La vida del funeral

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Arcana-siddhi Devi Dasi

Mientras miro el cuerpo sin vida en el ataúd, pienso en la buena suerte que tuvo la difunta por tener la oportunidad de servir a Krisna, aún de manera inconsciente, en los últimos meses de su vida.

Al entrar en la iglesia, miro a la multitud, y al mismo tiempo que busco un banco libre en el fondo. Justo cuando tengo localizado un sitio que pasa bastante desapercibido, la señora Williams me ve desde el frente de la iglesia. La saludo mientras me abro camino hacia el sitio que he encontrado. Pero ella me hace gestos para que vaya al frente.

La señora Williams, figura matriarcal por excelencia, no es alguien al que uno esquiva con facilidad. De forma obediente, me acerco a ella  y le doy un abrazo, esperando que me deje volver de nuevo a los bancos del fondo. Sin embargo, ella me hace un sitio en la primera fila, al lado de su nieto Thomas.  Me mira con respeto.

Me siento en el banco y retrocedo un poco. Soy la única persona blanca en medio de una congregación de afroamericanos. En medio de un oficio baptista, nadie se imagina que soy vaisnava y he nacido en una familia judía. Me siento un poco rara porque mi única relación con la difunta era de terapeuta-paciente. Ella solía venir a la clínica de barrio donde yo trabajo. ¿Realmente debería estar sentada en el primer banco, al lado de toda su familia más cercana?

La gente hace una fila para dar sus condolencias y me incluyen como parte de la familia. Me siento incómoda a medida que los asistentes me dan la mano y me dicen palabras de consuelo. Este extraño momento termina cuando el órgano resuena en la iglesia y la gente vuelve a sus asientos.

A unos metros de distancia se encuentra el ataúd abierto con el cuerpo de la madre de Thomas, Regina Scott. Su cuerpo sin vida yace sobre almohadas de seda y encajes blancos. Han colocado peluches en el ataúd para crear una sensación de tranquilidad y paz eternas.

La vida de Regina

Conocí a Regina cuando vino a mi consulta para hacer terapia de familia. Acababa de salir de la cárcel y vivía con su hijo Thomas y su abuela. Thomas apenas conocía a su madre, porque ésta había estado en prisión la mayor parte de su vida. Cada vez que salía de la cárcel, volvía a consumir heroína. Para poder pagarse la heroína que consumía, se dedicaba a la venta de drogas y a la prostitución: de este modo, arrestaban a Regina y volvía a prisión una y otra vez. Ya sea por la prostitución o por el uso de agujas contaminadas, Regina acabó contrayendo el virus del SIDA. Durante los dos últimos años, sufrió enfermedades relacionadas con el SIDA y finalmente se resignó a morir.

Regina dejó tres niños huérfanos. León, el mayor, es un niño iracundo de quince años que ya ha sido arrestado por venta de drogas y robo de vehículos. Estaba sentado, de incógnito, en los últimos bancos de la iglesia.

Thomas, su segundo hijo, es un niño pequeño y sensible de doce años que sufre ansiedad y depresión. Fue derivado a la consulta de salud mental por intento de suicidio hace dos años. Lo encontraron con una cuerda alrededor de su cuello diciendo que quería morir. Fue así que me convertí en la terapeuta de Thomas , y comencé a trabajar con su familia .

Troy, el menor de los tres hermanos, nació seropositivo mientras Regina todavía estaba en la cárcel. Ha sobrepasado todas las expectativas de vida que los médicos le daban. Hoy lleva puesto un esmoquin y se mueve sin parar en su silla, pues no tiene control de sus músculos. Es un niño adorable y bueno, y parece haber trascendido su sufrimiento.

Yo sostenía la mano suave y húmeda de Thomas. El niño no paraba de llorar, y mojaba sus pantalones con las lágrimas que caían de su rostro. Le di un pañuelo, pero ni siquiera lo usó. Tenía la mirada perdida y el cuerpo paralizado.

Varios sacerdotes subieron al púlpito, vestidos con largas túnicas negras. Era la primera vez que asistía a una misa baptista y tenía muchas ganas de escuchar su mensaje.

¿Sólo una vida?

Con una voz profunda y autoritaria, el primer reverendo dijo que todo aquel que aceptaba a Jesús se pusiera de pie. Yo no tuve ningún problema en ponerme de pie también. A través de las enseñanzas vaisnavas, acepto a Jesús como un devoto puro del Señor que descendió a este planeta para enseñar amor puro a Dios a los hombres. Muchas veces he escuchado o leído a mi guru, Srila Prabhupada, glorificar a Jesucristo. A veces, sin embargo, mi guru veía que los seguidores de Jesús malinterpretan sus enseñanzas.

El reverendo expuso muchas verdades que coinciden con mi filosofía vaisnava. El alma y el cuerpo no son lo mismo. La vida es un viaje para amar a Dios y para ayudar a otros a hacer lo mismo. La mayor parte del mensaje que escuché podría haber sido dicho en una clase de Bhagavad-gita o en un templo vaisnava.

Pero nuestras escrituras entraron en conflicto cuando el reverendo afirmó que nuestra vida actual determina nuestra existencia eterna en el cielo o en el infierno. Este es uno de los principios del cristianismo moderno con los que no comulgo. Si realmente ésta es nuestra única oportunidad, ¿por qué entonces Dios permite tanta desigualdad a la hora del nacimiento? ¿Por qué un niño nace en un hogar acogedor y amoroso mientras otro niño vive una situación infernal de abusos en su casa? ¿Por qué un niño tendría la oportunidad de conocer a Dios desde su infancia y el otro no tener ninguna formación religiosa? Y si el niño nace sin pecado, como dice el cristianismo, ¿no sería lo mejor matar al niño nada más nacer para que pueda ir directamente al cielo?

¿Por qué Dios nos daría una sola oportunidad y nos condenaría para toda la eternidad? Siendo madre, he visto a mi hijo cometer muchos errores, y a pesar de ello continúo estando a su lado y apoyándole. Dios es infinitamente aún más amoroso. Seguro que Él nos seguiría ayudando más allá de esta vida.

De pronto empiezo a sentir que el reverendo tiene problemas en como presentar el concepto de una sola vida, cielo o infierno, en esta situación particular. Está claro que quiere consolar a la familia y a los amigos. Y esto sólo ocurre cuando nos dicen que el difunto irá al cielo. Claramente, la vida de Regina hasta su último instante fue de todo menos modélica. Decir que aceptó a Jesús y purificó su corazón sonaría un poco exagerado.

Seguro que el reverendo se preguntaba cómo transmitir el mensaje en el caso de Regina si decía que ella iría al cielo. Los presentes pensarían entonces que uno puede pecar en esta vida todo lo que quiera y que al final Jesús te aceptará sin problemas.

Entonces, si Regina no fue al cielo, eso significa, de acuerdo con la doctrina cristiana actual que se enseña en esta iglesia, que acabó en el infierno y que sufrirá allí el resto de la eternidad. Algo que no hace muy feliz a su hijo Thomas, que sigue sin parar de llorar, desconsolado.

¡Cómo me gustaría poder compartir con Thomas las enseñanzas de la Bhagavad-gita! Aunque es bastante probable que su madre no haya ido al cielo, no quiere decir que esté condenada para el resto de la eternidad. Tomará un nuevo cuerpo y hará progreso hacia su hogar original en el mundo espiritual. ¿Que cómo lo sé?

La misericordia del Señor

En una de nuestras sesiones de terapia familiar, Regina aceptó prasadam, comida ofrecida al Señor con amor y devoción. Mientras miraba como Regina se comía la galleta de avena y pasas, no podía dejar de pensar en lo afortunada que era. La comida que el Señor acepta se vuelve espiritual y tiene el poder de transformar el corazón de la persona que la come. La literatura védica explica que una persona que come prasadam recibirá la misericordia de Krishna y tendrá todas las probabilidades de nacer en un cuerpo humano en su próxima vida. Esto es significativo, teniendo en cuenta que hay millones de cuerpos inferiores en los que nacer, muchos de ellos más apropiados para personas que han llevado una vida animal. El que no aprovecha esta forma de vida humana para la auto realización, se arriesga a tomar el cuerpo de especies inferiores, perdiendo así la oportunidad de hacer avance espiritual. Pero por el simple hecho de comer un poco deprasadam, Regina tendrá la oportunidad de empezar de nuevo con un cuerpo humano en su próxima vida. Así pues, podrá seguir adelante con el viaje espiritual que inconscientemente ha comenzado.

Me encantaría ser capaz de consolar a Thomas con esta sabiduría védica. Pero en mi papel de terapeuta tengo que tener cuidado de no transgredir su sistema de creencias. Sólo puedo usar los principios de su fe para ayudarle en estos momentos difíciles. Puedo decirle que su mamá es diferente del cuerpo que ha dejado, que es el alma y que el alma es eterna. Más allá de eso, me arriesgo a ser demandada por proselitismo en mi profesión.

Hace muchos años, cuando distribuía la Bhagavad-gita, predicaba de una manera directa y me atrevía a retar muchos argumentos pobres. Hoy en día, aún teniendo la oportunidad de compartir la Conciencia de Krishna abiertamente, utilizo un enfoque más sutil. En mi trabajo, siempre tengo galletas prasadam. En la pared de mi oficina tengo un gran cuadro colorido con la cara sonriente del Señor Jagannatha. La gente se beneficia al ver la forma de Krishna, de comer prasadam e incluso de escuchar los santos nombres de Krishna, aún no siendo conscientes de la importancia de tales actividades. En sánscrito esto se llama ajnata-suktri, servicio devocional inconsciente. Es una manera muy poderosa de ocupar en el servicio al Señor a gente que, de otra manera, estaría recelosa o se mostraría contraria a ello.

Regina vio el cuadro del Señor Jagannatha y comentó cuanto le gustaba mientras degustaba prasadam. Al mirar su cuerpo sin vida en el ataúd, pienso en la buena fortuna que tuvo al hacer, de manera inconsciente, este servicio en los últimos meses de su vida. Me acuerdo de la historia de Ajamila, un sacerdote que se obsesionó con una prostituta y abandonó por completo su vida espiritual. En el momento de la muerte, Ajamila, ya viejo y exhausto, llamó a su hijo Narayana, un nombre del Señor Supremo. A pesar de que Ajamila simplemente estaba llamando a su hijo, el Señor lo aceptó como servicio devocional. Anuló los pecados de Ajamila y purificó su corazón. Gracias a esto, Ajamila volvió al mundo espiritual.

Pensando así, apreté la mano de Thomas. Por primera vez me miró a los ojos en toda la tarde. Con toda mi convicción le dije a Thomas, “Tu mamá estará bien. El Señor está con ella y siempre estará con ella”. Sus ojos se iluminaron creyendo en mis palabras y me respondió asintiendo con la cabeza.

Al final de la misa Thomas me abrazó y me dijo: “Gracias por ser la vida del funeral”.

Sus palabras podían parecer extrañas viniendo de él, porque transmiten una verdad profunda: en realidad, el alma nunca muere. A lo mejor el Señor en su corazón le dio la capacidad de comunicarse con estas palabras.

Thomas sigue viniendo a terapia y trabaja en sus sentimientos de dolor y pérdida. Y sigue comiendo galletas prasadam y viendo la cara sonriente del Señor Jagannatha.

 

Arcana Siddhi devi dasi fue iniciada por Srila Prabhupada en 1976. Es licenciada en clínica social (LSCW). Actualmente reside en Ridge Sandy (Carolina del Norte) con su marido e hijo, y trabaja en una consulta privada.

 

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