Sakhyam: Amistad espiritual

Dvarakadhisa Devi Dasi

Podemos obtener una forma de servicio a Dios más íntima, respondiendo a su indicación de amistad.

En el Srimad-Bhagavatam (7.5.23­24), el devoto Prahlada Maharaja, una gran autoridad espiritual, dice: «Escuchar y cantar los trascendentales y santos nombres, formas, cualidades, enseres y pasatiempos del Señor Vishnu [Krishna], recordarlos, servir a los pies de loto del Señor, ofrecer al Señor una adoración respetuosa, ofrecerle plegarias al Señor, ser Su sirviente, considerar al Señor como el mejor amigo y entregar todo al Señor (es decir, servirle en cuerpo, mente y palabras): estos nueve procesos se consideran servicio devocional puro. Aquel que dedica su vida al servicio de Krishna mediante estos nueve métodos debe considerarse la persona más sabia, pues ha alcanzado el conocimiento completo».

Continuamos nuestra serie de artículos dedicados a los nueve procesos de bhakti-yoga, o servicio devocional al Señor.

Dos hombres se sientan frente al televisor contemplando un partido de fútbol. El volumen está al máximo, mientras comen y beben y gritan hasta que se irritan la garganta. Pueden hacerlo durante horas y horas. Al terminar, se dan palmadas en la espalda mientras dicen: «¡Les hemos dado una buena paliza, amigo!»

En otra casa de la misma ciudad, dos mujeres están sentadas en la mesa de un restaurante. Hablan entre ellas con una intensidad que no permite la más mínima interrupción, ni la de un parpadeo: sus voces casi no se oyen mientras cabecean y las manos se mueven entre servilletas y tenedores. Hablan de sus vidas, permitiendo que los problemas se desgranen ante la simpatía de la atenta escucha hasta que cada carga es debidamente aseverada y reconocida. Al fin, se levantan y se abrazan, diciendo sin palabras: «¡No estas sola, amiga mía!»

Mientras tanto, dos niños en la esquina lanzan el balón contra la pared, despotricando de la idiotez de los maestros y otros adultos inservibles. El balón resuena contra las idénticas botas Nike, produciendo un ritmo sincopado que rivaliza con el de la música que sale de un radiocasete. Los chicos muestran apasionadamente su acuerdo sobre la injusticia de la vida, que les irrita los corazones y mentes como si de unas ataduras físicas se tratara. Tras un buen rato, se separan, despidiéndose con alguna frase típicamente juvenil del tipo: «¡Vive el momento, amigo!»

Tres clases de amistad. Intercambios estereotipados, entre dos personas, de una clase que todos podemos recordar. A medida que la influencia de los medios de información se introduce en la conciencia colectiva global, los rituales de amistad se parecen cada vez más a productos que vende Hallmark y Budweiser. Los amigos se reúnen en los bares. Corretean hombro con hombro por un parque. Quedan para comer en un restaurante de moda. Estas imágenes definen el modo en que han de comportarse los amigos. Por eso, cuando les diga que el octavo proceso del servicio devocional es sakhyam, o amistad con el Señor, es posible que piensen que hay mucha presunción en esta declaración. ¿Cómo es posible que el servicio devocional a Dios contenga algún elemento en común con una forma de relación tan despreocupada? ¿No es la amistad esa seguridad entre iguales? Hartos como estamos de los condicionantes de la amistad material, a duras penas podemos imaginar en ofrecer estas mismas mugrientas intimidades al Señor Supremo.

Distracciones placenteras

Sin embargo, pensemos por un instante en nuestra identidad espiritual, en vez de en nuestra imagen externa. Por naturaleza somos seres espirituales sensibles atrapados en una mente y cuerpo materiales. Por lo general, nos interesan aquellas cosas que satisfagan nuestras mentes y nuestros cuerpos, aunque sólo se trate de un momento. Desde la perspectiva espiritual, estos placeres —la euforia de ganar, la emoción de un cumplido— son triviales. Después de todo, ¿qué beneficio real logramos cuando alguien admira nuestro nuevo coche? Pero como nos encontramos tan atrapados creyendo que somos la mente y el cuerpo materiales, aceptamos los placeres transitorios como lo único que existe. En este ámbito se mueve la amistad material. Solidifica nuestros sentidos de pertenencia, aunque nadie de nosotros pertenezca en absoluto a este lugar. Valida emociones normales únicamente entre aquellos que han olvidado su identidad espiritual. Nos permite compartir experiencias temporales en un mundo temporal, experiencias que nos apartan de la inevitabilidad de la separación y la muerte.

