Diario Transcendental

Hari-sauri Dasa

Hoy, mientras Prabhupada recibía su masaje de la mañana en la terraza, le pregunté sobre la posibilidad de continuar como su sirviente. Le expliqué que me había apegado mucho a servirlo personalmente y que no tenia una ocupación específica a la cual volver. Aunque Gopala Krishna quería que regresara a Calcuta para ayudar a administrar el templo, admití francamente que no tenía experiencia con este terreno en la India y que por eso no me sentía realmente capacitado.

Prabhupada pensó por un momento y, a continuación, preguntó cuál era mi nivel de educación, en especial si conocía algún idioma extranjero. Confesé no tener ningún talento para aprender idiomas extranjeros; de hecho, era la materia que peor se me daba en la escuela.

Tras escuchar mi respuesta, mandó a buscar a Harikesa.

—Entonces —preguntó a Harikesa—, Hari-sauri quiere continuar conmigo. ¿Qué opinas?

—Bueno, lo está haciendo muy bien. Creo que sería bueno que usted contara con un sirviente estable.

—¿Y Nitay?

Nitay está en Bombay, renovando su visa, y se supone que se reunirá allí con Prabhupada.

—Bien, Nitai se unió a nosotros en América. Pero cuando vinimos aquí, se quiso ir y desarrollar el gurukula. No hay garantía de que no se quiera ir de nuevo en unos meses más. Pero Hari-sauri puede quedarse como su sirviente permanente y usted no se verá importunado de nuevo con cambios.

—Está bien —Prabhupada asintió con la cabeza.

¡Estoy extático! ¡No puedo creer en mi buena fortuna! Hace tres o cuatro semanas, estaba limpiando los suelos del templo, y ahora voy a ser el sirviente personal permanente de Su Divina Gracia. Esto es únicamente debido a su misericordia, porque no poseo absolutamente ninguna cualificación. A diferencia de sus sirvientes anteriores, no sé cocinar, escribir a máquina, ni hacer nada útil. Y aún así, él me permite continuar como su sirviente, solo para purificarme. Aunque no tengo ningún talento particular para hacer ninguna de las tareas del sirviente, he tratado de hacer lo mejor posible cualquier servicio doméstico que Prabhupada me encargara. Tal parece que, debido a esta actitud de servicio, Srila Prabhupada está dispuesto a conservarme.

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Hari Sauri Dasa fue el asistente personal de Srila Prabhupada entre noviembre de 1975 hasta marzo de 1977. A través de su diario, ganamos una comprensión personal y detallada de A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada. En este primer volumen (Noviembre 1975 – Abril 1976), viajamos con Srila Prabhupada por la India y logramos una conexión especial con él. Aprendemos más sobre este hombre extraordinario y su capacidad para inspirar a las personas.

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