Draupadi: Símbolo de la entrega

Aunque estaba casada con los más poderosos guerreros de la tierra, solamente Krishna fue capaz de protegerla.      

Satyaraja Dasa

En las tradiciones religiosas del mundo, vemos como Dios revela en ocasiones Su presencia sirviéndose de objetos ordinarios. En la Biblia, por ejemplo, aparece ante Moisés como una zarza ardiendo. En otra parte de la Biblia, un rayo de luz y una voz desde las alturas significan Su presencia. No puede, pues, sorprender a nadie que en la obra épica del Mahabharata permita que los miembros de una asamblea real sean conscientes de Su presencia‚ aunque ellos no lo puedan ver, suministrando un sari sin fin a Su devota Draupadi.

La tradición vaisnava considera a Draupadi el símbolo de la entrega al Señor. Ella era una princesa del antiguo reino indio de Panchala. El Mahabharata dice que es una ramificación de la diosa Lakshmi, consorte del Señor Vishnu. En la vida previa a su nacimiento como Draupadi, era una asceta llamada Nalayani. El Señor Shiva, el mejor de los devas, o semidioses, le concedió el don de que, en su vida siguiente, tendría cinco maridos virtuosos. Así que en la identidad de Draupadi se casó con los hermanos Pandava, los héroes del Mahabharata. (Aunque las leyes en la India de la época, hace cinco mil años, sólo permitían la monogamia‚ se permitían los matrimonios polígamos y poliándricos entre la clase guerrera).

El matrimonio de Draupadi

Cuando Draupadi llegó a una edad casadera, su padre, el rey Draupada, convocó unas fiestas magníficas durante las cuales ella debía elegir marido. De todas partes vinieron guerreros para demostrar su maestría en las artes militares y disputar su mano. Arjuna, el arquero más hábil entre los hermanos Pandava, ganó con suma facilidad la prueba, y la novia. Al regresar a casa, Arjuna le dijo a su madre, Kunti Devi, que había ganado un valioso premio. Kunti, sin mirar lo que había ganado, replicó: «Sea lo que sea, compártelo con tus hermanos».

Debido al inmaculado carácter de Kunti, sus palabras no podían ser falsas. Así que, después de hablar sobre temas relacionados con el derecho de propiedad y los precedentes védicos, cada uno de los cinco hermanos aceptó a Draupadi como esposa.

Draupadi fue una esposa responsable de integridad total. Acompañó a sus esposos generosamente durante el exilio al que fueron condenados en el bosque después de haber perdido el reino frente a loz Kauravas. Aceptó el destino de sus esposos como propio. Mientras residían en el bosque, les ofreció todas las comodidades y refugio disponibles. Y cuando fue preciso, los animó a que pasaran a la acción.

Draupadi, mujer animosa y decidida, hizo prevalecer sus opiniones en las discusiones maritales. Por ejemplo, reprendió a Yudhisthira por el grave error cometido al jugarse el reino. Yudhisthira casi provocó la pérdida del honor de Draupadi, e incluso la vida. Yudhisthira, antes de perder el reino, había apostado a Draupadi y la había perdido. Así que los Kauravas, los enemigos jurados de los Pandavas, reclamaron la propiedad de Draupadi. El Kaurava Duhsasana arrastró a Draupadi tirando de su pelo hasta el recinto de los juegos, en presencia de la realeza y los mayores. Draupadi, enfurecida y humillada, alegó que los Kauravas habían engañado a Yudhisthira haciendo que participara en un juego amañado. Y, puesto que era esposa de los cinco Pandavas, dijo que Yudhisthira no tenía derecho alguno a decidir por separado y apostarla. Puso en cuestión la ética de todo el asunto y habló de manera muy lúcida sobre el descarrío de los Kauravas.

Pero los Kauravas no quisieron escucharla. Ellos la riñeron y Duhsasana trató de arrancarle el sari. Durante unos instantes ella procuró resistirse, pero pronto se dio cuenta de que la fuerza de Duhsasana era demasiado grande. Dejó caer sus brazos totalmente entregada, no a los Kauravas, sino a Krishna.

«¡Krishna!» clamó. «¡Oh, Govinda! ¡Oh, Kesava! ¡Oh, amado de las gopis y Señor de Vrindavana! Oh, Janardana, Tú acabas con todas las aflicciones. Me hundo en el océano Kaurava. Oh, Señor, Oh alma del universo, Oh creador del mundo, ¡sálvame! ¡Estoy sufriendo y perdiendo mis sentidos antes esta malvada asamblea!»

En Dvaraka, a cientos de kilómetros, el Señor Krishna escuchó sus plegarias. Y Él acudió en su rescate aportando una tela infinitamente larga. Cuanto más tiraba Duhsasana, más aumentaba el tamaño del sari de Draupadi. Duhsasana, asombrado por el milagro que se estaba produciendo ante sus ojos, cayó al suelo exhausto.

