Apostarse la vida

Arcana-siddhi Devi Dasi

El juego de azar es, para los interesados en el desarrollo espiritual, algo más que una diversión inocente.

Los supermercados rebosan de compradores de última hora buscando artículos para la cena. Yo, que me había quedado sin leche, me vi, pues, en medio del repleto supermercado, aguardando mi turno en una fila que se extiende alrededor del departamento de alimentación. Me resigno a la espera y canto el mantraHare Krishna suavemente.

Una anciana de aspecto lastimoso que se encuentra en el mostrador llama mi atención. Está rascando frenéticamente una tarjeta de lotería, del tipo bingo instantáneo. Estruja la tarjeta y se la mete en el bolsillo del abrigo, saca cinco dólares de otro bolsillo y pide otra tarjeta. De nuevo se pone a rascar enfebrecida con una uña estropeada. Haciendo visible su desaliento, vuelve a sacar cinco dólares más. No para de comprar tarjetas hasta que se queda sin dinero. Después abandona los grandes almacenes.

Imagino que la mujer acaba de gastarse toda la paga de la seguridad social, esperando obtener una cifra mayor, y puede que ahora esté con los bolsillos vacíos. ¿Tendrá comida para pasar el mes? ¿Pagará alguien su alquiler? Siento afecto hacia esta pequeña mujer de cabellos grises que ha desaparecido entre la impenetrable niebla.

Cuando decidí convertirme en devota de Krishna y sentía el deseo de iniciarme espiritualmente, ya había aprendido de los devotos que tenía que dejar de lado ciertas actividades que dificultan el crecimiento espiritual. Dichas actividades, consideradas los pilares de la vida pecaminosa, incluían el consumo de drogas y alcohol, comer carne, las relaciones sexuales promiscuas y los juegos de azar. Cada una de ellas empaña nuestra conciencia y es adictiva.

En la actualidad, después de observar a la mujer y su frenesí en el supermercado, sentí renacer el deseo de saber más sobre el juego de azar, así que busqué en los libros de Srila Prabhupada.

Una vez, cuando Maharaja Parikshit, se dirigía a conquistar el mundo, vio al amo de Kali-yuga disfrazado de rey y lastimando las patas de una vaca y un toro. El Rey lo aprehendió de inmediato para imponerle el debido castigo.

El Srimad-Bhagavatamnos habla de un toro que representa la religión, y dicho toro tiene cuatro patas, que representan la misericordia, la veracidad, la limpieza y la sobriedad. El Bhagavatamdice que comer carne, tener relaciones sexuales promiscuas, tomar alcohol o drogas y participar en los juegos de azar, desgasta las patas, o pilares, de la religión. El consumo de carne enmascara nuestros sentimientos misericordiosos. Las relaciones sexuales promiscuas consumen la cualidad de la limpieza. La drogadicción y el alcoholismo dificultan nuestra capacidad de ser sobrios y dejar de lado la satisfacción inmediata para conseguir fines a largo plazo. El juego de azar destruye la veracidad.

En la época actual, Kali-yuga, el toro de la religión sólo cuenta con una pata: la veracidad, las otras tres prácticamente han sido destruidas. Y la veracidad también sufre, el mismo presidente de los Estados Unidos ha sido pillado mintiendo bajo juramento.

Jugar con la Verdad

¿En qué manera dificulta el juego de azar la veracidad? Recuerdo uno de mis primeros clientes en psicoterapia. Joe, de una treintena larga, se había casado recientemente por primera vez y estaba ansioso de que su matrimonio funcionara. Pero cada vez que recibía la paga, se iba en secreto a los casinos de Atlantic City. Mediante una elaboradísima maraña de mentiras, explicaba sus ausencias a su esposa. Si perdía todo el dinero, lo que ocurría a menudo, no tenía más remedio que inventar mentiras al respecto. Se inventaba toda clase de historias: la tía Berla se está muriendo y necesitaba el dinero para comprarse una máquina para respirar; el tío Martin me pidió prestado el dinero para pagar el alquiler. Cada mes un cuento nuevo, hasta que su esposa dejó de creerle y se dispuso a cancelar el matrimonio.

Por último, Joe confesó la verdad: era un jugador compulsivo, un adicto arrastrado por el insaciable deseo de convertir sus monedas de cuarto en dólares mediante un golpe de muñeca. Sus ojos se llenaron de lágrimas de desesperación. Le suplicó a su esposa que no se fuera y le prometió que buscaría ayuda para curarse de su adicción.