En la amistad material, se comparten experiencias temporales que refuerzan nuestro sentido de pertenencia a este mundo.

Desde esta perspectiva, las amistades descritas son más placenteras cuando el alma no es consciente de tener una identidad distinta del cuerpo y mente materiales. Pero tan pronto como la identidad espiritual aumenta su conciencia de su otra naturaleza, los rituales fortuitos de la amistad material son cada vez menos apetecibles. La mayoría de las amistades materiales dependen de una cierta forma de adhesión del tipo «nosotros y ellos». Cuando empezamos a comprender que espiritualmente sólo poseemos una conexión temporal con el cuerpo, todas las denominaciones adscritas al mismo, como puede ser la edad, género, equipo favorito, incluso la afiliación religiosa, pierden su importancia previa. En un nivel espiritual, no hay «ellos»; todos somos entidades espirituales esforzándose por comprender nuestra condición. Lo mismo ocurre con la amistad material. Sin embargo, saber ver las cosas desde el plano espiritual y reconocer que estamos conectados a todas las entidades puede que nos haga sentir solitarios.

En el ámbito espiritual, ¿cómo he de relacionarme con los demás de manera significativa? Piensen en el objetivo de la amista material: aumentar los placeres del cuerpo y mente materiales. Pero la amistad espiritual tiende a aumentar el placer espiritual del alma. El alma es, por naturaleza, dichosa. Por eso no es necesario idear actividades para compartir, sino descubrir las actividades que vienen naturalmente al alma que carece de interferencias materiales. Esas actividades resultan familiares a los lectores, pues son los componentes del servicio devocional. Escuchar sobre las glorias del Señor, recitar esas glorias, orarle, servir a Sus objetivos: todas describen a la perfección en estas páginas y también en la Bhagavad-gita y el Srimad-Bhagavatam. La amistad espiritual se consolida cuando alguien puede llegar a través de nuestro disfraz hasta nuestro verdadero yo, el alma sedienta de servicio eterno al Señor Supremo. Sin embargo, ¿nos se supone que sakhyam es una ofrenda de amistad al Señor hecha de manera personal? Si se trata de un esfuerzo para consolidar una amistad espiritual con otra alma espiritual, sobrecargados como estamos entre las ataduras de nuestro cuerpo y mente materiales, ¿qué clase de amistad puede un alma desventurada ofrecerle a Dios?

Amigos eternos

Del mismo modo que el cuerpo que vemos y percibimos es temporal y desequilibrado, lo mismo ocurre con el mundo material. Pero existe otro mundo, compuesto exclusivamente de energía espiritual, donde todo es sensible y lleno de amor al Señor Krishna. Incluso las hojas de hierba tienen una relación apasionante con el Señor, que pasa Su tiempo cuidando de Sus vacas y jugando con Sus amigos. ¡Piensen en esa clase de amistad! Los amigos de Krishna Le persiguen jugando, dan masaje a Sus piernas cuando descansa, y Le arrojan dulces cuando pelean. Su amor por el Señor Krishna es tan completo que no son conscientes de Su divinidad y sólo saben lo mucho que aman a su maravilloso amigo.

Existe un mundo que no es temporal donde todos tienen una relación personal y apasionante con el Señor.

