Diario Transcendental

Mientras caminábamos, empezaron a aparecer personas aquí y allá. Al principio eran unas pocas, pero fueron aumentando gradualmente. Se dirigían a cumplir con sus deberes matutinos, preparándose para otro día de labor. Pasaron algunos ciclistas a nuestro lado, andando silenciosos con su sistema de auto-propulsión, frenando a ultimo momento para evitar una eventual colisión. «Más peligrosos que los autos», comentó Prabhupada.

Más adelante, Srila Prabhupada inició una conversación sobre su tema favorito, la ciencia materialista. Preguntó si los cientìficos reconocían que hay vida en el globo solar. De esa manera, se suscitó una animada discusión acerca de los defectos de la especulación científica y la incapacidad de los científicos ateos por resolver los problemas verdaderos de la vida: el nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez.

Caminó hasta un punto que señalaba la mitad dese paseo, una casa solitaria llamada «Moda Place», y a continuación, retornó con el mismo paso ágil.

La campanilla del templo sonó cuando Prabhupada entró a los terrenos de la propiedad. Caminó por las lajas rojas y entró al templo para saludar a Sus Señorías Krishna y Balarama, y dio la clase del Srimad-Bhagavatam. Justo antes de ingresar por la puerta del templo, resumió a la sociedad moderna: «La civilización de Hiranyakashipu. Así pues, esto es una lucha, pero en definitiva, Prahlada saldrá triunfante e Hiranyakasipu será matado. ¡Jaya!¡Hare Krishna!»

Prabhupada está especialmente animado por su trabajo en la traducción de la historia de Prahlada. Muchas de sus conversaciones se derivan directamente de las enseñanzas de Prahlada. Sus clases son indicaciones vigorosas y poderosas de todo lo que anda mal en el mundo moderno. La guerra del pequeño Prahlada y la victoria contra los obstáculos abrumadores, gracias a su completa dependencia en Krishna, es una adecuada comparación con la propia lucha de Prabhupada contra un mundo poblado de personas sumamente materialistas.

El verso de hoy era del Séptimo Canto, capítulo sexto, verso nueve. «¿Cómo va a poder liberarse una persona que está demasiado apegada a la vida familiar porque no puede controlar sus sentidos? Los lazos del afecto por su familia [esposa, hijos y demás familiares] le tienen fuertemente sujeto».

Luego de leer el sánscrito, Prabhupada evocó la charla de la mañana y explicó la diferencia entre el estudio de la vida por parte de los científicos y por parte del devoto. Los materialistas obtienen disfrute de matar, ignorando que eso solo aumenta sus problemas; pero los devotos resuelven todos los problemas y obtienen la felicidad cultivando el desapego.

Lo ilustró citando un incidente de sus primeros días de prédica en Occidente. «Aquí están los ejemplos. Aunque ustedes son jóvenes, han abandonado muchas cosas insensatas. Esto se llama vairagya, desapego. Comer carne es forma parte de la vida de los europeos y los americanos, pero hoy, si alguien les ofreciera millones de dólares y les pidiera que comieran un poco de carne con él, pienso que ustedes se negarían. Esto se llama vairagya. Yo lo he comprobado. Nuestro Gargamuni fue llamado por su padre. Yo le aconsejé: «Tu padre tiene una empresa muy grande; tan solo hazte cargo para apoyar a la conciencia de Krishna». El padre se puso muy contento, pero le ofreció carne».

Cuando Gargamuni dijo, «Padre, no puedo comer carne», el padre se enojó. Lo echó. Un padre Hiranyakasipu. Así que Gargamuni regresó. Este joven rehusó tomar la propiedad de su padre. Esto es vairagya. Y todo el movimiento de conciencia de Krishna significa vairagya-vidya, la educación del desapego».

Se refirió a Srila Rupa y Sanatana Gosvamis como ejemplos recientes de hombres inteligentes y sabios quienes, luego de haber conseguido grandes cosas a nivel material, practicaron el arte del desapego para obtener la meta de la vida. «Aceptar voluntariamente la pobreza, eso es civilización hindú, eso es civilización védica, y no aumentar la opulencia material, sino disminuirla. Cuanto más la merman, más civilizados son. Pero en los países occidentales, si ustedes la disminuyen, si les dicen que disminuyan estas actividades insensatas, ellos dirán, «Oh, qué primitivo». Primitivo. Esta es la tendencia. Pero en realidad, la civilización primitiva, no primitiva, es decir, la civilización muy sobria, en lugar de incrementar las cosas indeseables, las disminuye. De eso trata el Srimad-Bhagavatam».

Resumió muy bien el significado de su movimiento espiritual y la oportunidad que nos está presentando con la construcción del Krishna-Balarama Mandir y la Casa de Invitados:

«Nos interesa construir un bello templo, no nos interesa construir un rascacielos alto. Debemos vivir muy humildemente. Vrindavana significa que todos se ocupan de la comodidad de Krishna. Eso es Vrindavana. No en la comodidad personal. Toda Vrindavana se ocupa de eso, desde Madre Yasoda, Nanda Maharaja, las gopis jovencitas y los pastorcitos jóvenes; eso es Vrindavana. Krishna es el centro. Por eso, cuanto más nos ocupemos en la comodidad de Krishna, más nos acercaremos a la meta de la vida. Así podremos liberarnos».

Las palabras de Prabhupada no son expresiones imprácticas idealistas. Poseen un gran impacto, porque él mismo es un ejemplo de un vrijavasi, un residente del santo dhama. El vivió durante años en una pobreza total, solo preocupándose en predicar. Ha construído un gran templo, una casa de invitados, un ashrama, y aún sigue predicando. Continúa gastando su energía para el bienestar de Krishna, a costa del suyo propio, sin exhibir ningún apego por sentarse en sus espaciosas habitaciones en medio de un cómodo retiro.

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Hari Sauri Dasa fue el asistente personal de Srila Prabhupada entre noviembre de 1975 hasta marzo de 1977. A través de su diario, ganamos una comprensión personal y detallada de A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada. En este primer volumen (Noviembre 1975 – Abril 1976), viajamos con Srila Prabhupada por la India y logramos una conexión especial con él. Aprendemos más sobre este hombre extraordinario y su capacidad para inspirar a las personas.

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