¿A dónde vamos cuando nos morimos?

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Bhagavan Dasa

Las posibilidades del destino después de la muerte son tan variadas como los estados de conciencia de cada individuo que muere.

«Y el último enemigo que será abolido es la muerte».
(I Corintios 15:26)

Pedro, 24 años, nacido en Juiz de Fora, en el interior de Minas Gerais (Brasil), había salido de su trabajo y se dirigía a la universidad. Mientras, enviaba un mensaje desde su celular a una chica que había conocido en un bar. En la capital bahiana, Dona Lúcia, de 62 años, jubilada, comentaba mentalmente la ropa de los actores de la novela que miraba mientras esperaba que se terminara de cocinar la carne: mañana comería su plato favorito.

Lo que Pedro y Doña Lúcia no sabían es que estaban viviendo el último día de sus vidas. Un hombre le sacó el celular a Pedro de las manos y, apuntándole con un revólver viejo, le exigió la cartera y la mochila con el computador portátil. Pedro le entregó todo, pero aun así le dispararon cruelmente. Al día siguiente, el noticiero reportó la muerte del joven, que dejó una hija de un año. Doña Lúcia, en su apartamento de paredes consumidas por el tiempo, repentinamente sintió que la vista se le nublaba, y se arrastró de la sala a su habitación, sintiendo un fuerte dolor en el pecho y el cuello. Tumbada, se frotó el brazo izquierdo para intentar librarse de aquel hormigueo extraño, pero fue en vano. El infarto terminó con su vida.

¿Qué es lo más maravilloso?

Los estudiosos de las Escrituras antiguas conocidas como los Vedas se refieren a este mundo como mrityu-loka, «el mundo de la muerte», y a nuestro cuerpo como sharira, «aquello que perecerá», para que nuestra atención se aleje de las actividades generales de este mundo y se dirija a las siguientes indagaciones: «¿De qué se trata el inevitable evento conocido como la muerte? ¿Continuaré existiendo después de este fenómeno? Si lo hago, ¿dónde y cómo será esa existencia?». Estas preguntas son muy pertinentes, pero poco frecuentes.

Cierta vez, le preguntaron a un rey santo qué es lo que consideraba más maravilloso. Su respuesta, registrada en la obra Mahabharata, fue: «Lo más maravilloso de este mundo es que, aunque todos los días innumerables criaturas partan hacia la morada de la muerte, las personas siguen considerándose inmortales». De este modo, son pocos los que indagan acerca de la muerte, y son menos los que viven considerándola un evento glorioso.

No obstante, hace unos 5.000 años existió uno de esos inusuales hombres indagadores. Su nombre era Arjuna, y él quiso obtener respuestas sobre el tema cuando, en un campo de batalla, previó la muerte inevitable de sus parientes. Para ello aceptó a Krishna como su maestro espiritual, o guru, de quien obtuvo las respuestas.

El alma y sus destinos

La primera instrucción de Krishna fue que nosotros somos distintos del cuerpo. Una vez que el cuerpo muere, lo que ciertamente ocurrirá, nosotros, la centella divina, continuamos existiendo. Por lo tanto, la muerte no existe para la conciencia, el alma, si no que apenas involucra al cuerpo, al que Krishna compara con un ropaje. Cuando la muerte llega, el alma se ve obligada a dejar el cuerpo actual y asumir un cuerpo nuevo, tal como cuando dejó el cuerpo de bebé y asumió el cuerpo de niño, dejó el cuerpo de niño y asumió el cuerpo de adulto, y dejó el cuerpo de adulto y asumió el cuerpo de anciano.

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Krishna y Arjuna durante su diálogo conocido como el Bhagavad-gita.

Todo este fenómeno es realmente interesante, y no dejará de ocurrir, aunque se desconozca el tema. Una persona que sepa del proceso morirá y nacerá nuevamente, y una persona que lo ignore se someterá igualmente al proceso. Sin embargo, Krishna enseña un punto muy importante: nuestro próximo nacimiento no es aleatorio, sino el resultado de nuestro estado de conciencia al final de la vida. Así, este conocimiento sobre la eternidad del alma confiere a su conocedor el poder y la responsabilidad de crear un futuro después de la muerte que le sea enteramente satisfactorio, y esto puede lograrlo mediante el cultivo de la conciencia, la única propiedad que nos llevamos después de morir.

