Asistiendo el nacimiento de pequeñas almas

Asistiendo el nacimiento de pequeñas almas

Madhava Smullen

Una devota joven experimenta alegría y realizaciones espirituales mientras se forma como partera.

Tulasi Harrison apenas tenía siete años (prácticamente seguía siendo un bebé) cuando decidió ser matrona y asistir el nacimiento de una nueva vida en este mundo. Tulasi creció en la comunidad del Bhaktivedanta Manor de ISKCON, en Inglaterra, y es la hija del sacerdote y predicador congregacional Kripamoya Dasa, y la profesora de gurukula Guru Carana Padma Dasi. Su hermano pequeño Mali fue lo suficientemente afortunado para que lo recibiera Ramadevi, una partera devota y amiga de su madre.

Cuando fue a conocer a su hermano recién nacido, Tulasi miró a Ramadevi con admiración. “Me pareció maravilloso que alguien que fuera devota y su amiga la atendiera en el parto”, dice Tulasi, que actualmente tiene veinticuatro años.

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Ramadevi y Tulasi sostienen a Mali, el nuevo miembro de la familia. A la derecha, la hermana mayor de ambos, Jahnavi.

Sintiéndose inspirada, Tulasi mantuvo esa idea a lo largo de los años. Consideró algunas profesiones relacionadas con el cuidado de las personas, como enfermera o profesora, pero cuando cumplió dieciocho años y fue a la universidad, todas las piezas encajaron para que eligiera formarse como matrona.

Después de elegir su objetivo (Licenciatura en enfermería en la London’s City University), Tulasi pasó tres años ajetreados, exigentes y enriquecedores en la universidad. Ella explica que en el Reino Unido la profesión de partera tiene mucho prestigio, y las profesionales están muy cualificadas y reciben una buena remuneración del gobierno. Aunque están capacitadas para asistir partos domiciliarios, las parteras del Reino Unido suelen trabajar en el hospital junto al doctor, y están presentes en todos los nacimientos para apoyar a las madres.

Para poder aprender estos conocimientos especializados, Tulasi pasó el 40% del tiempo en la universidad, aprendiendo la teoría y el conocimiento académico, y el otro 60% en el University College Hospital, en el centro de Londres, recibiendo formación práctica y experiencia.

Su horario agitado y los desplazamientos entre un lugar y el otro cada cierto tiempo, fueron un desafío para su compromiso con la conciencia de Krishna, pero Tulasi estaba determinada a realizar su mejor esfuerzo para lograr un equilibrio.

Compaginando el trabajo y la conciencia de Krishna

“Los días que me tocaba ir al hospital tenía que salir de casa a las 6:45 A.M., empezar a trabajar a las 8:00 A.M. y, dependiendo del horario de mi turno, quedarme hasta las 8:30 P.M., o incluso hasta más tarde”, dice Tulasi. “Algunas veces, cuando se hacía tan tarde que no era seguro volver a casa sola, me quedaba a dormir en el hospital”.

Tulasi cuenta con honestidad lo difícil que fue mantener el sadhana, sus prácticas espirituales.

“Cuando te tocan turnos de doce o catorce horas es difícil cantar japa, ni que decir tiene ir al programa matutino del templo”, dice. “A veces aprovechaba para descansar hasta el último minuto, porque estaba muy cansada. Y el hecho de que este tipo de trabajo sea estresante y emocionalmente desgastante, hace que sea aún más difícil”.

Aun así, Tulasi veía sus prácticas en la conciencia de Krishna como una fuente de fuerza, más que como una carga. Durante la caminata de veinte minutos entre la estación del tren y el hospital, aprovechaba para cantar sus rondas. Y en el hospital encontró una habitación tranquila para meditar, donde acudía a cantar durante su hora del almuerzo.

Para mantenerse alejada de las costumbres de la vida de estudiante, como beber alcohol e ir a los clubes nocturnos, Tulasi escogió vivir en casa con su familia en lugar de  residir en el campus, eligiendo una buena asociación y manteniéndose ocupada en actividades conscientes de Krishna durante el poco tiempo libre que tenía.

