Situar a Krishna en los estudios

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Kalakantha Dasa

Un devoto de Krishna obtiene reconocimiento académico presentando las ideas que aparecen en los libros de Srila Prabhupada al mundo laico académico.

Mientras Dhira Govinda Dasa entraba en la oficina de la fotocopiadora, lanzó una mirada al periódico local que se encontraba sobre la mesa. Hizo una mueca al leer el titular: «Dixie County, hogar de la única col de los pantanos de cuatro cogollos del mundo».

Como asistente social novel en esta zona rural de Florida, cavilaba sobre este nuevo trabajo y su futuro en el mismo. En ese mismo momento, y apartando la vista del periódico, descubrió por primera vez un anuncio a todo color en el tablón de anuncios de la oficina: «Curso de maestría en Servicios Sociales en la Universidad estatal de Florida, empieza el plazo de matrícula». Acercándose al tablero de anuncios, leyó cuidadosamente los detalles.

«¿Debería tenerlo en cuenta?», pensó.

Dhira Govinda (David Wolf) se había licenciado en la Universidad estatal de Pennsylvania en 1983. Después pasó un tiempo viajando por Europa. En Israel, unos meses después, y con la finalidad de satisfacer su creciente interés en la filosofía y la vida espiritual, se dedicó a estudiar con detenimiento el Bhagavad-Gita tal como es de Srila Prabhupada en un ashram Hare Krishna. En 1985 aceptó la iniciación espiritual y el nombre Dhira Govinda Dasa, «sirviente del imperturbable Señor Supremo». En 1990, en pleno apogeo de la Guerra del Golfo, regresó a los Estados Unidos con su esposa y su hijita de dos meses.

En la universidad fue un buen alumno, aunque no excepcional. Preocupado por su futuro en Dixie County, decidió (en 1993) presentarse a las pruebas de admisión. El recibir unas notas elevadas fue para él motivo de sorpresa y satisfacción, y fue aceptado en el programa.

¿Una pérdida de tiempo?

Dhira Govinda se enfrentaba a un dilema. Las Escrituras védicas —objetivo de sus estudios y su fascinación durante muchos años— hacían hincapié en el valor del desarrollo espiritual. Las grandes autoridades védicas, al declarar que la singular vida humana tenía como objetivo la autorrealización, lamentaban el tiempo perdido en «los pasatiempos de la erudición mundana». Ir a la universidad significaba recibir una enseñanza laica y, con suerte, una actitud tolerante hacia su espiritualidad. Pensaba en los conflictos entre sus convicciones espirituales y las perspectivas de más años de universidad.

Por último, decidió seguir el curso de licenciatura, aunque sin comprometer sus principios conscientes de Krishna. Se adheriría a sus convicciones y comprobaría cuanto podía progresar en su clase. Siguiendo las instrucciones de Krishna a Arjuna en el Bhagavad-gita, Dhira Govinda trataría de recordar a Krishna mientras llevara a cabo sus estudios académicos, y dejaría los resultados en Sus manos.

Las clases no empezaron con muy buen pie. En la clase introductoria, el profesor declaró:

―Las labores sociales hunden sus raíces en causas religiosas y espirituales. No estamos orgullosos de tales comienzos.

Al comprobar la férrea tendencia secular de la asistencia social, Dhira Govinda decidió infundir una mayor contribución consciente de Krishna en la profesión.

Una de sus primeras asignaturas fue Biología humana. Dhira Govinda, además de hacer sus tareas, escribió al profesor indicándole de forma humilde, pero acertada, aquellas secciones del libro de texto más débiles referentes a la evolución. El profesor respondió con entusiasmo, satisfecho de encontrar un estudiante que mostrara tanto interés.

Dhira Govinda, en un proyecto de fin de trimestre, habló a la clase acerca del papel de los ancianos en la sociedad. En la cultura materialista, expuso, los ancianos suelen considerarse una carga y un gasto. Sin embargo, en una sociedad fundamentada en lo espiritual, los ancianos son reverenciados por su sabiduría y experiencia. Cuando habló del sistema social védico y la posición del sannyasa, observó con placer que la clase encontró la presentación fresca y estimulante. La gente parecía interesada en sus opiniones conscientes de Krishna.

Un profesor toma nota

Durante su tercer semestre, Dhira Govinda preparó un trabajo para una asignatura dedicada a las comunidades y organizaciones. El trabajo criticaba la estructura administrativa de una organización de servicios sociales.