Análisis de casos

No sabemos a dónde fueron Pedro y Doña Lúcia después de morir, pues el estado de conciencia de una persona a la hora de la muerte está determinado por varios factores: una suma de todos sus deseos, experiencias, sentimientos, palabras y acciones. Sólo Dios, situado como testigo en el corazón de todas las entidades vivas, conoce el estado de conciencia de cada ser vivo.

Aunque no podamos conocer los destinos de Pedro, Doña Lúcia y otras personas, podemos conocer la historia de diferentes personalidades, el estado de conciencia que acumularon a la hora de su muerte y el destino que alcanzaron, ya que las Escrituras reveladas tienen muchos relatos de este tipo. Leer estas historias puede enseñarnos a dirigir nuestra conciencia, evitar los resultados indeseados y buscar la conciencia perfecta. Vamos a conocer algunos de estos relatos.

Rupa Kaviraja

En el siglo XVI, vivió un gran erudito de las Escrituras llamado Rupa Kaviraja. Él era tan avanzado que exhibía síntomas de éxtasis cuando daba charlas sobre las Escrituras sagradas. Un día, dio un discurso en las orillas del lago sagrado Radha-kunda ante un gran número de personas, entre las que se encontraba la gran devota Krishna-priya Thakurani, conocida por ser la heredera de la govardhana-shila (piedra sagrada) que habían adorado anteriormente los famosísimos Sri Chaitanya Mahaprabhu, Raghunatha Dasa Gosvami y Krishnadas Kaviraja Gosvami.

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La govardhana-shila que adoró Chaitanya Mahaprabhu y posteriormente quedó al cuidado de Krishna-priya Thakurani. Hoy en día se encuentra en el Gokulananda Mandir, India.

Mientras escuchaba el discurso, Krishna-priya Thakurani se sintió muy complacida al escuchar acerca de su amado Señor Supremo y, en su éxtasis habitual, tatareaba en voz baja los santos nombres del Señor. Rupa Kaviraja se irritó con la devota pura y, envanecido con su posición como orador, quiso amonestar a Krishna-priya Thakurani delante de todos. «¿Es posible hacer dos cosas al mismo tiempo con atención?», preguntó colérico. «¿Cómo vas a escucharme hablar acerca del Srimad-Bhagavatam si te pones a cantar al mismo tiempo?». Avergonzada, Krishna-priya Thakurani intentó explicar con gran humildad que no podía controlar el canto de los santos nombres, pero no sirvió de nada. Rupa Kaviraja no quería escucharla.

Debido a esta ofensa, Rupa Kaviraja perdió inmediatamente todas sus cualidades y se volvió en contra de su propio guru. Después de este suceso, comenzó a ofender a otros devotos, e incluso se separó de ellos y creó un grupo disidente que existe hasta los días de hoy. Él comenzó a enseñar una variedad mundana de las enseñanzas puras de Chaitanya Mahaprabhu, y criticaba a cualquier persona que se opusiera a él. Su propio guru lo rechazó, pero aun así continuó acumulando seguidores como si nada hubiera ocurrido. Al mismo tiempo en que crecía el número de seguidores, también crecían su aversión por los religiosos verdaderos y su fama egocéntrica.

Finalmente murió de lepra, una enfermedad muy común entre las personas que no siguen la religión de manera apropiada. Su estado de conciencia a la hora de la muerte era de envidia y odio, y le otorgó un «nacimiento» como fantasma, más específicamente como un brahmana-rakshasa. Cada vez que alguien ofendía a los seguidores de Rupa Gosvami y otros religiosos fidedignos, este fantasma poseía al ofensor, haciendo que ofendiera más y se degradara.

Ratnamala

Hace mucho tiempo, el Señor Supremo vino a este mundo en la forma de un brahmana enano, llamado Vamana, para devolver el control del universo a los semidioses. Los semidioses son almas muy piadosas y los superintendentes legítimos de los diversos planetas y asuntos cósmicos. Debido a la mala conducta de su rey Indra, habían perdido el control del universo, que ahora se encontraba en las manos de Bali, un antagonista. El Señor Supremo como Vamana, en respuesta a las oraciones de los semidioses, visitó a Bali y le pidió caridad, como es costumbre entre los brahmanas. Le pidió apenas tres pasos de tierra. Bali atendió el pedido del enano, que entonces asumió una forma tan gigantesca que cubrió todo el universo apenas en dos pasos. Al preguntarle dónde podía dar el tercer paso, Bali se rindió al Señor y Le ofreció su cabeza para que diera el último paso.

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Krishna en Su forma de Vamana, el brahaman enano.

La hermana pequeña de Bali, Ratnamala, fue testigo de todos los hechos. Desde el primer momento en que vio al Señor Supremo en aquella forma enana, Ratnamala sintió un gran amor maternal. No obstante, al ver que Vamana había privado a Bali de todas sus posesiones, sintió un gran odio. Cuando llegó el día de su muerte, el Señor Supremo le otorgó un nuevo nacimiento de acuerdo a su estado de conciencia.

Ratnamala nació como una bruja infanticida llamada Putana, que apareció en la época de los pasatiempos del Señor Krishna. Poco después del nacimiento de Krishna, un enemigo del Señor la contrató para que matara al pequeño bebé, y ella lo aceptó con agrado. Cuando estaba cerca del pueblo de Krishna, asumió la apariencia de una mujer muy bella y fue a Su casa. Nadie detuvo a aquella mujer de apariencia divina, y ella pudo acceder directamente a la habitación de Krishna. Putana cogió al bebé en su regazo y colocó Su pequeña boca de loto en su pecho, que había envenenado previamente.

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Krishna libera a Putana.

Sin embargo, Krishna no se vio afectado por el veneno, y bebió despreocupadamente el ungüento venenoso, la leche y el aire vital de Putana, causándole la muerte. Debido a Su naturaleza misericordiosa, Krishna no consideró el veneno que le ofreció Putana, y en su lugar aceptó la leche que le había ofrecido y le otorgó un nacimiento en Su reino eterno como una devota en calidad de madre. Así, la mezcla de amor y odio de Ratnamala en su vida pasada le acarreó el nacimiento como Putana y, a continuación, un nacimiento en la eternidad como devota. Gracias a la misericordia de Krishna, se liberó del odio que se había mezclado con el amor.

Yamaraja

Yamaraja reside en el pequeño planeta Plutón. Debido al buen karma que acumuló, Yamaraja obtuvo la posición de juez de las almas pecaminosas. Cuando le llega la hora de la muerte a una persona cuya conducta está desconectada de la voluntad amorosa de Dios, los siervos de Yamaraja, conocidos como yamadutas, la llevan hasta Plutón, donde se le juzga e informa de los sufrimientos a los que se someterá para expiar sus actos inadecuados.

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Los yamadutas traen almas pecaminosas ante Yamaraja.

A pesar de este oficio tenebroso, Yamaraja es un gran devoto del Señor. Mientras juzgaba a los pecadores siguiendo las leyes que ha establecido directamente el Señor, en su interior nutría el deseo de convertirse en un mejor siervo de Dios. Sin embargo, su trabajo era prácticamente interminable porque, como explica Prabhupada, hay más personas deshonestas que virtuosas. Por esa razón, Yamaraja se preguntaba: «¿Cómo podría mejorar mi servicio y ocuparme en la prédica, algo tan querido para el Señor, si no tengo tiempo para ello?». Un día, un sabio llegó a su tribunal. Yamaraja le condenó a sufrir la reacción de un único pecado que había cometido en su infancia, pero el sabio no estaba de acuerdo y lo consideró una sentencia injusta. Enfurecido, maldijo a Yamaraja a nacer en la Tierra.

Yamaraja nació en la Tierra como Vidura, y como pasó parte de su vida en las inmediaciones palaciegas, seguía involucrado en asuntos políticos. Pero finalmente, gracias a un malentendido con Duryodhana, Vidura abandonó la vida de consejero en el palacio y viajó por diversos lugares de peregrinación como predicador, tal como había deseado en su vida anterior como Yamaraja.

Dhruva

Hace mucho tiempo, vivió un príncipe llamado Dhruva. Su padre, tal como era costumbre en aquella época, tenía más de una esposa. Entre sus dos esposas, la madre de Dhruva era la reina menos querida del rey. Cierto día, el pequeño príncipe quiso sentarse en el regazo de su padre, junto a su hermano. Sabiendo que su a su esposa favorita no le gustaría verlo con el hijo de la otra reina en su regazo, no le hizo mucho caso a Dhruva. El pequeño niño de cinco años se enfadó mucho con aquella muestra de rechazo y, para empeorar la situación, su madrastra le habló con palabras muy ásperas, diciéndole que era indigno por haber nacido en otro vientre.

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Dhruva es ofrendido por su madrastra.