“Los sistemas de apoyo son muy importantes”, dice Tulasi. “En mi caso, mi hermana Jahnavi es una de mis mayores inspiraciones, y cuando estaba con ella me sentía a salvo. También me ayudó tener varios amigos devotos en la misma situación difícil. Me llevaba bien con mis compañeros de curso, pero el vínculo que tengo con mis amigos devotos es mucho más profundo, porque ellos entienden mucho más mi estilo de vida y mi fe”.

Los fines de semana, Tulasi hacía servicio en el templo, realizaba bhajanas con otros gurukulis, participaba en obras de teatro en los festivales, era voluntaria en el grupo de jóvenes Pandava Sena, e iba a clases de danza bharata-natyam. Cuando la semana empezaba de nuevo, se volvía a sumergir en los estudios.

“¡Creo que no dormía casi nada!”, comenta riéndose.

Comprendiendo que todo está en manos de Krishna

Mientras se formaba como partera, Tulasi atendió cuatro nacimientos más de los que cuarenta que se requieren, y participó de un modo u otro en cientos de partos: en la sala  de partos del University College Hospital, en la clínica de maternidad y en piscinas especiales para nacimientos en el agua.

“Empecé observando y ayudando a una partera con experiencia”, dice Tulasi. “Entonces ponía mis manos sobre las suyas mientras recibía a los bebés. Finalmente, cuando adquirí más experiencia, yo misma empecé a atender los partos y a rellenar todos los documentos necesarios”.

Según Tulasi, hay que tener estómago para este tipo de trabajo (algunos estudiantes nuevos suelen desmayarse en cuanto ven un poco de sangre), pero ella siempre prosperó en ese ambiente exigente. Crecer en una familia consciente de Krishna le ayudó a entender las cosas a un nivel más profundo que al resto, y el ambiente también era el adecuado para una experiencia espiritual.

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Crecer en una familia consciente de Krishna ayudó a Tulasi a entender las cosas a un nivel más profundo que al resto de sus compañeros.

Durante su formación, una de las mayores comprensiones de Tulasi fue que, a pesar de que ella hiciera su trabajo lo mejor posible y usara sus mejores habilidades médicas, en última instancia todo estaba en manos de Krishna, no en las suyas. De esa manera, cuando las cosas no iban bien, ella simplemente se rendía a Krishna y le oraba para que ayudara a la madre y al bebé, y a menudo solía dar buenos resultados.

“Una vez, la bebé tenía el cordón umbilical alrededor del cuello, y estaba tan apretado que su rostro estaba pálido. Esto era un mal indicio”, dice Tulasi, “y aunque sabía que era peligroso cortar el cordón antes de que la bebé terminara de salir porque podría quedarse atrapada dentro, al mismo tiempo también era la única manera de salvarla. Por lo tanto le oré a Krishna y tomé la difícil decisión de cortar el cordón. Gracias a la misericordia de Krishna, la bebé salió y la entregué lo más rápido posible a los doctores, así que se puso bien”.

Naturalmente, las cosas no siempre van bien. A veces ocurren abortos o los bebés nacen muertos. Pero cuando se producía una tragedia, Tulasi podía entender que se debía a la voluntad de Dios y de esa forma apoyar a la familia, así como quedarse tranquila de que no había nada que podría haber hecho para prevenirlo.

“Los ateos suelen decirme que no necesitan una religión, porque consideran que la gente la usa como una muleta para apoyarse”, dice Tulasi. “Y yo digo que sí, que es una muleta, ¿qué hay de malo en ello? Eso no quiere decir que los ateos sean fuertes y los creyentes seamos débiles. Significa que nosotros comprendemos que somos débiles, somos seres humanos con cuerpos materiales. Y cuando pasamos por momentos difíciles, necesitamos a Krishna para poder ser más fuertes”.

Tulasi se sintió profundamente conectada con los pacientes que también eran conscientes de Dios y con los que compartía el mismo entendimiento, mientras que algunas madres se dieron cuenta de que ella tenía algo especial.