La imagen de Draupadi con los brazos elevados abandonándose en las manos de Krishna inspira entrega y rendición a los devotos hasta hoy en día. Les recuerda a una devota que, hace mucho tiempo, demostró ser el símbolo de la entrega.

La aportación de la tela infinita que hizo el Señor Krishna para Draupadi tiene sus raíces en un intercambio que tuvo lugar en Indraprastha, el reino de los Pandavas. En una ocasión en la que el Señor Krishna estaba de visita, Draupadi, a pesar de tener muchos sirvientes, Le sirvió personalmente, ganándose Su afecto. Un día Krishna se cortó el dedo mientras pelaba fruta. Draupadi, rápidamente, se arrancó un trozo de tela del para vendar la herida.

El Señor Krishna, al aceptar el trozo de tela, sonrió y le dijo: «Oh, bondadosa dama, un día te devolveré este regalo que me haces».

Aunque el cuerpo de Krishna es totalmente espiritual, puede elegir sangrar si ello acentúa un intercambio de amor entre Él y Su devoto.

El corazón del vaishnava

Un incidente acontecido hacia el final de la batalla de Kuruksetra provocó una sorprendente muestra de compasión por parte de Draupadi. Asvatthama, hijo de Drona, el maestro de armas de los Pandava, mató los cinco hijos de Draupadi mientras estaban durmiendo. Arjuna, debido a este hecho cobarde y atroz, le capturó y le trajo ante Draupadi para que ésta decidiera su destino. Arjuna estaba dispuesto a matar a Asvattama de inmediato, animado por el Señor Krishna. Pero Draupadi le detuvo.

«Libérale», le dijo. «No permitas que la esposa de Drona tenga que llorar como yo».

Draupadi, elevándose por encima del odio y la venganza, demostró al mundo un superlativo ejemplo de amor desinteresado, y también fue el ejemplo del corazón del vaisnava.

Draupadi, debido a su amor puro por Krishna, logró de modo natural la compañía del Señor tras la muerte. El Srimad-Bhagavatam dice que ella y sus esposos regresaron al mundo espiritual en los mismos cuerpos con los que, en la tierra, tomaron parte en los pasatiempos eternos del Señor Krishna.

La historia del nacimiento de Draupadi

Durante su juventud, el príncipe Drupada y el niño brahmana Drona, hijo del sabio Bharadvaja, jugaron y estudiaron juntos, siendo amigos íntimos. Pero cuando Drupada fue proclamado rey, menospreció a Drona y rechazó su amistad. Después de jurar que se vengaría, Drona se dirigió a Hastinapura, donde el famoso anciano Kuru, Bhisma, le entregó a sus nietos, los Kurus y los Pandavas, para que los educara en el arte militar.

Aunque Drona era brahmana, había recibido armas celestiales de manos de Parasurama, la encarnación del Señor Krishna que descendió para destruir la clase guerrera atea. Después de que Drona enseñara a sus estudiantes todas las artes militares, les envió a que conquistaran el reino de Drupada. Cuando Drona tuvo a Drupada ante sí, le dijo que ahora ya podían ser amigos, pues ambos eran poseedores de un reino: Drona se quedaría la mitad del reino de Drupada, conquistado por los discípulos de Drona, y permitiría que Drupada se quedara con la mitad restante.

Humillado, Drupada abandonó Hastinapura con un único deseo: engendrar un hijo que reivindicaría su nombre matando a Drona. Drupada, después de complacer al sabio Yaja, le convenció para que le ayudara a conseguir este objetivo. Yaja preparó un plato especial, que, al tomarlo la reina de Drupada, haría que ésta concibiese mellizos. Sin embargo, cuando Yaja le ofreció este plato a la reina, ella afirmó no estar dispuesta y el santo ofreció el plato al mismo fuego de sacrificio.

Del interior del fuego surgió un guerrero, resplandeciente como el mismo fuego. Vestido para la lucha, profirió gritos de guerra. Yaja le llamó Dhrstadyumna, lo que significaba que era una persona generosa y valiente nacida de la brillante luz. Su destino era el de acabar con Drona.

Después, desde el interior del fuego del sacrificio surgió una encantadora y hermosa doncella. No había mujer en toda la tierra que pudiera comparársele en belleza. Una voz del cielo dijo que ella había nacido para cumplir una misión divina y que sería la ruina de muchos reyes.

Yaja reveló que, ya que sería una gran devota de Krishna, y como era de piel oscura (Krishna), su nombre sería Krishna.

También la llamaron Draupadi, y el hecho de que la maltrataran durante el juego llevado a cabo entre Yudhisthira y Sakuni fue una de las causas principales de la batalla de Kuruksetra: una batalla que, en última instancia, había sido organizada por el Señor Krishna para liberar al mundo de su carga de reyes demoniacos.

 

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