Al ver que su padre no le defendía, Dhruva se fue con su madre. Enfadado con la situación, le preguntó a su madre como podía vengarse. Su madre, que era devota de Dios, le dijo que no debería desearle mal a otras personas, pero respondió a su pregunta: «Podrás vengarte si te ayuda Dios». «¿Dónde puedo encontrar a Dios?», indagó Dhruva. «Muchos sabios y santos Le encuentran en el bosque», dijo ella.

Motivado por sus sentimientos, Dhruva partió inmediatamente hacia el bosque. Como no había recibido ninguna orientación espiritual, preguntó a los tigres, elefantes y otros animales si habían visto a Dios. Cuando Dios vio la sinceridad del niño, envió a un guru genuino para que le iniciara. Narada Muni, obedeciendo las órdenes del Señor, inició a Dhruva en el canto del mantra «om namo bhagavate vasudevaya». El niño practicó el canto de este mantra y otras austeridades, y finalmente pudo ver a Krishna. Al ver al Señor se sintió tan satisfecho que se liberó de cualquier otro deseo material.

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Dhruva ve al Señor Supremo.

Después de esta experiencia, Dhruva regresó con su familia. Un tiempo después, cuando llegó el fin de su vida, Dhruva se preparó para finalizar su existencia. Adorando al Señor en Su forma de Deidad, Dhruva se olvidó completamente de su cuerpo. Al liberarse de su condicionamiento material, el Señor envió un aeroplano con dos de Sus asociados para buscarle. Sin embargo, la muerte personificada se interpuso en el camino, pero Dhruva no sintió ningún miedo y, colocando su pie en la cabeza de la muerte, entró en el aeroplano y regresó al hogar, de vuelta al Supremo.

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Dhruva regresa al hogar, de vuelta al Supremo.

¿Qué vamos a hacer?

Después de que Krishna terminara de explicarle a Arjuna los aspectos inevitables de la muerte, la eternidad del alma, la existencia del proceso de transmigración y la importancia de la conciencia para determinar el destino del alma, Krishna dijo: «Delibera bien acerca de esto, y luego haz lo que desees».

¿Qué vamos a hacer? ¿Así como Pedro, iremos a la universidad, felices con la promesa de un trabajo sin ideología y nuevos amigos del bar? ¿O, como Doña Lúcia, miraremos las novelas nuevas con los mismos argumentos de siempre, mientras preparamos algo de comer para nuestro placer egoísta? ¿O, como Rupa Kaviraja, nos dejaremos llevar por la envidia, la crítica y la intolerancia hasta que el odio nos consuma? ¿O, como Ratnamala, nuestro amor por Dios se mezclará con sentimientos en Su contra, y postergaremos el amor puro una vida más o, incluso, cien o mil vidas más? ¿O, como Yamaraja, tomaremos la decisión madura de disminuir el tiempo que invertimos en actividades menos importantes y nos dedicaremos a actividades más queridas a Dios, la divulgación del servicio devocional amoroso, la religión eterna? ¿O buscaremos a Dios con gran determinación y, a la hora de la muerte, regresaremos al hogar, de vuelta al Supremo? Depende de nosotros desarrollar nuestra conciencia, eligiendo lo que vemos, lo que escuchamos, con quien nos juntamos, lo que leemos, lo que ingerimos y lo que hablamos.

Una cosa es cierta: la muerte nos espera. Y tal como ha ocurrido con infinidad de personas en el pasado y continúa ocurriendo en el presente, tal vez llegue hoy, aunque nos cueste creerlo. Así pues, ¿a dónde iremos cuando nos muramos?

 

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0 Replies to “¿A dónde vamos cuando nos morimos?”

  1. Krsna se acerca sinuosamente a nuestra imaginación enferma y se prende en la conciencia un rechazo absoluto, casi bélico, en contra de maya y la autoridad que impone, para lograr igualmente que nosotros, pero conscientemente, servir a Krsna. En la television y los medios de comunicación hay un tramite muy grande, económico, y el alma piensa: Oh Krsna ojala todos tus devotos puedan conocerte y el mundo pueda equiparar tu sabiduría al sendero de la paz. Otra cosa seria muy difícil para los poderosos, ya que hay armas para la intolerancia el poder de los enemigos de Krsna podría ponernos a los devotos en un sendero fértil para el espíritu, y al mismo tiempo estéril para el poder, o viceversa. Es precisa la presencia del Guru, desde el principio hasta el fin.

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