“¡Vaya! Eres muy pacífica”, le solían decir. “Cada vez que vienes a mi habitación, me tranquilizo”. Algunas solicitaban específicamente que ella estuviera presente en el parto, alegando que “nos gusta su forma de ser”.

Tulasi se dio cuenta que formaba vínculos muy fuertes con las familias en un período de tiempo muy corto, porque les ayudaba a superar las dificultades de la experiencia del parto y les ofrecía apoyo emocional en toda clase de complicaciones y situaciones.

“Como partera, has de tener fortaleza ante los padres cuando éstos están asustados y preocupados”, dice. “Has de calmarlos para que se sientan cómodos contigo. Te vuelves su mejor amiga. Y una vez que ocurre el nacimiento, te quieren mucho. Y ese es el momento de decir adiós. Has de terminar la relación en ese exacto momento. A veces puede ser difícil”.

Un regalo para toda la vida

Pero antes de que las familias regresaran a su hogar, Tulasi aprovechaba algún momento en el que estaba a solas con el bebé recién nacido y le cantaba el mantraHare Krishna al oído. “No sabía qué tipo de vida iban a tener, sólo quería que escucharan el nombre de Krishna y lo pudieran recordar en el futuro”, dice. “Era un regalo que quería entregar a cada bebé antes de que emprendieran el camino de la vida”.

Tulasi también quería dar el regalo de la conciencia de Krishna a los pacientes adultos y el personal del hospital. Como era muy popular en el hospital debido a su naturaleza afectuosa, inteligente y feliz, lo cual ella atribuye a haber crecido en una familia consciente de Krishna, las personas le preguntaban por qué siempre estaba tan feliz, o de dónde era su nombre tan poco común. Cuando les decía que era Hare Krishna, generalmente las personas se sorprendían.

“Trabajar como partera es una oportunidad excelente para hablarle a las personas acerca de la conciencia de Krishna y aclarar algunos conceptos erróneos que pudieran tener”, dice. “De repente me encontré teniendo largas conversaciones sobre filosofía con las madres, otras parteras e incluso con los doctores, explicándoles qué es lo que me hace sentir tan feliz y serena”.

“Tu servicio es el más elevado”

En diciembre de 2010, después de terminar su formación profesional, Tulasi decidió tomarse un tiempo antes de buscar trabajo. En su lugar, eligió acudir al curso de Bhakti-sastri en el santo dhama de Mayapur, India, y estudiar los libros de Srila Prabhupada durante tres meses.

“Muchas de las personas que crecemos en una familia de devotos tenemos muy arraigada la filosofía, pero a menudo al nivel que la hemos aprendido como niños en el gurukula, y no continuamos estudiándola a medida que crecemos”, dice. “Al menos yo no lo hice”, añade con su honestidad característica. “Así que quise equilibrar mi formación como partera con un conocimiento más profundo de la conciencia de Krishna”.

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Según Jananivasa Dasa, el sacerdote principal de Mayapur, este es el servicio más elevado de todos, pues  permite tocar los pies de los dhama-vasis (residentes de los lugares sagrados) antes de que toquen el suelo.

Parece que Krishna correspondió a Tulasi dándole la oportunidad de conectar su carrera directamente con Él. Fue precisamente en el santo dhama donde asistió el primer nacimiento de un devoto. “Me enteré de que Ramadevi, la persona que me inspiró a convertirme en partera, estaba viviendo en Mayapur y ejerciendo allí su profesión”, dice. “Y tuve la oportunidad de ayudarla en un parto. Fue una experiencia maravillosa: fue el primer parto que asistía desde que me había formado, el primer nacimiento de un devoto que atendía, mi primera experiencia como partera en un lugar sagrado, y la primera vez que ayudaba a mi gran inspiración, Ramadevi”.

