Viagra o vairagya: ¿Dónde radica la felicidad?

Arcana-siddhi Devi Dasi

Los placeres sensuales palidecen ante el gusto superior de la devoción al Señor Krishna.

Me siento a comer con algunos de mis colegas y despedimos a uno de nuestros colaboradores. Pronto me doy cuenta de por qué suelo evitar estas reuniones: como siempre, la conversación pronto gira en torno al sexo.

Mimi, una mujer de cincuenta y ocho años, habla de sus esfuerzos por mantener una vida sexual activa con su pareja, Phil. Él toma el afrodisíaco Viagra, y por casualidad escucho como Mimi se entusiasma con su renovada vida sexual. Viagra, según sus cálculos, es un milagro.

«Viagra o vairagya», pienso, mientras recuerdo una de las recientes ocurrencias de mi marido.

Vairagya significa renunciar voluntariamente a una cosa para obtener otra de mayor valor. Un relato de la India ilustra de manera adecuada este principio. Hace quinientos años, Sanatana Gosvami, gran devoto del Señor, tenía una piedra filosofal. Se decía que esta piedra era capaz de convertir el hierro en oro. Un pobre, al enterarse de que Sanatana tenía ese tesoro, fue a buscarlo. Cuando se acercó a Sanatana Gosvami, le preguntó dónde tenía la piedra filosofal. Sanatana le dijo que podía tomarla del montón de basura donde la tenía.

Como el hombre era algo inteligente, pensó que si Sanatana echaba tan valioso objeto a la basura, probablemente se debía a que tenía algo de mayor valor. Entonces el hombre se acercó de manera sumisa a Sanatana Gosvami y le preguntó que era aquello tan valioso que poseía.

Sanatana regateó con el hombre, diciéndole que le daría algo muy superior si era capaz de dejar a un lado la piedra filosofal. El hombre se mostró conforme, y Sanatana Gosvami le ofreció el canto de los santos nombres del Señor: Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare/ Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare.

El hombre del relato estuvo de acuerdo en abandonar algo inferior (y material) por algo superior (y espiritual). Eso es vairagya. Cuando Srila Prabhupada presentó la conciencia de Krishna al mundo occidental, no empezó haciendo hincapié en vairagya; no insistió en que había que abandonarlo todo de inmediato. Fue tan atento que nos entregó el santo nombre y no nos pidió que dejáramos nuestras piedras filosofales a modo de requisito previo para empezar a cantar. Lo cierto es que vairagya llegó por sí misma. A medida que practicábamos el canto del maha-mantra, la satisfacción procedente de nuestras actividades materiales fue disminuyendo de manera gradual y fuimos capaces de abandonar muchos hábitos no deseados. La mayoría de devotos dejaron con toda facilidad el comer carne, los juegos de azar y las adicciones, tres de las cuatro principales prohibiciones. También dejaron el sexo ilícito, pero eso resulta más difícil porque el deseo sexual está muy enraizado. Liberarse de él requiere de tiempo. Esa es una de las razones por las que la mayoría de devotos forman una familia, escogiendo así criar niños conscientes de Dios en vez de permanecer célibes.

Aunque el sexo se permite dentro del matrimonio, la finalidad es regularse y, con el tiempo, dejarlo también. Los que no son devotos, e incluso algunos devotos, a veces preguntan por qué debe eliminarse algo que parece tan agradable e íntimo de su repertorio de actividades. ¿Está Krishna siendo desconsiderado al exigirnos tal sacrificio? No, Krishna desea que obtengamos un placer mucho más grande, pero este no puede alcanzarse mientras permanezcamos apegados a los placeres corporales. Nuestro interés más grande consiste en esforzarnos por abandonar el sexo de modo que podamos trascender la limitada esfera material de las actividades temporales.

Ayuda de la naturaleza

Krishna ha diseñado nuestros cuerpos de modo que podamos abandonar de manera gradual el deseo sexual. A medida que superamos las etapas biológicas del desarrollo humano, nuestras capacidades sexuales van disminuyendo de manera natural. Desdichadamente, en la actualidad vivimos en una sociedad embebida en el sexo, y los medios de información nos estimulan de manera artificial, bombardeándonos constantemente con imágenes eróticas. Incluso mientras estamos esperando en la cola de una tienda de alimentación, nos vemos acosados por las portadas de las revistas con fotografías de hombres y mujeres ligeros de ropa. Dos de las múltiples consecuencias sociales es que los niños preadolescentes despiertan antes al interés por el sexo y los mayores se ven estimulados a buscar nuevos modos de reavivar sus menguantes inclinaciones sexuales.

La mayoría de la gente estaría de acuerdo en admitir su rechazo a la promiscuidad infantil, sin embargo, esas mismas personas estarían de acuerdo en apoyar cualquier medio que prolongara su actividad sexual. Les gustaría ser capaces de satisfacer los deseos sexuales que persisten en la ancianidad.

El deseo sexual es tan fuerte que sin una formación espiritual ni los moribundos pueden dejar de pensar en él. Para mantener esta afirmación, Prabhupada solía narrar la historia de un rey y su ministro. Cuando el rey le preguntó a su ministro cuando acabaría el deseo sexual, este replicó que dura hasta el momento de la muerte.

El rey dudó de esta respuesta. Deseando probar su afirmación, el ministro llevó al rey acompañado de su joven hija a visitar a un hombre que estaba en el lecho de muerte. El hombre era un súbdito leal y seguramente ver al rey le encantaría. Pero cuando el rey y su hija entraron en la habitación, los ojos del moribundo se fijaron de inmediato en los pechos de la atractiva hija del rey, en absoluto hizo caso de la cara del rey.

Puede que haya quien cuestione que los pensamientos sexuales en el momento de la muerte sean perjudiciales. Las Escrituras védicas nos dicen que nuestros pensamientos y deseos durante el momento de la muerte son lo que nos dirige a nuestro siguiente destino. Pensar en el sexo en el momento de la muerte es una garantía de que regresaremos al mundo material. Como nuestros pensamientos durante el momento de la muerte son, naturalmente, un conjunto de las actividades y deseos en vida, toda preocupación referida al sexo puede suponer el tener que encarnarnos en un cuerpo mejor dispuesto para el goce sexual, como el de un mono o el de una paloma. Ambas especies pueden tener múltiples relaciones sexuales cada día sin culpabilidad alguna ni inhibiciones de ningún tipo.

La primera vez que me hice devota, compartí con un íntimo amigo las ideas de la trasmigración del alma de cuerpo en cuerpo dirigida por nuestros deseos durante la muerte. Desdichadamente, no fue capaz de ver mal alguno en convertirse en palomo o mono. Sentí pena de que estuviera tan apegado al sexo hasta el extremo de gustarle la idea de descender a especies de vida inferiores sin posibilidad de avanzar espiritualmente.

Elegir vairagya

Desde la perspectiva ideal, si hemos dedicado nuestras vidas al cultivo de los deseos espirituales, practicando actividades espirituales, seremos trasportados a nuestro hogar espiritual eterno. Si ese es nuestro objetivo, elegiremos vairagya. Elegiremos de manera voluntaria abandonar todo lo que impida nuestro progreso. Y elegiremos aceptar todo lo que nos permita desarrollar nuestro latente amor por el Señor. Para muchos seguidores de la senda del bhakti, la renuncia es algo gradual. A medida que avanzamos en dicha senda y nuestra comprensión y satisfacción de las actividades espirituales aumenta, de manera natural abandonamos las actividades materialistas. En su significado al verso 3.31 del Bhagavad-gita, Srila Prabhupada nos dice que aunque no podamos seguir de inmediato alguna instrucción en particular que nos permita abandonar la actividad material, mientras no nos manifestemos en contra del principio gradualmente progresaremos por el camino de la perfección.

Lo que acabo de decir no significa que apruebe una conducta materialista eternizada, sino que sirve de apoyo y ánimo para continuar intentándolo sin que se pierda la esperanza. Krishna es consciente de lo difícil que nos resulta progresar en lo referente a la conquista del deseo sexual. Es por ello que nos envía tanta ayuda, especialmente en la forma de nuestro maestro espiritual Srila Prabhupada, que comprendió a la perfección nuestras mentalidades. Cuando predicaba en occidente, Prabhupada simplificó el proceso de bhakti-yoga para que se ajustara a nuestro modo de vida y a nuestra maleada conciencia. Escribió muchos libros en los que ponía la literatura védica a nuestro alcance y alentó a sus discípulos a que escribieran también sus percepciones.

Los santos nombres de Krishna tienen el poder de transformar nuestra mentalidad.

Krishna también envió Sus santos nombres. Sus nombres, idénticos a Él, tienen el poder de trasformar nuestra mentalidad mundana en conciencia trascendental. Los santos nombres convierten nuestros sentimientos de lujuria en amor puro. Apartan la cobertura de la ignorancia abyecta y nos iluminan con el conocimiento. Los nombres pueden liberarnos de las cadenas de la vida sexual, la fuerza vinculante del mundo material.

Sí, el sexo es algo tan aparentemente maravilloso que estamos deseosos de sacrificar el reino de Dios por él. Estamos deseosos de sentirnos comprimidos de nuevo en un útero materno y afrontar el trauma del nacimiento. Estamos ansiosos por volver a ser bebés indefensos padeciendo hambre, indigestión y las escoceduras producidas por los pañales. Estamos deseosos de volver a la escuela, a que nos obliguen a sentarnos durante horas y horas cada día, esperando tan sólo que suene el timbre que nos liberará. Deseosos de sufrir la terrible adolescencia con acné y correctores dentales. Deseosos de ser de nuevo padres y aguantar toda la noche en vela con nuestros hijos enfermos, y volver a educar y criar adolescentes insubordinados. Deseosos de envejecer llenos de atroces dolores en nuestras articulaciones y órganos. Deseosos de repetir todo esto una y otra vez por el mero hecho de disfrutar de unos breves momentos de la placentera sensación física llamada sexo.

Esta locura nos afecta a todos en conjunto. Debemos orar pidiendo «el deseo de desear, desear, desear» liberarnos de las ansias sexuales. También tenemos la responsabilidad de ofrecer esta verdad a otros: a gente como Mimi, que está convencida de que ha encontrado el milagro de la vida en el Viagra. Nuestro milagro es que nos encontremos con un devoto puro que esté dispuesto a entregarnos la cosa más valiosa, los santos nombres del Señor.

 

Back To Godhead © 2003

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