualquier cosa de este universo que una persona quiera ver, puede verla con esta ciencia, y de la manera que lo desea. Si una persona permanece apoyada sobre un solo pie durante seis meses, puede alcanzar esa tecnología. Pero yo te lo entrego, pues lo he prometido. Es gracias a esta tecnología, oh rey, que nosotros los gandharvas estamos por encima de los humanos, pues gracias a este poder hemos llegado a ser similares a los dioses.

―Oh, mejor de entre los hombres, ahora deseo ofrecerles a cada uno de ustedes cien caballos de los que crían los gandharvas. Las monturas de los dioses y los gandharvas sudan una fragancia y se mueven a la velocidad de la mente. Aun cuando sus energías se han consumido no disminuyen su velocidad.

―Estos caballos gandharva cambian de color a voluntad y vuelan a la velocidad que desean. Y simplemente por el deseo aparecerán ante ustedes, dispuestos a servirles. En verdad, estos caballos siempre harán lo que deseen.

Arjuna respondió:

―Aunque nos hayas hecho entrega de estos regalos por amor o por temor, gandharva, no quiero arrebatarte tu ciencia ni tus riquezas, ni tan siquiera tu conocimiento acumulado.

―Está claro que cuando la gente se sienta amigablemente disfruta de un placer especial ―continuó el gandharva―. Me has devuelto la vida. Me ha conmovido lo que has hecho, y por eso te hago entrega de esa ciencia. Oh, mejor de lanza de los Bharatas, recibiré de tus manos la maravillosa arma Agneya y así nuestra amistad durará eternamente.

―Me quedo con el regalo de los caballos ―dijo Arjuna―. Que nuestra alianza dure eternamente. Ahora, amigo mío, dime como puede la gente liberarse del temor a los gandharvas. Dime, dominador del enemigo, ¿por qué nos atacaste por la noche, aunque somos conocedores del Supremo?

Las instrucciones del gandharva

El gandharva dijo:

―No tenían fuego sagrado ni ofrendas, ni un sacerdote. Es por eso que los he atacado, oh, hijo de Pandu.

―Oh héroe, los yaksas, raksasas, gandharvas, pisachas, uragas y seres humanos, todos discuten ampliamente las glorias de la dinastía Kuru. Yo he escuchado a los sabios divinos como Narada narrar las historias de tus sabios antepasados. Y mientras recorría la tierra vestida de océanos, he sido testigo del poder de tu familia. Conozco a tu profesor de armas, que te enseñó el Dhanur Veda, pues ese ilustre hijo de Bharadvaja es famoso en los tres mundos.

―Oh, tigre entre los Kurus, yo sé que son poderoso seres, el señor de la justicia, el dios del viento, Indra, los gemelos Asvins y su padre Pandu, son la fortaleza que sostiene el imperio Kuru. Esos antepasados suyos son los mejores entre los dioses y los hombres. Así que no es de sorprender el que todos ustedes, hermanos Pandavas, sean seres divinos, grandes almas que dominan todas las armas, héroes que actúan fielmente en pro del bienestar de todas las criaturas. De hecho, todos ustedes poseen una mente y una inteligencia espiritual, pues su conciencia está fija en el Supremo.

―Aunque lo sé, Partha, aun así te ataqué en la ribera del río. Un hombre en compañía de mujeres, Kaurava, no puede tolerar verse disminuido, y procura mostrar su fuerza y prestigio. Nuestra fuerza aumenta mucho por la noche, y es por eso, Kaunteya, que mi esposa y yo nos permitimos el manifestar tanta ira.

―Oh, gloria de los Kurus, me has derrotado, pero escucha los principios por medio de los cuales lograste la victoria:

―El celibato al servicio de Dios es el mejor principio religioso, y tú lo has practicado. Cualquier guerrero ksatriya que vive una vida promiscua perderá la vida si se enfrenta durante la noche. Pero aunque un rey viva una vida de lujuria, será victorioso contra sus enemigos si es guiado por un sacerdote santo. Por eso, cualquier beneficio que los hombres deseen conseguir, deben conseguirlo ocupando a sacerdotes santos en dicha tarea.

―Aquellos que conocen y cumplen las leyes de Dios, limpios de cuerpo y mente, devotos de la esencia de los Vedas, y que dicen la verdad, deben ser los sacerdotes de los reyes. La victoria en la tierra y el ascenso a los cielos está asegurado para el rey cuyos sacerdotes conocen y proclaman los principios de la religión, los practican en sus vidas y son puros de espíritu. Un rey que nombra y sigue a un sacerdote calificado obtendrá todo lo que necesite y conservará lo que tiene.

―El monarca que actúa según las decisiones de los sacerdotes puede aspirar a conquistar la tierra y sus océanos, con el hermoso Meru de corona. El rey que no sirve a un brahmana nunca conquistará el mundo ni mediante alianzas familiares ni por medio del heroísmo. Pero el reino guiado por un brahmana, oh, gloria de los Kurus, se conservará durante mucho tiempo.

Fuente: Back To Godhead © 1996

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