Un vicio antiguo

La adicción al juego de azar es mucho más corriente de lo que la gente pueda pensar. Siendo un entretenimiento legal y fácil de obtener, cada día hay más gente que cae presa de su devastación, arruinando sus vidas.

El vicio del juego no es nuevo. Podemos encontrar relatos donde aparece hace cinco mil años, a comienzos de Kali-yuga. En los libros védicos de historia como el Srimad-Bhagavatamy el Mahabharata, leemos relatos de cómo el juego de azar arruina la veracidad. En uno de estos relatos, el Señor Balarama se encuentra jugando con el cuñado de Krishna, el príncipe Rukmi. Rukmi, como miembro de la orden real que era, debía ser ejemplo de buenas cualidades, incluida la veracidad. Rukmi y Balarama estaban jugándose cifras cada vez más altas de monedas de oro. Al principio era Balarama el que perdía, pero al final ganó una gran suma, recuperando sus pérdidas. Rukmi, incapaz de soportar la pérdida, mintió, afirmando que era él quien había ganado. Incluso cuando una voz procedente de los cielos declaró que el vencedor había sido Balarama, Rukmi rehusó aceptarlo. Aunque los guerreros y los gobernantes tenían permitido el participar en los juegos de azar, los insidiosos efectos del juego afectaron la conciencia de Rukmi. Rukmi abandonó la veracidad, una cualidad codiciada por sus contemporáneos, debido a su codicia tras el oro.

El ejemplar rey Yudhisthira perdió temporalmente su reino durante una apuesta.

En otro relato histórico ampliamente narrado en el Mahabharata, contemplamos la organización de un amplio enfrentamiento basado en el juego al azar entre el piadoso y ejemplar rey Yudhisthira y el malvado Sakuni. Yudhisthira, como rey que era, estaba obligado a aceptar cualquier desafío que otra persona de la orden real le hiciera. El juego fue organizado por su envidioso primo, el rey Duryodhona. Yudhisthira Maharaja perdió su reino temporalmente, gracias a las mentiras y engaños de los demás. El juego fue en realidad el catalizador que provocaría la guerra de Kurukshetra, donde murieron millones de guerreros. Estos hechos relativos al juego de azar florecerían en Kali-yuga, la época actual de enfrentamientos e hipocresías. A lo largo de las últimas décadas, la proliferación del juego ha continuado destruyendo la veracidad por todo el mundo. La gente ha dejado de confiar en sus gobernantes. Los amigos se mienten entre sí, como hacen los esposos, los estudiantes y los profesores. La santidad de la veracidad cada vez es más tenue en las relaciones.

Juego de azar sutil

Como ocurre con cualquier otro vicio, el juego tiene aspectos burdos y sutiles. Las apuestas en los casinos y los billetes de lotería son aspectos burdos del juego. Una forma sutil de jugar es la especulación mental, el intento de comprender la Verdad Absoluta por medio de nuestra propia experiencia: en otros términos, apostando. Antes de ser devota, traté de comprender la Verdad Absoluta mediante ese proceso equívoco. Llegué a la conclusión de que yo no era el cuerpo y de que el alma estaba esperando a liberarse de mi cuerpo. Aunque la afirmación fuera correcta, mi conclusión era que el suicidio liberaría al alma de la prisión del cuerpo. Si hubiera actuado según mis conclusiones especulativas, habría cometido un grave error que habría dificultado mi oportunidad de avanzar en la conciencia de Krishna en esta forma humana de vida.

Srila Prabhupada dice que las aventuras comerciales especulativas también son un tipo de juego de azar. Hay muchos devotos que se han esforzado por comprender este punto. Hace unos años, un amigo quiso persuadir a mi esposo de que «invirtiera» 12.000 dólares en una pirámide de dinero. A medida que aumentara el número de personas que aportaran dinero al sistema, iríamos escalando la pirámide de modo que, al llegar a la cima, obtendríamos 60.000 dólares. La tentadora oferta era muy arriesgada. Claramente se trataba de un juego de azar, y decidimos no participar.

Todo negocio tiene sus riesgos. La mayoría de nuevos negocios suelen fracasar a los dos años. Y sin embargo Prabhupada animó a los devotos a que crearan negocios para mantener los templos; él mismo tenia un negocio para mantener a su familia. Después de consultar con devotos mayores, he llegado a la conclusión de que cuando Prabhupada se refería a las aventuras comerciales especulativas quería decir esas inversiones de alto riesgo de las que se espera obtener grandes beneficios a cambio de una inversión relativamente pequeña.