Srila Rupa Gosvami pone como ejemplo de devoto que logró la perfección por medio de la amistad a Arjuna. Krishna y Arjuna eran unos amigos tan íntimos que compartían el mismo lecho, tan familiares que Arjuna le pidió a Krishna que condujera su cuadriga durante la guerra, una petición que no haríamos al Señor Supremo. Y, aun así, cuando Arjuna se sumió en la confusión al enfrentarse a sus parientes en el campo de batalla, se giró a su amigo y conductor de cuadriga en busca de ayuda. Como Arjuna tenía tal relación con el Señor, el pedirle instrucción significó un cambio en la relación. Este fue el comienzo del Bhagavad-gita, donde Krishna le revela a Su amigo Arjuna Su magnífica forma universal. Horrorizado, Arjuna balbucea una disculpa. «En el pasado Te he llamado “Oh, Krishna”, “Oh, Yadava”, “Oh, amigo mío”, sin ser consciente de Tus glorias. Por favor, perdona lo que haya podido hacer ofuscado por la locura o por el amor» (Bg. 11.41). En el comentario a este verso Srila Prabhupada escribe:

Aunque Krishna manifiesta ante Arjuna Su forma universal, Arjuna recuerda su relación amistosa con Krishna y, por consiguiente, le pide perdón y solicita le excuse de todas las actividades informales fruto de la amistad. Admite que anteriormente no sabía que Krishna pudiera asumir esa forma universal, aunque Krishna se lo expuso como amigo íntimo. Arjuna no recordaba cuantas veces pudo haberle insultado dirigiéndose a Él como «Oh, amigo mío», «Oh, Krishna», «Oh, Yadava», etc., sin reconocer Su opulencia. Pero Krishna es tan bondadoso y misericordioso que a pesar de tales opulencias actuó como amigo de Arjuna. Así son las relaciones recíprocas entre el devoto y el Señor. La relación entre la entidad viviente y Krishna permanece fija eternamente; no puede olvidarse, como vemos en la conducta de Arjuna. Aunque Arjuna haya visto la opulencia de la forma universal, no es capaz de olvidar su amistosa relación con Krishna.

Como todos los demás procesos del servicio devocional, sakhyam es un medio de purificar el corazón y a la vez una actividad del alma pura. Las almas espirituales totalmente puras del mundo espiritual gozan de una amistad con Krishna pues no desean otra cosa. Nosotros todavía somos incapaces de obrar con esta plena conciencia espiritual, pero ello no significa que no podamos tener amistad con el Señor. Después de todo, ¿quién se queda contigo cuando se cierran los restaurantes, cuando la mente empieza a flaquear, cuando abandonamos este cuerpo en el momento de la muerte? Es el Señor, Krishna, quien está siempre con nosotros. ¡Eso es un amigo de verdad! Reconocer que el Señor ya ha dado el primer paso hacia nosotros, deja en nuestras manos el corresponder a Su amistad.

Srila Prabhupada habla acerca de sakhyam

Respecto a adorar al Señor como amigo, el Agastya-samhita dice que un devoto ocupado en hacer servicio devocional por medio de sravanam [escuchar] y kirtanam [rezar] a veces desea ver al Señor en persona, y es por eso por lo que vive en un templo. En otro lugar se dice: «Oh, mi Señor, Personalidad Suprema y amigo eterno, aunque Tú estás pleno de dicha y conocimiento, te has convertido en el amigo de los habitantes de Vrindavana. ¡Qué afortunados que son esos devotos!». En esta frase el término «amigo» se emplea específicamente para indicar amor intenso. Por consiguiente, la amistad es mejor que la servidumbre. En el nivel por encima de dasya-rasa [servidumbre], el devoto acepta a la Suprema Personalidad de Dios como amigo. Esto no es nada sorprendente, pues cuando un devoto es de corazón puro la opulencia de su adoración a la deidad disminuye a medida que se manifiesta su amor espontáneo a la Personalidad de Dios. Al respecto, Sridhara Svami menciona a Sridama Vipra, que expresaba sus sentimientos de obligación mientras pensaba: «Vida tras vida, he de estar conectado a Krishna sintiendo esta amistad».

(Srimad-Bhagavatam 7.5.24, Significado)

Pausa para orar

La entidad viviente atrapada en el ciclo del nacimiento y la muerte no sabe como librarse del cuerpo material, que le suministra tantas dificultades. Sin embargo, Tú, el Señor Supremo, desciendes a este mundo en varias formas personales, y al llevar a cabo Tus pasatiempos iluminas el camino del alma con la resplandeciente antorcha de Tu fama. Por consiguiente, me entrego a Ti.

(Sri Narada Muni al Señor Krishna. Srimad-Bhagavatam 10.70.39)

 

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