Una tarde, cuando se dirigía a clase, el profesor le llamó en un aparte y le dijo:

―¿Eres David Wolf?

Dhira Govinda dijo que sí.

―El trabajo que preparaste ha sido el mejor que he leído en veinticinco años de profesorado.

Continuó alabando el contenido analítico e incisivo del trabajo y animó a Dhira Govinda a que terminase su licenciatura.

El respetable profesor había dicho durante la clase anterior:

―Tenemos un genio entre nosotros. Tienen que conocerlo.

Dhira Govinda quedó anonadado. El trabajo no era nada especial. Como siempre, lo único que había hecho era aplicar los puntos que hace Srila Prabhupada en sus libros y referirlos a un tema en particular. Le asombró comprobar como su formación consciente de Krishna le permitía contemplar las cosas desde una perspectiva filosófica profunda.

En otra clase, Dhira Govinda aplicó el principio de yukta-vairagya (utilizarlo todo al servicio de Krishna) para analizar y reducir un debate tradicional en los servicios sociales respecto a la investigación cualitativa frente a la cuantitativa.

Una vez, durante un descanso en una clase de política y sociedad, Dhira Govinda estaba contando cuentos con Kevin y Jim, dos condiscípulos. Citando el Srimad-Bhagavatam, mencionó las cuatro estrategias de las que se sirven los dirigentes cuando tienen que enfrentarse a subordinados rebeldes: adulación, oferta de una posición, crear división y castigo. Los condiscípulos se quedaron en silencio durante un segundo.

Entonces, Jim le dijo a Kevin, con cierta gravedad en la voz:

―¿Has tomado nota de eso?

En medio de un océano de artículos, libros y clases especulativas sobre el tema, los dos se demostraron recibir un conocimiento político más práctico de una o dos frases del Srimad-Bhagavatam.

Fuente del material védico

Dhira Govinda descubrió que citando en sus trabajos y debates las fuentes védicas, disponía de un inacabable suministro de interesantes y destacadas ideas. En una clase, le pidieron que escribiera un comentario sobre la siguiente cita de William James: «Nuestra conciencia despierta normal, o conciencia racional como la denominamos, no es más que un tipo especial de conciencia; separadas por la pantalla más tenue, yacen formas potenciales de conciencia totalmente distintas».

Dhira Govinda escribió: «Durante muchos años estuve interesado en formas y niveles de conciencia. En un momento dado pensé: “Pero, ¿quién es el consciente?” Me sorprendió que ningún científico hubiera hecho la mezcla necesaria de elementos químicos para crear algo consciente, ni tan siquiera una ameba o un mosquito, qué decir de un ser humano. El cuerpo que yo tenía a los cinco años ya no está aquí. Cada átomo es distinto. Sin embargo hay algo, alguna identidad que es consciente de todas mis experiencias vivas. Tal identidad no debe ser una función de mi cuerpo burdo, ya que ha permanecido constante, aunque el cuerpo y la mente hayan cambiado».

El profesor comentó, en tinta roja:

―¡Vaya! Como siempre, aporta una gran profundidad de experiencia.

En otras respuestas, Dhira Govinda reflexionó acerca de la filosofía acintya-bhedabheda-tattva («unidad y diferencia simultáneas»), citó la Brahma-samhita y el Caitanya-caritamrta, e indicó lo temporales que son todas las cosas materiales. Citando el Bhagavad-gita, escribió sobre la humildad como cualidad esencial para un terapeuta eficaz.

Los profesores de Dhira Govinda estaban encantados con su trabajo. Reconociendo su interés en presentar un mensaje espiritual y ético en el campo del servicio social, uno de los profesores le indicó lecturas que le permitirían presentar su mensaje espiritual en un tono secular. Otra profesora le pidió que revisase un curso que estaba preparando sobre epistemología de las ciencias sociales. Entre otros conceptos directos de los libros de Srila Prabhupada, Dhira Govinda sugirió que incluyese lecciones acerca de los defectos de los sentidos materiales. La profesora apreció sus sugerencias e incorporó dichas ideas, especialmente las referidas a las limitaciones de los métodos empíricos.

Dhira Govinda empezó a sentirse más relajado y aceptado como trabajador social y Hare Krishna. Decidió llevar consigo la bolsa del japa y cantar mientras paseaba por el campus durante el día. Ante su sorpresa, una administradora de los servicios sociales se dio cuenta y le dijo que ella y su marido solían visitar a menudo los templos de Krishna.