Las actividades espirituales son la única inversión que producen resultados permanentes.

Por último, en su definición del juego de azar Prabhupada a veces incluía los cines, novelas mundanas, deportes frívolos: todo lo que haga perder tiempo. ¿Cómo nos hace perder tiempo el juego? El juego significa arriesgar algo, y perder tiempo significa arriesgar el tiempo: el bien más preciado. No es posible comprar ni un solo instante de tiempo, ni con todos los millones de dólares del mundo. Nuestro tiempo en la tierra es limitado y precioso. Invertimos nuestro tiempo en una actividad con la esperanza de obtener algunos beneficios. Naturalmente buscamos el placer. Pero los arreglos materiales no producen soluciones duraderas. La actividad espiritual es la única inversión que produce resultados permanentes.

Malas inversiones

El Srimad-Bhagavatamnos ofrece el relato de Hiranyakasipu, un poderoso rey que estaba en contra de la cultura espiritual. Hiranyakasipu empleaba su tiempo llevando a cabo toda clase de austeridades. Pasó cien años de pie apoyado en una sola pierna. A cambio esperaba lograr la inmortalidad. Recibió grandes opulencias que le hicieron pensar que era inmortal, pero al final murió a manos del Señor. Hiranyakasipu apostó a que si invertía cien años haciendo austeridades lograría la inmortalidad. Pero perdió la apuesta ante el Señor, que advino en Su encarnación mitad humano mitad león para arrebatar la vida a Hiranyakasipu.

Por otra parte, el hijo de Hiranyakasipu, Prahlada, invirtió su tiempo en la glorificación de Dios. Él enseñó a sus amigos la naturaleza valiosa del tiempo y los animó a que dejaran sus frívolos juegos y se unieran a él en la oración de los santos nombres del Señor. Prahlada no pedía nada a cambio. Estaba feliz de obrar para el placer del Señor. La inversión del tiempo de Prahlada le procuró la felicidad eterna en el amor puro de Dios.

El pequeño Prahlada compartiendo con sus amigos las glorias del Señor Supremo.

Puede que, en nuestros primeros pasos por la vida devocional, el llegar al elevado nivel de conciencia de Prahlada, sin perder el tiempo en ninguna actividad frívola ni perder nuestro tiempo, pueda parecernos imposible. Pero estas son las cotas de referencia de nuestro avance. A medida que avanzamos, seremos más conscientes del valor de nuestro tiempo y lo emplearemos de modo cuidadoso para progresar en la vida espiritual.

El progreso se produce de modo natural cuando nos ocupamos en las prácticas devocionales, pero como con las demás cosas, cuanto más conscientes seamos de nuestras prácticas, más rápidamente obtendremos nuestras metas. Cuanto más apliquemos la sencilla fórmula de aceptar todo lo favorable para la vida espiritual y rechacemos todo lo desfavorable, más rápidamente nos liberaremos de los deseos y actividades no deseados.

Aunque no tengo ningún deseo de jugar a las tragaperras ni de apostar en las carreras, sí me atraen las murmuraciones y me deslumbran las imágenes de las revistas del corazón que hay en los supermercados. Pero he hecho un largo camino en la conciencia de Krishna los últimos veinticuatro años, y sé que si continuo el proceso, en veinticuatro años más me habré liberado de estos aspectos más sutiles del juego de azar.

Srila Prabhupada nos dio las metas más elevadas y sublimes, y en ocasiones estas metas pueden intimidar a los principiantes. Nuestra posición puede ser similar a la de alguien que esté aprendiendo a tocar el piano y se siente desanimado al observar los ágiles dedos de los estudiantes más avanzados. Pero con la práctica, el principiante observará sus progresos. Lo que parece imposible al principio cada vez parecerá más al alcance.

Yo no me desanimaré, por consiguiente, al darme cuenta de que no he conquistado del todo mis inclinaciones hacia los juegos de azar. En vez de ello, me mostraré agradecida de los progresos hechos, y puedo orar para que la mujer de cabellos grises del centro comercial se libere de su adicción al juego y encuentre la verdadera fuente de su felicidad y plenitud: el servicio devocional al Señor. Y aunque Srila Prabhupada nos aconseja que no juguemos, gracias a su inspiración continuaré apostando mi vida al canto y la oración de Hare Krishna, esperando que el resultado del amor de Dios llegue en su día.

 

Back To Godhead © 2000

 

2 Replies to “Apostarse la vida”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *