¿Por qué odiamos a los animales, las gorditas felices y los Hare Krishnas?

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Bhagavan Dasa

Los tres son detestables por el mismo motivo.

Imagínate el siguiente mundo: Una vaquita sexualmente satisfecha, después de haber copulado, vaga por un campo agradable comiendo pasto. Cuando el día acaba, busca un lugar seguro para descansar, y duerme tranquilamente toda la noche. Cerca de allí hay una playa donde una mujer con sobrepeso, indiferente a la opinión ajena, viste el traje de baño que le apetece y toma el Sol mientras bebe agua de coco junto a su esposo. En un templo Hare Krishna, un devoto, que tiene un cuadro de una vaquita mansa en la pared, mira la playa por la ventana mientras canta suavemente un mantra con un instrumento llamado harmonio, parecido a un acordeón, y espera que los cocineros del templo terminen unas deliciosas pizzas vegetarianas.

¿Qué tienen de detestable estos tres individuos? Ciertamente nada, pero vemos el mundo de acuerdo a lo que sentimos en nuestro interior. Infelizmente, algo que suele habitar en el corazón de las personas es la envidia. En este caso, la envidia se dirige a este tipo de personas porque éstas son capaces de burlar la burocracia que nos separa de la simplicidad, la alegría y la bienaventuranza, respectivamente.

Srila Prabhupada, el fundador-acarya de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, explicó que la razón por la que matamos animales, como las vacas, es debido a la envidia. Esta es una declaración bastante extraña, y la audiencia pidió más explicaciones. Prabhupada explicó que la razón por la que envidiamos a los animales – y la envidia naturalmente produce ira y violencia, siendo la violencia el resultado natural de la ira – es que ellos “solucionan los problemas de comer, dormir, reproducirse y defenderse sin dificultades”.

¡De eso se trata! ¡Ellos tienen un atajo! Mientas nosotros tenemos que trabajar muy duro en un empleo tedioso al que llegamos después de un tráfico infernal, para poder comprarnos una cama, conseguir un compañero sexual, llenar la despensa y colocar una alarma en el coche, ellos se recuestan fácilmente en el pasto y allí mismo comen, tienen sexo sin inhibiciones y se defienden con lo que nacieron – cuernos, garras y dientes.

¿Y en cuanto a la mujer con sobrepeso que está en la playa con su esposo? Ella también ha encontrado un atajo, un camino simple para la felicidad, que en este caso es conseguir ser indiferente a la opinión ajena. La bloguera Polly, de la página Lugar de Mulher, lo explica de forma muy elocuente:

“Nos pasamos la vida escuchando que si tuviéramos el cuerpo ideal que vemos en las revistas y la televisión, vamos a obtener amor, éxito y felicidad. Es lo que quiere todo el mundo, ¿no? Así que todo el mundo se lo cree e invierte todo lo que tiene para alcanzar el peso mágico que traerá todas las maravillas prometidas. Las personas pasan hambre, toman medicamentos peligrosos, se matan en el gimnasio y se pasan toda la vida odiándose a sí mismas mientras luchan por la tan soñada felicidad que vendrá con el cuerpo perfecto. Y mientras la gente persigue la felicidad, aparece una gorda y dice: ESTOY GENIAL Y SÚPER FELIZ, BESOS. Es como si se hubiera saltado la fila. Mientras tú estás comiendo 27 claras de huevo para intentar ser feliz, ella es feliz tal como es. Hace que tu #foco #fuerza y #fe parezcan inútiles, ¿verdad?”.

Sí, malditos animales que duermen con la conciencia tranquila y consiguen su comida sin trabajar… ¡Maldita chica que se salta la fila! ¿Cómo puede tener la conciencia tranquila sin seguir las exigencias actuales de los estándares de belleza?

Pero los peores de todos son los Hare Krishnas…

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Hare Krishnas, los peores de todos.

Ellos comen alimentos deliciosos, cantan, bailan, viven en el campo… ¡Y no trabajan! Ese es el mayor golpe que se le puede dar a la sociedad. “Para poder tener dinero para ir a cantar al karaoke y bailar unas horas dos sábados al mes, tengo que trabajar intensamente de lunes a viernes; y mientras tanto, veo a esos Hare Krishnas cantando y bailando cada día en la plaza. Malditos sean”. “Trabajé muy duro para comprar estas ropas, que cuestan 200 dólares en total, y un coche importado, pero aun así no soy feliz. Y esos Hare Krishnas se pasan todo el día vendiendo libros en el semáforo donde paso, envueltos en sábanas rosas, y siempre están sonrientes y radiantes. Malditos sean”.

En cierta conversación, Srila Prabhupada comentó acerca de esta envidia. “Los negociantes preguntan. Tienen envidia. ‘¿Cómo es posible que estas personas disfruten de la vida sin tener un salario, sin trabajar duro?’”.

Para eso se necesita un líder inteligente. Yo, por ejemplo, viví un año en el Seminario de Filosofía y Teología Hare Krishna, el actual Instituto Jaladuta, en Brasil. El seminario funcionaba como una república, en el que los gastos se dividían entre los residentes, y los profesores daban las clases sin cobrar nada, motivados por su pasión por enseñar, y también vivían en el seminario. Así, para conseguir pagar el seminario, cada primera semana del mes trabajábamos vendiendo algo en el semáforo, por ejemplo. Las otras tres semanas del mes no teníamos que hacer absolutamente nada. Sólo estudiábamos, cantábamos los nombres de Dios, bailábamos delante de su altar, bailábamos por las calles para atraer a personas nuevas a una vida más simple, distribuíamos comida a las personas necesitadas en un programa llamado Campina Grande Durma sem Fome (Campina Grande, duerme sin hambre), dormíamos con la mente tranquila, comíamos alimentos deliciosos, teníamos conversaciones agradables en los jardines floridos…

Así como los animales, simplificábamos nuestras necesidades básicas a través del celibato (que se vivía fácilmente debido al placer espiritual que obteníamos gracias a la rutina), sólo comíamos lo que preparábamos colectivamente (en vez de gastar dinero en restaurantes caros), nos defendíamos evitando situaciones peligrosas (nos acostábamos temprano, no usábamos drogas, no íbamos con extraños) y dormíamos en habitaciones colectivas (siempre limpias).

La vida familiar también se puede simplificar. Al obtener placer de la lectura de las escrituras, el canto de mantras y la adoración de las formas de Krishna en el altar, abaratamos el costo de vida, y de esa forma podemos trabajar de lo que nos guste, o trabajar menos, o incluso que sólo trabaje uno de los dos. No es necesario perderse en prestaciones inagotables de necesidades artificiales – como ropas, gafas y accesorios “de marca”.

Un devoto de Krishna que acepte simplificar la vida de esta y otras formas, facilitadas por la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, no tiene por qué tenerle envidia a nadie. Él tiene las facilidades básicas de los animales, la paz mental de la gordita feliz, y la bienaventuranza que sólo él conoce.

¿Has pensado en simplificar y espiritualizar tu vida? De esta forma podrás cambiar la envidia por la compasión. Tendrás la mejor posición que alguien puede tener, y querrás que los demás también disfruten de esa bendición.

 

 

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