Arcana-siddhi Devi Dasi

Una peregrina de regreso a Vrindavana trata de profundizar en el humor de este santo lugar, el mejor de todos los lugares santos, veinte años después de su primera visita.

Siento mucha ansiedad mientras nuestro taxi entra y sale de la circulación formada por una línea de vacas, seres humanos, motos y rickshas a pedales. Nuestro conductor, sin cesar de tocar el claxon, maniobra adelantando los vehículos más lentos, prácticamente rozándolos, aunque sin llegar a colisionar con ellos. Este viaje por el centro comercial de Vrindavana supera todas mis escaramuzas anteriores por los parques de entretenimiento.

Mi cuerpo empieza a relajarse cuando salimos del bazar y llegamos a una carretera más amplia y menos congestionada. Los aromas familiares del aire libre y los fuegos alimentados con estiércol de vaca y aceite caliente me devuelven recuerdos de mi última visita, hace ya veinte años.

Creía que no iba a volver nunca más a la India. El coste, mi pobre salud y un ataque de disentería por amebas se conjugaban en mi indiferencia general por regresar. Pero una noche, mientras me sentía especialmente conmovida leyendo algunos de los pasatiempos de Krishna en Vrindavana, sentí una punzada de deseo de regresar. Quizá los veinte años de servicio devocional hecho desde mi última visita me permitirían obtener un destello del Vrindavana que Prabhupada describe en su libro Krishna, la Suprema Personalidad de Dios.

Vrindavana es algo más que un lugar en el mapa; es la réplica del hogar espiritual de Krishna. Descendió para disponer Su llegada a este mundo hace cinco mil años. El Señor disfrutó Sus actividades terrenas durante 125 años y luego regresó a Su hogar espiritual original. Vrindavana, el lugar de los pasatiempos placenteros de Krishna, permaneció en la tierra y conserva su potencia espiritual. Pero sólo con un corazón puro es posible ver el Vrindavana real. Esa visión es una mercancía que se ve muy raramente. Sólo se ofrece al practicante muy sincero de la vida devocional que ha atraído la misericordia del Señor.

Ver el verdadero Vrindavana

La mayoría de la gente ve Vrindavana a través de la visión material. En el sector comercial se ven las estrechas callejuelas colmadas de tiendas, los desagües abiertos, los mendigos, y los cerdos, vacas, y perros compitiendo por las basuras amontonadas en los laterales de las calles. En las afueras se ven muchos ashrams y templos, así como los campos llanos dedicados a la agricultura, poblados de hierba y cabañas de barro.

Es posible que sintamos repulsa, atracción o indiferencia hacia este paisaje. Pero para amar Vrindavana hay que tener visión espiritual y ver más allá de las cubiertas materiales.

Por mi parte carezco de tal visión espiritual. Tras veinte años sin venir a Vrindavana regreso con una mezcla de emociones. No he trascendido el plano material. Algunas características me repelen y otras me encantan. Pero creo que con la visión purificada es posible contemplar el Vrindavana, más allá de las cubiertas externas, el Vrindavana de las joyas espirituales cintamani y árboles que satisfacen todos los deseos.

Como me he purificado un poco después de practicar bhakti-yoga durante los últimos veinticinco años, soy capaz de detectar la creciente intensidad de la energía espiritual de este santo lugar. Cuando llegamos al templo Krishna-Balarama, me lleno de sentimientos de gratitud por haber podido venir, a pesar de mi falta de cualidades. Entro en el samadhi (capilla) de mi maestro espiritual, Srila Prabhupada. Tras ofrecer reverencias y contemplar la forma brillante de bronce de Prabhupada, oro para profundizar en mi relación con él y con el santo hogar de Krishna. Oro con el fin de desarrollar humildad y compasión hacia los demás. Esta es la razón de venir a este santo lugar: recibir bendiciones espirituales de mi maestro espiritual y todos los residentes eternos de Vrindavana.

También pido que pueda aceptar cualquier forma de misericordia que el Señor se digne otorgarme en este lugar. Tenemos la tendencia a discriminar entre las misericordias que nos agradan (por ejemplo, recibir un plato de deliciosos dulces prasada) y las misericordias que no nos gustan (por ejemplo, enfermar o sufrir algún daño físico). Espero conseguir ambos tipos de misericordia y ser capaz de recordar que todo lo que Krishna hace es por nuestro bien.

Tras orar a Prabhupada, mi esposo y yo vamos a ver las preciosas deidades del templo Krishna-Balarama. El templo se halla en un área de Vrindavana llamada Raman Reti, donde Krishna y Balarama, junto con sus amiguitos vaqueros, solían jugar cuando eran niños. Por esa razón, el altar central muestra un hermoso Krishna negro junto a Su hermano mayor, Balarama, que posa Su gracioso brazo blanco sobre el oscuro hombro de Krishna. En el altar de la izquierda están las más misericordiosas encarnaciones de Krishna y Balarama: el Señor Chaitanya y el Señor Nityananda. Flanqueándolos se encuentran dos formas a tamaño natural de mármol de Srila Prabhupada y su maestro espiritual, Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati. En el altar de la derecha, las formas exquisitamente hermosas de Radha-Syamasundara son servidas amorosamente por Lalita y Visakha, Sus amigas vaqueras más importantes. En mi casa miro a menudo las fotografías de estas deidades, pero nada puede compararse a verlas en directo.

Las Deidades de Krishna y Balarama, en el templo de Vrindavana.

El altar y la ropa, joyas y otros adornos de las deidades son un festín para mis ojos. Inhalo el suave aroma del incienso y escucho el melodioso kirtana. La satisfactoria atmósfera del templo contrasta con las sórdidas condiciones del distrito comercial de Vrindavana. Prabhupada comprendió las necesidades de comodidad y una cierta estética de sus discípulos, por eso hizo construir este templo de modo que ofreciera una atmósfera favorable y satisfactoria, que nos permitiera adoptar el camino del bhakti-yoga. En nuestro estado puro, para absorbernos plenamente en el amor de Krishna no necesitamos todas estas comodidades, pero antes de llegar a ese nivel, necesitamos muchas cosas.

Compasión de Prabhupada

Durante esta visita ha aumentado mi aprecio por la grandeza de la misión de Srila Prabhupada. Inspirado por la orden de su maestro espiritual y su profunda compasión por la sufriente humanidad, abandonó su tranquilo hogar espiritual en Vrindavana para viajar al occidente, a Nueva York, una de las ciudades más materialistas de todo el mundo. Tras difundir con éxito la conciencia de Krishna por todo occidente, Prabhupada regresó a Vrindavana en 1970 para comprar tierras y dar comienzo a la construcción de un magnífico templo que atrajera a los devotos de todo el mundo.

Srila Prabhupada junto a varios discípulos, en el templo Krishna-Balarama de Vrindavana.

En la actualidad, pasados veinticuatro años de la partida de este mundo de Prabhupada, miles de devotos de todas partes han pasado por Vrindavana y se han refugiado en su templo de Krishna-Balarama, obteniendo fuerza espiritual para continuar su misión. El templo es un tributo a la grandeza de Prabhupada, a su compasión, y su amor hacia su maestro espiritual y Krishna.

Mi visita de dieciocho días a Vrindavana acaba rápidamente. Los días se llenan de actividades espirituales en el templo, visitas a los lugares santos donde Krishna llevó a cabo Sus pasatiempos hace cinco mil años, compras de artículos devocionales para llevar a occidente y aprovechando la compañía de devotos de todo el mundo.

Como esperaba, la misericordia del Señor aparece de múltiples maneras. Tengo mi parte de problemas intestinales, así como gripe y resfriado. Pero tengo la oportunidad de hablar con devotos aventajados que me inspiran con sus realizaciones y servicios al Señor. Consigo celebrar Govardhana Puja y el día de la desaparición de Prabhupada en el más santo de los lugares santos del mundo. Recibo regalos y prasada de los devotos con los que me encuentro. Un devoto me da un chal que Radharani llevaba en el altar. Otro devoto nos trae a mi esposo y a mí, cuando estamos a punto de marchar de Vrindavana, los collares de flores que llevaban Krishna y Balarama.

El mayor de los regalos son las mañanas dedicadas a cantar el japa con toda atención, sintiendo más conexión con los santos nombre de Krishna de la que he sentido nunca. Aunque me vaya de Vrindavana, los santos nombres de Krishna vendrán conmigo allá donde vaya. Igual que Krishna y Vrindavana son iguales, también lo son Krishna y Sus santos nombres. Yo he venido a Vrindavana a profundizar mi relación con Krishna en la forma de Su santo nombre, y siento que ese deseo se ha cumplido.

Meditaciones

Mientras espero sentada en el aeropuerto de Nueva Delhi, esperando nuestro vuelo de regreso a casa, que sale a la 1:30 de la mañana, medito en las cosas de Vrindavana que no voy a echar de menos:

No echaré de menos las manadas de monos que se congregan por todas partes.

No echaré de menos los cerdos, los desagües abiertos y la basura de las calles.

No echaré de menos los cohetes y fuegos artificiales que explotan a todas horas cada noche, especialmente cuando estoy a punto de dormirme.

No echaré de menos el aire y el agua contaminados.

No echaré de menos los viajes en ricksha a Loi Bazaar, o los viajes en taxi a Govardhana o Nueva Delhi.

Echaré de menos el hermoso templo Krishna-Balarama, los bellos altares cubiertos de doseles de flores recién cortadas y las bellísimas formas embellecidas del Señor.

Echaré de menos los melodiosos kirtanas con cientos de voces cantando juntos las glorias del Señor.

Echaré de menos cantar en el samadhi de Prabhupada durante las primeras horas del día.

Echaré de menos cantar en la cálida y acogedora habitación de Prabhupada.

Echaré de menos ir descalza por las suaves arenas que rodean la colina Govardhana, mientras contemplo las blancas vacas de ojos de loto que nos rodean en Govinda Kund, donde cantamos un suave kirtana.

Echaré de menos escuchar la clase de Srimad-Bhagavatam que dan tantos devotos mayores.

Echaré de menos los pequeños vasos hechos de hojas de plátano llenos de kitri caliente, maha-prasada, que compro cada día por cinco rupias, al final de la clase.

Echaré de menos los muchos y fantásticos devotos que vinieron a Vrindavana este santo mes de (Kartika) y los incondicionales residentes que tuve la buena fortuna de conocer.

Echaré de menos que alguien me lave y planche la ropa cada día por unas pocas rupias.

Echaré de menos la ausencia de noticias mundanas.

Pido que Radharani me permita regresar pronto y, algún día, ir más allá del Vrindavana externo. Espero que un día sea capaz de ver el hogar eterno del Señor en toda su belleza y esplendor y me pueda ocupar haciendo servicio devocional ininterrumpido e inmotivado a Sri Sri Radha-Syamasundara.

 

Back To Godhead © 2002

 

 

 

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