Para Tulasi, asistir aquel parto en una casa en Mayapur fue una experiencia completamente nueva. Nunca había atendido un nacimiento en una casa, y el hospital más cercano estaba a una hora y media de distancia. Había un auto disponible por si se presentaba alguna complicación y había que ir corriendo al hospital. Además, disponían de mucho menos instrumental médico que en los partos domiciliarios en Inglaterra. Y no había ningún médico para ayudarlas en caso de emergencia.

“Ramadevi y yo estábamos completamente solas, y me acuerdo que pensé, ‘Oh, mi Señor, cuanta responsabilidad. Si le llega a pasar algo a este bebé será culpa mía’”, dice Tulasi. “Tuvimos que crear nuestro propio plan de emergencia y simplemente confiar en Krishna”.

En Mayapur, todos tenían mucha más fe en el Señor que en Inglaterra, y esta fe los guio durante la labor.

“En un momento determinado de mucha dificultad, Ramadevi miró a las Deidades de Jagannatha de la familia”, dice Tulasi. “Entonces dijo: ‘Tenemos que orar al Señor Baladeva, el señor de la gravedad, para que nos ayude a sacar al bebé, tal como hizo con el río Yamuna cuando lo atrajo hacia Él’. Todos nos pusimos a orar, e inmediatamente las contracciones se volvieron más intensas y el bebé comenzó a salir. Fue increíble”.

En aquel momento, Tulasi se acordó de lo que Jananivasa Dasa, el sacerdote principal de ISKCON Mayapur, le dijo a Ramadevi: “Tú servicio es el más elevado, porque puedes tocar los pies de los dhama-vasis (residentes de los lugares sagrados) antes de que toquen el suelo”.

Mientras recordaba estas palabras, Tulasi colocó los pies del bebé en su cabeza y entonces lo entregó suavemente a los brazos de su madre.

Durante todo ese tiempo estaba sonando un kirtana de Srila Prabhupada de fondo, y todos los que se encontraban allí comenzaron a cantar los santos nombres de Krishna.

Ramadevi dijo: “No hay nada más especial que recibir a un bebé en este mundo con el sonido de un kirtana, con Prabhupada cantando y los devotos rodeando al niño”.

“Todos nos emocionamos”, recuerda Tulasi. “Fue un pensamiento maravilloso. Cuando un devoto nace se amplía nuestra gran familia mundial, es un momento muy especial. Y este nacimiento sin duda lo fue. ¡Fue una gran fiesta! Durante el parto, el padre estuvo cocinando un gran banquete de prasadam, y había muchos devotos reunidos para honrar al bebé recién llegado y darle sus bendiciones”.

El futuro

Después de pasar seis meses en Mayapur, Tulasi volvió a Inglaterra y empezó a buscar trabajo. Su estancia en Mayapur renovó su determinación en situar a Krishna en el centro de su vida.

“Para mí, aparte de cantar y acudir más al programa matutino del templo, esto significa tomar las medidas necesarias en mi trabajo para poder servir a los devotos y, de esa manera, aproximarme a Krishna”, dice. “Así que he solicitado un empleo en el Watford General, el hospital más cercano al Bhaktivedanta Manor. Allí fue donde nació mi hermano y donde continúan naciendo hijos de devotos”.

En el futuro, Tulasi espera poder regresar a India y ayudar a Ramadevi en la asistencia de partos en Mayapur y en los pueblos de los alrededores. Una vez allí, tal vez escriba un libro con Radha-Sundari Dasi sobre las madres Vaishnavas y sus experiencias de dar a luz y educar a sus hijos. También planea estudiar samskaras(rituales tradicionales védicos o Vaishnavas, que Radha-Sundari Dasi enseña), así como Ayurveda y otras escrituras védicas relacionadas con el embarazo y el nacimiento, para poder ofrecer un asesoramiento más espiritual, holístico y alternativo, en comparación con el moderno.

Por último, el objetivo a largo plazo de Tulasi es establecer su propia clínica. “Me gustaría que fuera un lugar donde los devotos pudieran venir y tener una experiencia más consciente de Krishna y sentirse totalmente cómodos”, dice. “Me encantaría que ocurriera pronto. Este servicio es muy dulce y gratificante”.

 

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