Durante un curso sobre filosofía de las ciencias sociales, a Dhira Govinda le asignaron que escribiera sobre «ontología y epistemología personales que sustentan nuestra aproximación a la práctica e investigación de nuestra labor social».

Él, yendo directamente al meollo, escribió: «Sustentando mi enfoque práctico se encuentra la comprensión de que la persona no es el cuerpo. Por lo tanto, considero una ilusión que alguien piense “Yo soy blanco”, “Yo soy negro”, “Yo soy mujer”, “Yo soy hombre”, “Yo soy árabe”, “Yo soy judío”, o cualquier otra concepción corporal. Tales designaciones son sólo referentes a la cubierta material temporal de la persona… Ilustrándolo mediante una analogía, si alguien condujera un coche fabricado en Italia, sería incorrecto que pensara: “Debo ser italiano”. La persona podría introducirse en un Toyota y creer: “ahora soy japonés”. El vehículo no tiene relación intrínseca alguna con el conductor. De modo similar, este cuerpo material no tiene conexión intrínseca con el yo… Una falta de comprensión acerca de nuestra separación del cuerpo es la raíz del sufrimiento. Mi modelo de práctica contempla la ayuda a la persona de modo que esta comprenda la diferencia entre el cuerpo y el yo. En todos los diferentes tipos de trabajo social y de salud mental, creo que esta comprensión es algo esencial…».

Impresionado, el profesor comentó que le gustó de modo especial la analogía del vehículo. Después, al final de su comentario escrito, preguntó francamente:

―¿Qué hace usted aquí?

No podía comprender que estaba haciendo alguien con un fondo filosófico de ese tipo en un programa de posgrado de trabajo social. Le aseguró a Dhira Govinda que consideraba que sus opiniones filosóficas eran únicas en este campo.

A Dhira Govinda le encantó estar fuera de lugar, un postulante de la Verdad Absoluta en medio de una horda tronante de especuladores liberales. En un documento final sobre ética, valores y moralidad en la práctica del trabajo social, Dhira Govinda empezó citando un orador durante la ceremonia de graduación de Harvard: «Entre mis condiscípulos creo que predomina una idea, un sentimiento, que todos hemos adquirido en uno u otro momento de nuestras carreras en Harvard, y es, en una sola palabra, confusión… Nos dicen que es una herejía sugerir la superioridad de algún tipo de valor, que es una fantasía creer en los argumentos morales, una esclavitud someterse a otro juicio aparte del tuyo. La libertad de hoy en día es la libertad de dedicarse a cualquier valor que nos satisfaga, con la única condición de que no lo creamos verdadero».

Abundando en el tema, Dhira Govinda destacó las contradicciones de las omnipresentes doctrinas relativas de los académicos modernos: «Filosóficamente, la paradoja es irresoluble. “¿Estás seguro de que no existe verdad absoluta?” “Sí”. “¿Estás absolutamente seguro?”… Los rígidos intentos de adecuarse a la doctrina relativista llevan a la confusión a la que se refería el graduado de Harvard. Está confusión y los consiguientes sentimientos de trivialidad e inseguridad caracterizan ampliamente la sociedad moderna».

Dhira Govinda, presentado tanto la crítica como la solución, concluyó: «Si contemplamos conceptos como los de la esencia o el alma en el debate, el objetivismo material ya no puede aplicarse. Los trabajadores sociales que profesen un paradigma objetivista pueden ser corteses, afables, cálidos y dedicados, pero su paradigma no ofrece razón fundamental alguna para desarrollar tales cualidades».

Continuando con la explicación de la importancia de comprender el alma para el desarrollo de las relaciones compasivas necesarias para el trabajo social, Dhira Govinda concluyó con una presentación directa de la conciencia de Krishna: «Cuando tal relación se establece dentro del corazón, ya no son necesarias las normas y las leyes. El individuo, de manera espontánea, obrará en beneficio de los demás. Para desarrollar tal relación con todas las personas es necesario cultivar una relación amorosa, por medio del proceso del servicio devocional, con el origen de todas las entidades vivientes, la Personalidad de Dios. La Personalidad de Dios puede compararse a la raíz del árbol. Si regamos la raíz, no es necesario regar de forma separada cada hoja o cada rama».

El profesor, en sus comentarios a este trabajo, escribió: «Creo que su idea del sacrificio y la compasión sin sentimentalismo es un noble empeño. Es una tónica para el sentimentalismo sin fin al que se encuentra expuesto el trabajo social. Mis mejores deseos».

Dhira Govinda, al referirse a sus raíces conscientes de Krishna, vio como su paso por la universidad se aceleraba. Sus cincuenta condiscípulos disfrutaron durante las varias presentaciones que hizo en el aula sobre la conciencia de Krishna. Cuando obtuvo la licenciatura con una nota media de 4 (equivalente al 8 en España), fue elegido para pronunciar el discurso de cierre del curso. En su locución a la clase el día de la graduación, citó la instrucción del Caitanya-caritamrta referente a que comprender y enseñar a los demás todo lo relacionado con el alma eterna es el servicio social más sublime.

 

Teoría védica del servicio social

Después, ante la insistencia de su director de tesis, Dhira Govinda se matriculó en el programa de doctorado. Durante uno de sus primeros cursos de doctorado, dedicado a las metodologías de investigación, de pronto se vio ante una cuestión inesperada: ¿Cuál sería su proyecto de investigación? Sus tres compañeros de estudio hacía meses, o quizá años, que lo tenían decidido. Dhira Govinda no disponía más que de un minuto para decidir.

Recordando algunas de sus conversaciones con otros vaishnavas estudiosos, Dhira Govinda anunció que iba a investigar las tres modalidades de la naturaleza material (bondad, pasión e ignorancia) como medida del bienestar de la persona. Como declaró, el Bhagavad-gita define exhaustivamente los efectos de las modalidades de la naturaleza sobre distintas conductas humanas; son, por consiguiente, tan dignas de estudio e investigación como otros conceptos psicológicos. El profesor, que además era maestro de yoga, mostró entusiásticamente su acuerdo con la idea y ofreció su colaboración.

El resultado de esta investigación fue el «Índice védico de la personalidad», publicado en el número de mayo/junio de 1998 de Back to Godhead. También se publicó en el Journal of Indian Psychology (Diario de psicología india), (enero, 1998) y en Psychological Reports (Informes psicológicos), (junio, 1999).

El Índice védico de la personalidad se manifestó como un elemento esencial de lo que Dhira Govinda desarrolló como «Teoría védica del servicio social». Por lo general los estudiantes recién licenciados no suelen introducir teorías; suelen elegir alguna de las que se encuentran en estudio. Pero la multitud de textos de Srila Prabhupada y las múltiples referencias védicas sobre diversos temas como sociología, psicología y servicio social, le proporcionaron las fuentes necesarias para la «nueva» teoría.

La Teoría védica del servicio social afirma que el alma es distinta del cuerpo. También incluye el efecto del sonido trascendental (japa) en el progreso del alma por entre las modalidades de la naturaleza. Este elemento resultó fundamental para la tesis de Dhira Govinda (consultar artículo sobre el tema).

Después de su presentación de la Teoría védica del servicio social a una clase mediante una obra teatral, Dhira Govinda escuchó los siguientes comentarios de otros estudiantes:

«Creo que la terapia por medio del sonido [japa] resulta especialmente interesante. La analogía referente al cuerpo y la cuadriga es fantástica. “El propietario es distinto del cuerpo”. Me encanta. Da en el clavo. Una presentación muy buena».

«En lo referido a conciencia elevada y espiritualidad, se trata de una valiosa lección. Quizá estoy en la búsqueda. Me interesa el paralelismo entre los enfoques terapéuticos orientales y los occidentales. Buen trabajo. ¡Un documento muy interesante!».

«Es bueno que se nos recuerden los aspectos espirituales de nuestra naturaleza aplicándolos en la práctica. ¡Todo lo que presenta es muy interesante!».

«He aprendido una aplicación disciplinada de un modo de vida espiritual que utilizaré con nuestros clientes».

«He aprendido mucho sobre la aplicación de las prácticas espirituales en el servicio social».

«Me encantó la analogía del caballo y la cuadriga. La Teoría védica fue muy interesante; gracias por el aperitivo para alimentar el vehículo».

Dhira Govinda defendió con éxito su tesis en el mes de junio de 1999. Lo que empezó como una aventura universitaria se convirtió en una serie de graduaciones perfectas y mucho éxito y gratitud. Dhira Govinda, reflexionando sobre su experiencia, comenta: «Todo lo que dije y escribí procede directamente de los libros de Srila Prabhupada».

Back To Godhead © 2000

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